Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de julio de 2016

Los gozos, las dichas y sus sombras...



Cada cual, cada uno, porta remendado en algún recoveco de su añoranza uno por uno los deleites, los gozos, las dichas, las vivencias y recuerdos que de la vida ha ido heredando, ha ido saboreando o puramente ha ido anhelando para hacerlos verdad palpable e innegable en un no muy alejado día.
Aparecen de relance aquellos de los que al hacer memoria, nuestros sentidos se ensombrecen, los ojos desean cerrarse y los soniquetes que esbozamos al susurrarlos están salpicados de alegría y regocijo…
 Los hay tan hirientes que cuando paseamos por la magullada herida de su cuita, hasta nos hace daño el infecto veneno que revestían  sus entrañas.
Y los hay que traen hilvanados en su pulcra esencia el paladeo de una fresca realidad…
Sin duda otros se encaminan a extraviarse en la gloria de las ausencias y con una adecuada brazada de ellos uno consigue arrasar la muralla más invulnerable e inexpugnable… 

Y están los que se quedan a tu lado, y de qué manera, ya que son el paradigma de lo que todos precisamos presentir cuando menos en una ocasión en la vida, otra vez cada semana y una vez cada anochecida.
Van siempre con nosotros, percibimos su incomparable encanto desde el inicio de nuestra vida y son el regazo  más sublime cuando ya no brotan más lágrimas que enjugar y todo parece perdido.
 Y es que cuando te avecinas a Ella, te recreas en su gracia, y sigues el cauce que cada lágrima deja en su cara, descubres que el torrente de las duquelas y las ansiedades se amansan y tomas en consideración que ya nada malo puede acontecer.
La cercanía a Ella abriga el arte de acariciarte las entrañas de dentro a fuera y rozarte la piel desde lo más hondo de tus adentros…Es un pellizquito de gracia, de humanidad, de una transmisión de fe eterna…No importa la juventud, la mocedad, la plenitud, la infancia, la niñez…Lo agotado que regreses al hogar o los apremios que la manecilla del reloj siga acaparando en su jaula frágil y cristalina…La cercanía a la Madre es inmejorable en el devenir del tiempo, es exageradamente perfecta, es la certidumbre categórica de que solo Ella es depositaria de nuestra vida entera.

¿Habrá gloria y certeza más cierta que tener en la tierra a La que Dios creó como Madre perfecta?

viernes, 8 de mayo de 2015

Sintiendo la penitencia

Se había ido quedando solo, aun encontrándose envuelto por la más numerosa y cuantiosa de las compañías, paladeando la monacal penumbra, con los ojos impenetrables, secretos, sin que lo que había a en torno a él le desviase de su única encomienda. Segundo tras segundo toda su alma se ha ido abandonando a la austeridad del momento, a la disciplina que se respira, a la penitencia presentida, y su vida terrenal se ha ido sofocando a la vez que se prendía la llama de la cera que iluminará Su camino al Calvario. Apenas si mira la luz que usurpa la paz, el sosiego del atrio que precede a la sin par humilde y sagrada clausura, cuando esta abre sus puertas y Dios ya ha levantado recorriendo el pasillo antes de cera iluminado, con paso firme, lento y racheado.

Pedir perdón a los lectores por la calidad de la foto,
pero al subirla a blogger pierde toda la calidad.

Para algunos de nosotros esta es la Pasión, la vivencia, la auténtica penitencia, la que vivimos cada Martes Santo y que nos conforta, nos alienta a seguir, a ser un poco cirineos de su Pena aunque no podamos quitarle su cruz. No es fácil para el orgullo humano aceptar que, ante Él, somos tan poca cosa… Auténticos cristianos, sin gloriarse de ello, rezando bajo el antifaz con la esperanza de quien confía y espera revivir en la Pascua Florida, sin atisbo de incredulidad y sin otro misterio de teologías, no lo necesitamos.

lunes, 4 de mayo de 2015

La ciudad de las reales realidades...



