Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Cristo del Amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cristo del Amor. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de marzo de 2015

Donde habita el Amor...

Contados son los acontecimientos que se revisten de una cariñosa sencillez, y pocos, muy pocos como los que tienen lugar en el modesto ámbito que se matiza al entrar en el exquisito y recoleto hogar donde habita el Amor, despertado de su sueño de eternidad. Hoy la luz plomiza tenía una cita con la historia para vestirse de suave y temblorosa caricia, de tierno y delicado beso, de sublime y cercana presencia. El delicado parpadeo de las miradas enclaustradas tras la celosía de la devoción honda, escondida, y las músicas que navegan en el aire añejo que envuelve al vetusto templo empiezan a arrullar a Dios, entre sueños y fervores desvelados. Y esa atmósfera cálida, que aferra fervores en los rincones del sagrado oratorio, corazón vivo de los Remedios, se va dulcificando con las huellas de los siglos que viven dentro de los muros de la balsámica ermita, retiro con olor a  otros tiempos. Bien se sabe que el barrio, sus convecinos, sus hogares, perduran al resguardo de la raigambre de una rancia iglesia, los vestigios esculpidos en las piedras y en sus recovecos, acentuados por reminiscencias rociadas de tradiciones de incomparables y ya gastados tiempos.
Y… es que, si simple es el espacio que se esboza dentro de este sin par universo de ascetismo y oración callada al amparo del Amor de nuestros sueños y desvelos, exageradamente más claro debería ser sentir esas señales que a menudo nos revela - eternamente a su modo -, ese Dios al que malamente requerimos y muy raramente oramos,  pero que siempre está ahí. El Amor, que alivia nuestras aflicciones en los Remedios, -el que resguarda los ensueños, nuestros sueños-, arrulla todos los días del año nuestras penas, nuestras amargas duquelas, abrigándonos en esa imagen de gubias celestiales y relentes que azotan su destino,… y Él es el único que puede intensificar el sendero de nuestra fe, la verdad de nuestra devoción.
Como se puede apreciar  existe todo un universo de simples e indescifrables contrastes, sin más… Diferencias al fin y al cabo. Y cuando las horas vuelen, los días corran y los meses se sucedan vestidos de desidias, volveremos la mirada sobre nuestros hombros y añoraremos ese ocaso melancólico de un día pleno de Amor en la atmósfera
de una ermita abrumada de suplicas, de rezos, de ruegos callados… en el que un Hombre, de Amor dormido –descendido de una Cruz gastada de Amor, con sabor a pureza y oración-, expira para transmitirnos que su magnificencia se encierra en el cielo callado de sus manos llagadas por el golpe de unos clavos de pasión y en la caricia suave de un sudario, lienzo