En este efímero momento, huidizo y sutil hálito de viento que es el tiempo, ahora más que nunca, ansiaría que mi retórica pudiera echar anclas en los sentidos de los que solamente intuirán el negro sobre blanco de estos trazos sin pericia alguna. Desearía que mis palabras fondeasen en aquellos que no han logrado saborear ese aire pleno de  Amarguras tras un manto azul, cielo del perchel en la inigualable anochecida del viernes dolorida…en los que no las descubrirán en esta vida, porque lo eminente que contemplarán serán las puertas del Cielo y percibirán sus campanas como toque postrero. Ambicionaría se aferrasen a los que no distinguen por qué nos gusta tanto el arranque siempre valiente de un Misterio o de un palio bien “llevao” , o el escogido repertorio que la Soledad pasea por San Pedro con gracia y siempre a compás…querría que fondearan en aquellos que nunca oirán las bambalinas de la Esperanza, resonando contra las paredes vetustas, sabias de un pasaje, tan solo engalanadas con la luz de la candelería de Su paso, en ese lapso de la noche en que reaparecemos en tiempos pretéritos y meditamos viendo encaminarse hacia la gloria del Carmen a la hermandad de la Penas, a compás de los versos que deja en el aire el rachear del Señor sobre costales… y nos quedamos solos, pisando el suelo que un momento antes anduvieron Sus costaleros, siguiendo a Dios hasta su anhelada y pretendida casa, consumiendo el día que estuvimos esperando todo el año y se nos ha escapado de la memoria sin darnos cuenta…y hacer vibrar las almas de los que viven en un mundo de silencios, cuando una campana seca, destemplada y pausada de un muñidor que anuncia cortejo fúnebre de otra época, y lo que ya se nos escapa es la semana entera que sirve de excusa para el resto del año. Una Madre con Su Hijo en brazos, exánime por Amor, transita las calles agotadas del bullicio, un duelo en silencio por San Pedro y una ciudad por testigo…anhelaría hacer llegar mis palabras a los que no conocen cómo es el silencio de la espera de otra Plaza de Santiago, después del dilatado aguardo, cuando seis ciriales doblan la esquina de la antigua Casa Madre, confirmando que la más hermosa y autentica Estación de Penitencia esta a punto de dar la revirá madre de todas las revirás y plantarse frente al monumento que las hermanas nos ofrecen para rezar, meditar y creer en lo que es la Verdad.
Pretendo llegar a aquellos que desdeñan el crujido del leño del Crucificado de la Piedad, tan muerto que todo en torno a Él llama a la muerte, Calvario inmenso de negrura que cruza la ciudad entre Amor, Angustias o la cercana esperanza de la Resurrección…o el tintineo de las bellotas del Ave María, transida de dolor, el de los angelotes de plata de la Señora del Consuelo, que perfuman la trasera de su paso, loza fina en su andar por el pasaje, final del sueño de una cuadrilla con arte, el chasquear de los hachones del que fue juzgado y muerto de la peor de las maneras y en su hermandad le dieron la Muerte más Buena, los cánticos de las Hermanitas a la más Señorial y más Dolorosa de las Madres en su casa perchelera, el silencio de los borlones contra los varales de la más Dulce Virgen que engendró el Pan…última Cena del Señor, el de los rosarios en Sus manos meciéndose a compás, tan a compás como el sueño que dibuja un paso en azulado y marfil de un Domingo de Ramos que sólo existe en una calle, barrio de los Ángeles de un Dios Cautivo y de Salud salvado, el redoble particular de Santo Tomas, los solos de cornetas de Virgen del Prado y nuestra agrupación que marcan un sello de calidad, la voz noble, sin más, de las viejas dinastías de capataz, de Juan Carlos Naranjo mandando a su Virgen, de nombre Consuelo que embelesa en su andar, la de Fran Muñoz y sus hermanos, Pablo y Jesús llamando a su gente de canela y clavo gladiadores del Cautivo, para romper en su recogía delante de una Madre de piel canela y mantilla fina de encaje, la de los Abenza señorío y compas, cánones de antiguas cuadrillas asalariadas y caminar por derecho, Soledad y Penas al frente, pausado y alargando la “zanca”…pam…pam…pam…pam, nos cortan el aliento su caminar… Les chisteo a los que de ningún modo repararán en cómo se desbarata una marcha cuando la banda nos sobrepasa y nos  deja atrás, muy atrás, contraponiendo la disposición de los instrumentos, mientras se diluye la espera y permanecemos en la contemplación imponente de un manto, una corona y unos candelabros de cola que incendian los bordados y los doran.
Y como no, siempre me tengo que dirigir a los que todos los años iluminamos su Pasión, nuestra pasión a través de un cristal, estorbándonos en las mismas bocacalles, saludándonos en los mismos rincones, disfrutando en las mismas esquinas del arte, a la justa hora, viendo y viviendo las mismas cofradías que nos enamoran, a los que disfrutan de este universo portentoso de la mano del padre o de la madre, o a los que una vez al año ven pasar a su Dios cerca de su casa y bajan a su encuentro para disfrutarlo y rezarlo, como esa mujer de cabellos níveos, que Miguel retrata magistralmente, las abuelas son como la Virgen que nos cuidan y nos quieren, y además reparten ilusiones para todo un año y hacen que recobremos  la esperanza y el anhelo de una nueva primavera con la fe y la devoción transmitida a través del brillo de la mirada más limpia y transparente de toda la ciudad, la de su Cautivo de los Ángeles y la Salud de los suyos como primoroso estandarte…
Y…es ahora, a través de estas torpes palabras cuando quiero hacer llegar y que calen en sus sentires más hondos a todos aquellos a quienes esta vida necesitó colocar más escollos de los que ya de por sí encierra para todos, pero Dios les salvaguardó el gracejo de ser cofrades en esta nuestra ciudad, la ciudad de las duras y reales realidades…

jueves, 23 de abril de 2015

La esencia de nuestras creencias

Sabes…cuando contemplo a la Virgen en aquel diluvio de flores, creo más firmemente en la Resurrección…en que, los que se han ido, nunca lo hacen del todo, y sus almas están en cada fulgor de su palio, en cada suspiro que a su paso se escapa, en cada plegaria que hasta su dulce gesto vuela, en cada favor concedido…

sábado, 18 de abril de 2015

La semana siempre revivida...

Letra por letra, todo esto, estaba escrito ya desde hace algún que otro tiempo en las costuras de mis entretelas, pero no hallaba la ocasión para asomarme a los ventanales de los sueños y dar rienda suelta a mis más hondos e íntimos silencios. Quien lo redactó en mi alma y lo cincelo en mi corazón se fue volando, zarpó –como fervorosa y fiel devota carmelita-  presurosa para preparar esa espera que siempre parece infinita… Exhortada por esa consideración revestida de desvelo, que se torna en impaciencia y se revela en cálida explosión de luz, color, sabor, olor, fe, oración…que, a todos los que destilan y despiden su luz les invade cuando la primavera acompaña su presencia. Es la gloria de nuestra esperanza y esa remembranza de auténtico regusto a calles perfumadas, a iglesias de altares de cultos invadidas y enseñoreadas,  y ese siempre presente aroma a Dios fresco, recién implorado, inmaculado que… no tiene nombre. Auténtico sabor, que solo lo encuentro en el recuerdo y en los sueños que se repiten desde niño.  Y…es que Él y Su Madre lo son todo…son compositores de nuestros sueños, escritores de cuentos que nos adormecen y al abrigo de Su corazón, hombres y mujeres cofrades, cristianos de bien, nos sueñan y nos quieren siempre junto a Ellos…son pregoneros de la dura lucha del día a día de nuestras vidas, decidores de versos y oraciones aprendidas, que al recitarlas dejan en la boca sabor a sangre presentida y dolor en una pasión de siglos transmitida. Y es que en estas tradiciones y devociones heredadas se viste la hechura de postinería de bronce antiguo… Y es que son Ellos, los que poseen la gracia, esas soberanas maneras para subir a esos confines azules que no son más que la gloria que esperamos alcanzar desde esta lastimera tierra que huele demasiadas veces a podrida. 
Se nos fue volando la semana de los sueños y las vivencias, una nueva espera para que el cielo se vista de estrellas, para que el niño golpee el tambor a compás y con fuerza… para que tus ojos escondidos Madre, nos traspasen con su mirada, y rompan en lágrimas antes que entre un nuevo Viernes de dolor y muerte presentida, y temblores de cielo y tierra se aposenten por las esquinas.

lunes, 9 de marzo de 2015

Nuestra Semana Santa

Estamos en el gozo de las vísperas cuando esto escribo. En Cuaresma de vida cuando estas letras vean la Luz de la fe. Todo se une en el Señor y su bendita Madre, la razón de ser de la Semana Santa: el sacrificio por amor de Dios mismo, que Ciudad Real y sus cofrades glosan en la gracia de su cuaresma y en el amor a su Semana Mayor.
Porque…podría contaros que la Semana Santa de nuestra ciudad es ese frío que recorre el cuerpo cuando la luna pinta desalientos sobre los callejones de un barrio perchelero…podría deciros que la Semana Santa de nuestra ciudad es ese silencio de un viernes que derrama Sus Dolores al calor de la luz grácil, palpitante, de unas velas que empapadas de devoción lloran al compás de una oración musitada desde el zaguán del cielo mismo de nuestra ciudad…podría confesaros que la Semana Santa de nuestra ciudad es ese pellizco que acaricia el alma cuando te giras y ves que un palio, encendido de Dolor, viene “mu a poquito a poco” marcando las huellas de tu camino.
Pero la Semana Santa de Ciudad Real, para todos los que pasáis por aquí, es mucho más que todo eso…
Es…el requiebro de un varal al sentir el susurro de la piedra de Santiago y su puerta ojival, añorando viejos tiempos, salidas de una casa de verdad. Es…un sueño de Amor dormido entre hojas de naranjos y azahar, que de nuevo y con andar decidido romperá el silencio del frío rodar. Es… Piedad que muere al compás de un silente y sobrio rachear, rancias filas de negro tafetán sabor a cofradía, olor a viga vieja, entumecida, añejas cancelas de Catedral. Es… la luz derretida que se vierte en los platillos de tu candelería al pasar por el convento, y tu gente te aclama como Reina sin pecado “concebía”. Es… el anhelo de tu mirada escondida, bella perla de Santiago, primorosa consentida, bajo un cielo azul que refleja los dorados del día, rebosante de pureza, Dolorosa, Virgen María. Y… es Reina por la Merced, “malhería” al Coronar a su Dios entre burlas e ironía. Y…es Esperanza de un barrio que navega buscando sus ojos, como faro que a buen y seguro puerto les lleva y en la negra oscuridad les guía. Y…es la Pena que arrastra mi Dios cada Martes por el Carmen, silencio roto por el crujir de la madera, por el compás de una gente buena, ahí viene el Señor paseando su triste Pena. Esta es la Semana Santa que vivimos, la que quedara para las estampas, con la que un día nos harán soñar nuestros hijos y pellizcara lo más hondo de nuestra cansada alma… Esta es nuestra Semana Santa, lejos, muy lejos Miguel, de los reflejos de neón que a Dios y su bendita Madre, nuestra Madre, les asusta y espanta.

lunes, 2 de marzo de 2015

Silencio...silencio...

Con el preludio de estos decires acariciaría sentir el silencio, ese que se percibe en estos lugares, con los cirios encendidos, ya impuestos los antifaces, las cruces sobre los hombros, aprestados los estandartes, dominantes los guiones, ardiendo ya los ciriales, en tensión los costaleros, y atentos los capataces. Silencio que es oración que llevamos a la calle cuando, por la collación del Carmen, en el convento, esa angosta puerta se abre.
Ese silencio sagrado que se oye en estos lugares, estando ya preparados antes de salir el martes a pregonar silencio y oración por las calles. Silencio de Martes Santo, silencio de largo capirote enlutado apuntando al cielo. Silencio de Penas que anda por las calles…arrastrando el madero. Ese silencio me ayuda a ver lo que yo más quiero.
En ese silencio la veo en la plenitud del Cielo: que no necesita altares que dispongan de algún hueco porque esa santa ya ocupa una hornacina en mi pecho. Silencio de una hermandad que cargada de Penas anda, enseñando a una ciudad la verdad, el sentido puro de orar en la calle, sin ornamentos... silencio de su recuerdo.

Silencio de Martes Santo. Silencio,… silencio,… silencio.

sábado, 21 de febrero de 2015

Eterna presencia...

Una foto es ese instante único, irrepetible, congelado en el tiempo... Una décima de segundo engarzada en nuestra retina para disfrutarla toda la eternidad. En nuestra Semana de los sueños  hay estampas que pertenecen ya a la heredad común. Imágenes que por singulares, por difundidas y por lo que en sí mismas evocan o representan podrían componer la mejor colección para la sala de los recuerdos de nuestro particular museo de la memoria cofrade. Hoy escojo esta de mi colección, de la galería de las lágrimas. Porque será difícil que algunos de los que la vean no mojen sus ojos al contemplar que se encuentra incompleta. La presento huérfana, con la ausencia de alguien que hace ya dos cuaresmas cumple sus sueños cerca de Ellos. Aunque David no aparezca en ella para muchos siempre estará ahí con su fuerza, un poco más cerca cada cuaresma, regalándonos fragmentos de una vida corta pero plena, de unos sueños que pronto, muy pronto también serán parte de su historia.

viernes, 30 de enero de 2015

En los adentros del rancio convento Carmelita...

…de un momento a otro va a producirse un increíble salto en el tiempo. Con otros personajes, con otras imágenes, entre otras paredes quizás, pero con idéntico clima emocional, y en un gesto poderoso y silente, saldrá del sacro convento camino de una misteriosa pasión de la ciudad. Sera, manto rojo y resplandores, la primavera mágica. Y no hay nada comparable cuando estalla ese cielo de la ciudad hecho cofradía un Martes Santo, que nos devuelve a lo que es una estación de penitencia con sentido y de verdad.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Cuando Dios llega

Una escala de sueños sostenida por la ternura del aliento de Dios. Tu mano, Cristo, nube desnuda que parece llevarse todo el sol que nos une, y, sin rozarlo, hacerlo llover después sobre estos corazones dolidos que van por los senderos, deslumbrados de Ti, para caer en ese hueco tuyo que edifica la noche de los cielos. Un brillo oscuro en que el común origen pone cerco y designio a nuestras vidas.
Tú eres aquí meridiana faz de Pena…humilde y alta cual ninguna… Sobran, pues, las palabras. Mirarte solamente. Miradlo fijamente, interioricemos el silencio de sus pisadas… a solas con mi Dios nocturno…en el tranquilo reino, en el fondo del alma. Silencio puro. Mi Señor camina hacia su muerte…
Una calle de lirios para las calles de su Real Villa… Silencio puro, íntimo, sincero. Silencio para reconciliarnos con nosotros mismos. Solo Dios puede, de la materia, hacer brotar el espíritu. Creamos eternidad en cada una de nuestras imágenes. Este es el poder maravilloso que Dios concede a nuestra ciudad. Y está en nuestras manos. Ciudad Real transformando nuestro pobre tronco humano en imagen de lo divino. Vuela entonces el ala de un Ángel sobre la niebla de nuestra mediocridad. Nuestro corazón tiembla de sobresalto. Un hombre que aún es joven se va muriendo arrastrando una cruz por nuestras calles. Martes Santo. ¡Cuánta Pena en su rostro! Simón de Cirene le acompaña.
Y llueven sangre nuestros cirios oscuros de amigos con capirote enlutado, Semana Santa de la ciudad arrepentida, lágrimas de temor por la ciudad alegre y confiada que cierra el puño vergonzante y tapa sus oídos al clamor de los pobres.
Perdónanos Señor de las Penas, imagen de nuestro corazón, que cuando estas en la calle, cuando apareces ante este pueblo mío, al que amo y Tú amas, uno comprende y siente el gozo mismo de la eternidad. Porque Tú has querido que sea aquí, en esta ciudad, al amparo de esta cofradía, donde cada uno de nosotros haga el milagro de crear tu rostro divino a imagen y semejanza de la gloria que soñamos.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Ampáranos...

Amparados por la quietud del momento, envueltos por el sigilo del lugar… nos abandonamos a la atmósfera del instante, al hálito del suspiro, a la fragancia que todavía atesora la vida que puede presentirse si te miras en el brillo de sus ojos, en las marcas de las sogas en sus latidos, en las ya vislumbradas heridas donde los plegarias anhelan el momento de ser escuchadas.
Atesorar la paz de ese soplo en el tiempo… para cruzar de puntillas por el quicio del cielo y descubrir el refugio soñado en los pliegues de su túnica rasa. Silencio, quietud, es lo que la mayoría de nosotros convendría  que hiciéramos las más de las veces sin permitir que la recriminación pida la vez a la saña y al odio.

jueves, 30 de octubre de 2014

En la intimidad...

De un tiempo a este parte, ando inquieto por mis sentires. Son incontables las preguntas sobre el sentido de mis más entrañables devociones, y pocas las respuestas, tan pocas que no ceso de meditar, tan baladíes que no me dejan sosegar mis latidos. A estas horas, hoy por hoy, he esbozado en mis adentros y de mil maneras distintas esa imagen que serene mi ferviente sentir, y al presente lo único que me alivia es vagar por la ciudad al desplomarse el sol y anhelar como nuevo amanecer y faro el brillo de sus inundados fanales de lágrimas, al aliento de una pausada y aromada de su belleza, ráfaga de aire.
De esta guisa a Ella confío mis huellas y mis sendas mustias al amparo de un ocaso de pátinas amarillentas, con el convencimiento de que se ha tornado en el puntal de salvación al que amarro la soga de mis piedades desde hace algunos años ya, tantos como gotas de manantial resbalan por su afligida cara, teniendo siempre presente que me puede guiar donde Ella desee, estipule o disponga,  y, últimamente siempre me detiene, aunque solo sea un instante, ante su casa, su estancia repleta de ángeles. Una vez allí, voy al encuentro de la quietud de su augusta presencia, ante la cual solo se susurrar una humilde y callada plegaria, rozo sus dedos para percibir el calor de su sagrada piel, aferro con ansia el rumor de sus decires para continuar percibiendo su tristeza de lejos… Y al marcharme de aquel retazo de cielo, me echo al hombro el hatillo de mis más hondas devociones repleto de calma y tranquilidad, y hasta las importunas tribulaciones se alivian ante su imagen, rodeada siempre de un halo visible de querubines que guardan con amoroso celo nuestra fuente inagotable de Salud.
Sin duda no hay como estos momentos íntimos, solos Ella y yo, tú y Ella, para poder sentir su fuerza, su grandeza en toda su plenitud, y me sirve para darme cuenta de que está omnipresente en mi boca, y en mi boca es donde Ella continúa haciéndose presente. Es un modo personal, íntimo de buscarla, de requerir su auxilio, de tender mi mano para que pueda asirme a la ternura maternal de su brazo. ¿O es que alguno de nosotros no hemos rezado ante la belleza sagrada de una imagen, o no hemos puesto en manos de un perfil de la Madre de Dios cincelada en una medalla todas nuestros pesares y amargas duquelas? ¿Cuántos de los que aquí estamos no rogamos a cualquier conocido, amigo, vecino, que si transita, aunque solo sea próximo a donde este Ella pida por nosotros?… y es que muchas veces los ánimos nos abandonan para seguir teniendo algo de fe, de convicción, de esperanza. ¿Cuántos de nosotros no precisamos vislumbrar para creer, exigimos palpar para conmovernos, necesitamos percibir para entender?
Creo firmemente y sé que el auténtico Dios está en el centro de lo más íntimo de nuestras iglesias, resplandeciendo en el Sagrario y no en un grabado sobrepuesto en la cerámica que aguanta humedad en invierno y se ensancha al retornar el verano. Muchos desearán y me insinuarán que vaya a descubrir a Dios donde justamente ellos lo desconocen. Numerosos serán los que callen cuando les escriba que no preciso tenerlo delante para que se haga presencia viva en mí,… y es que profeso la fe en ese Dios que constantemente y cada vez que he ido a buscarlo me ha despejado y abierto de par en par los postigos de sus oídos sin ostentar una sola traba, sin clausurar ninguna puerta, sin fijarme ningún horario. Tal y como en tiempos difíciles me confiaba al crucifijo sin rostro que dormía sobre un cabecero de alcoba, oratorio íntimo, hogareño, de ya lejanos y añorados tiempos; como cuando no se encuentra el norte y bajo su mirada de Salud cautiva hacia la luz de la salvación te guía; o como cada noche hago cuando beso su estampa, Señora de la Salud, suplicando salud para los míos… Orar celadamente, ¿tú no lo has practicado tan solo una vez? Te sugiero que cada día musites oraciones con Ella, en la intimidad de la soledad.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Momentos




Y en aquel momento, en lo más íntimo del sentimiento, celado y pulcro, recién salido del encuentro con los sentires de nuestras devociones únicas, llegamos a la conclusión de que preferimos, muchas veces, los momentos hondos, penetrantes, como vivencia más sosegada, placentera y pausada de todas nuestras cosas. Momentos son... esa mañana fresquita y refulgente, radiante, azul aun de invierno, que adivina como a lo lejos se aproxima la cruz con manguilla que precede a una imagen de María en rosario de dormidos albores. Son los días del preludio de la primavera. Momentos son, el memorial de intimidades susurradas en el encuentro del Domingo de Pasión, Ramos adelantados en las manos de una Madre de Misericordia plena y en los pies benditos de su Hijo Nazareno. Tarde de jardines verbales, de presentido y esperado Pregón, del nervio y la caricia, del pellizco y el aldabonazo. Momentos de, túnica colgada ya fuera del altillo, olor a esparto por las habitaciones, o el del encuentro con el amigo que trae su capirote nuevo ya forrado con el antifaz. Momentos… que se adelantan en el tiempo en la medida que uno sienta necesidad de vivir, palpar el futuro como algo actual, cuando aquel "todavía no" toma presencia de categoría vital que casi sustituye al "ya sí", con la diferencia de que no se te escapa.Todas estas disquisiciones se me ocurren en el propio momento. Pero que verdad es que nada hay como el momento real y verdadero. Nada como el momento mismo del encuentro, de la vivencia. Un instante que vale bien su brevedad: la saeta sorda de cualquier mirada perdida entre varales; el balanceo de un simpecado; la rotunda palabra de un friso de lirios; la voz seca y recia del capataz; la alargada sombra de una Cruz de Guía; la mirada de un nazareno; el ímpetu formidable de una levantá; del cansancio del penitente que llora la brevedad de su encuentro con Dios. Un intemporal viaje a la Gloria de los ojos de la Madre, en cualquier esquina, en cualquier momento, con el sonido de fondo de una marcha que suena celeste; de la sombra de Jesús Nazareno abrazando mi propia sombra, en el encuentro tan anhelado en un trecho embaldosado de su camino de la Cruz, por la Vía Dolorosa hacia el Gólgota ciudadrealeño.

 Porque hay un encuentro con Dios todo el año y como no, en Semana Santa. Un encuentro único, exclusivo, personal como el Amor de Dios a cada uno. Y este encuentro sí que no tiene víspera, ni momento, ni final, puede vivirse permanentemente, desde que descubrimos cada cual que el  Señor nos llama, nos está esperando, y aguarda nuestra respuesta.

jueves, 28 de agosto de 2014

Sigo oyendo su voz


Desde que se inauguró esta semana y el azul de su mirada se retuvo en mis pupilas, exageradamente dilatadas e inundadas de unas lágrimas rancias de aguantarlas para no perder un pellizco de su belleza sublime de mujer manchega guapa, no puedo dejar de recordar a una de sus más grandes y fieles devotas, que empezó a inculcarme sus más profundas piedades y sus más íntimas convicciones ya cuando dentro de su vientre percibía el sonido de las cuentas de un rosario deslizándose entre sus gastadas manos, y un silencioso rezo frente a la que desde su camarín nos cuida y protege retumbaba hacia sus adentros.
Aquella mujer, madre de una numerosa familia y a la que el Señor llamo a su presencia demasiado temprano, me infundio entre otras muchas cosas, a vivir el cristianismo y a vivir la Semana Santa, las glorias, las tradiciones, las devociones de nuestra ciudad. Digo a vivir, sí. No a ver, ¡a vivir! Como me inspiro a vivir la Cuaresma, y el Adviento y la Navidad. Me grabo a fuego, que a Dios no se le ve: a Dios se le vive. Se le vive en cosas tan simples como puede ser montar con esmero el Belén el día de la Inmaculada, en cosas tan simples como agradecerle la comida diaria. Me contagio a vivir el amor a la Virgen: “Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea..." Y su personal modificación de la Salve: “…a Ti suspiramos gimiendo llorando Y RIENDO en este valle de lágrimas y de ALEGRÍA…”
A vivir la Semana Santa. A entender la catequesis de cada imagen, de cada olor, de cada sonido. 
Aprendí a oír el silencio en la calle Estación Vía Crucis, uno de sus rincones favoritos, al paso del Señor de la Buena Muerte y su Madre del Mayor Dolor. Ante ese paso del Cristo del Silencio, pongo y escucho ahora de boca de mi madre las palabras que San Agustín le presta: “La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado”. 
Te siento junto a mí y reconozco tu voz en cada oración que su belleza me inspira.

jueves, 14 de agosto de 2014

Una ciudad, una Madre, una sola fe.

Grano a grano se fue aclarando la mañana. Su eterna presencia y la cercanía presentida, se paseaban con el aire fresco, particular, único de esta ciudad cuando tercia el mes de agosto. Un agosto celeste y  lleno de luz, despabilándose casi en las mecedoras del aire, que trasnochan en las puertas de las casas de nuestros barrios. Una ciudad plena de  esperanza, esperanza en toda la extensión de la palabra. Llena toda ella de una mirada añil, intensa, maternal y alegre como seguidilla manchega, dejando claro con su letra: “la Patrona del Prado es Capitana de las siete banderas del Rey de España”,  que bien descrita su realeza. Su bocanada de fe, y la esperanza que siempre sigue viva en Ella.  Por eso es diferente y distinta en todo, en su cara morena, en la finura del tierno abrazo de sus maternales manos, en su amor, en su dulzura, en su niño, que eterniza esa infantil sonrisa recordando los bailes al pie del ventanal de su cobijo, y en el trasiego que alcanza a suscitar con su cercana estampa en el transcurrir de los gozosos días sobre la filigrana de su paso de plata. Y nos mantiene en la esperanza. Y surge la oración que se transforma en cántico. Su himno, de estilo sabio y alentador se hace cómplice con la exquisita y natural candidez de su hermosura. Y ahí, quedaran esas estrofas cantadas con el fervor de sus vecinos, para gusto y regusto,  que se duermen en los brazos de tu eterno silencio. Sueños de devotos, con tus miradas de Madre bondadosa.
 Y esa mañana, fue dando tranco al día, las horas pasaban dejándose caer en los brazos de una tarde, que de azul se teñía, para parir una  inmensa noche con frescura que adormece los sentidos. La anochecida aparentaba abrigar más estrellas si cabe con su gloriosa presencia. Fue por los antiguos jardines de su casa prioral remozada, una Catedral, no cabe menos para nuestra vecina más venerada, más bienaventurada. Esa noche, la primera de cada año que nos damos la mano en un cariñoso y ferviente envite sobre tu paso, para luego fundirnos en una Salve de cariño, respeto y admiración sin medida. Figura de Reina sin igual, estirpe palpitante más que nunca de una fe que en tu pueblo rebosa. Majestuosa en todo, de pura, de lozana, de guapa y de hermosura serena, sumisa aceptando la voluntad del Creador. Ante Ti se embelesa toda poesía, a Ti que te han cantado tantos poetas… “y  se ahoga el trigo en el campo,  porque no lo llevan a ver tu cara morena en el Prado “. Y  te canta el atardecer, y te canta el pajarillo, recordándonos tu sublime realeza, te canta también la  estrella, y la rosa, que fue por Ti a la orilla de la fuente y su pétalos mojo para estar aún más bella y fresca, y de su tallo se separó dulcemente para sucumbir en tu sublime presencia...Eres Tú el cielo azul, donde duermen los blancos luceros, donde vuela el verde mar de mis desvelos. Y es que Señora contemplando tu imagen fina como una acuarela, tu manto abierto como un abanico, sonora te haces como el viento entre las pámpanas de nuestras cepas y que abraza las ramas de nuestros olivos en los campos de tu tierra, Capitana de nuestra nave se hace cuando le cantan: “Santa María del Prado Reina de Ciudad Real”. Y es que Ella hasta levanta el mundo, da sentido a nuestras vidas y nos descifra los misterios de la fe aventajando a cualquier catedrático. Nuestra Madre del Prado, donde se miran el aire fugitivo y las altas estrellas. Estrella sin noche, sin cielo, sólo sus dulces brazos, para tu cuerpo tierno.

 Me gusta hablarte así Madre, empobreciendo el bello oficio de los poetas, eso me puede y puede conmigo. El respeto me lo das Tú. A esta hora, me gustaría seguir cantándote, pero… ya te despides de mí. ¡Qué día, Señor! Nuestra Virgen del Prado paseándose con sus mejores ajuares y su Niño de la mano por la blanca y llana ciudad de reyes, de cales  y  geranios. Hay tanta hondura y verdad en la fe sencilla de sus paisanos como en el agua de noria, clara y fresca que riega nuestras huertas,  donde se miran el aire fugitivo y las altas estrellas… y es ya cuando se mezcla la sal con el agua, y la luna se viste piel morena, y va cayendo la noche,  mientras yo medito, y canta el pajarillo, pajarillo canta, no dejes tu oración,  presa en tu garganta. Luego, Madre  te soñaría, sobre una charca de lluvia colmada de estrellas, repleta de sueños azules como tu mirada al viento, como tus ojos de cielo, y una luna...una luna nueva de agosto que al compás de campanitas se va meciendo.

martes, 22 de julio de 2014

¿Que es para ti la Esperanza?

Quizás te haga mas falta que nunca y por eso la sientes con ahínco... Quizás Ella lo sepa, -no, quizás no, seguro que lo sabe-, y por eso nos envuelve sobremanera diciéndonos: "aquí estoy para lo que tu quieras", y yo también Madre... Echando al viento la quintaesencia de nuestras devociones como si fuera el bendito pañuelo que sujeta en sus manos, la vida se nos pasa tan precipitadamente como gotas de rocío que rebosan su candorosa mirada en busca de su destino final, mientras jugueteamos con laminas gastadas de tanta nostalgia en sepia a montar un altar de recuerdos. He detenido mi recorrido sentimental en el templo de mis más rancios y venerados fervores, que es el trastero de mi pensamiento, y ahora, no sé resurgir de la sombra de los gemidos y lamentos. No me habitúo a dejar de oír los golpes de tu rosario al andar, con ellos grabaste los procesos de mi fe. Ya no hiede al gélido de tu templo. Ni oigo el rezo de tu gente, lleno de Esperanza mientras hermosean tu  celestial presencia. Ni mi paso retumba tan íntimo. Cuando me descubro ante el espejo de tu Cara, sólo puedo vislumbrar mi confesión, mi propósito de enmienda y mi penitencia… Son las cosas de la Virgen...y, a que ocultarlo mi Esperanza, que eres Tú.

miércoles, 9 de julio de 2014

Ese COFRADE...

...cofrade que desde el ventanal de su casa casi se aventura a tocar la espadaña de la capilla de sus amores y que frente a su puerta embocaba la callejuela que le conducía cada mañana a un Prado realidad de marianas apariciones. Cofrade que habla  de un convento por las Terreras como si de su propia casa se tratara y que le duele porque lo están dejando que caiga en el olvido y abandono de los rezos y las rancias devociones. Cofrade que sabe colarse en San Pedro la madrugada del miércoles de silencio, atravesando multitudes, para presenciar “desde dentro” la salida de una cofradía que rompe el bullicio  con el racheo de cadenas y cruces, penitencia que perdura en el tiempo. Cofrade que comprende la altivez de ese rostro entero del Jesús Cautivo en su Prendimiento y la silente punzada que produce el Nazareno hacia la madrugada en su transcurrir por el convento, y el interminable rosario de cipreses nazarenos del Señor de las Penas entrando en el Carmen a compás de sonidos de otros tiempos, noche única y día único el del Jueves Santo, cuando los hermanos de la Dolorosa, en el oleaje humano de su plaza, de su barrio, de su gente que continúan resistiendo el Dolor que sobre un palio de estrellas y plata mecen con suave y amoroso vaivén los pies de esos hijos que todo cofrade quisiéramos ser.

sábado, 17 de mayo de 2014

Nazareno de la Penas...

Una calle y dos aceras. La noche derrama su palio bajo una negrura incierta. Una silueta firme, rebosante de evocaciones y vivencias recién consumadas va caminando sola. Solitaria y penitente, transitando por el margen de una calle plena, hace nada, por la Pena de su Dios. Segura, arrogante, paso serio y cosa seria, pero para nada descompuesta, que para descomponer sus hechuras  hacen falta ignominiosas burlas, y de eso, sabe ya demasiado, que por los años que cumple, ya ni le queda madre ni siquiera abuela.  Qué más  da  lo que piensen algunos. Qué más da,  si la moda de hoy, se aleja de estos gestos, de esta manera de sentir y vivir la fe. Siempre quedará alguien qué  la viva así, que la arrope, que la acune y que la quiera.
Que los tiempos pasan, que pasen. Que la moda viene y va, y, cuando vuelve, llega con más fuerza. Pero el nazareno sigue caminando, y ni el mismo aire lo retiene. Con paso firme, con fe y sin tristeza. No pretende, ni quiere caer, solo levantarse y proclamar que la Pena de Dios es una realidad y que en pocos días una Pascua vivificadora dará sentido a esa penitencia que entre dos aceras hace unas horas y alumbrando su camino él ha revivido.
 Si lo señalan, que lo señalen, qué más  le da, otra pena  más para su Pena, que ese día llegará, para rendirse a sus plantas, quererlo y servirlo como  Rey de la humanidad. El bien lo sabe y ese bien  hasta lo consuela. Y por todo eso, se viste purpúreo el cuerpo, de azabache  la testa y se ciñe de esparto con correas nuevas. Tiempo al tiempo, y sigue caminando con figura de silencio. Calle arriba, paso a paso sin molestias ni ningún esfuerzo. No hay traspié que lo detenga, se recorta su figura con cortinas de incienso y canela. Se siente majestuoso, sin trémulos pensamientos que llegan.
Y sigue caminando, que nada ni nadie lo detenga. Paso firme, figura inhiesta. Tiene  que  cumplir su penitencia, y en eso es lo que piensa. No va descalzo, no. Ni recorrerá otros caminos que no lo entiendan. Porque la disciplina es él mismo, es linaje y es bandera.
Y siguió caminando, meditando una y otra vez sus pensamientos, llegó. Llegó al final de su estación, de su cita con Dios y con su Pena y rezó, rezo todo lo que quiso pretendiendo aliviar el peso de una cruz que al Calvario lo lleva.
Y se llenó de escalofríos, para fundirse en la madrugada y en la plazuela del suspiro. Luego se escuchó otra voz que salió de entre el olvido. Sonaron cantos quedos  cortando  el silencio como aleteos silenciosos de angelitos, la noche se columpió  en el aire con aroma de lirios, vainilla, canela y el de las flores de una clausura perfumada de  jacinto.
Ha llegado de nuevo al Carmen tu Pena, Silencio Dios mío en la soleá de las noches de Martes con luna llena.
Y siguió el nazareno meditando sus penas, avanzando en sus pazos, la voz no llegó al silencio. Continuó  con majestuosidad su camino, nazareno del Señor de las Penas.

jueves, 15 de mayo de 2014

Nuestra Pasión...

Y…como el drama de la Pasión se hizo arte, las cofradías de la ciudad crearon la representación emocional más singular y perfecta de la religiosidad popular católica. Drama y alborozo en una sola pieza.
La ciudad y sus callejas podrían ser otra Judea para la Pasión. La sensibilidad del cofrade ciudadrealeño está bien preparada para ello. La luz, el aire, el perfume de la primavera en flor, el deslumbramiento de las plazas y calles iluminadas, los jardines en plena floración, rincones, paisaje. Los arrabales emergiendo como una propia ciudad, algunos extramuros, como un Monte de Olivos capaz de competir con Getsemaní. Todo, riqueza y pobreza, alegría y sufrimiento, hacen de la ciudad escritura favorable, discurso vivo y ámbito propicio para poner en movimiento la palabra evangélica. La ilusión de un pueblo apostólico.
La ciudad es, pues, el quinto evangelista, el testigo de excepción para contar, en imágenes extraordinarias, el esplendor de la tragedia del Hijo del Hombre.
Y María, la Madre, como en una “soleá”, junto a piedras centenarias, apuñalada de Dolor, digna y triste, isla de llanto en la inmensidad de su belleza.
Si, para el ciudadrealeño de raíz, para el cofrade con hondura de esta tierra, barroco él en sus fervores tradicionales, la Pasión tuvo que ser, tenía que ser necesariamente, contada por esta ciudad. Según el cofrade y Ciudad Real quiere verla.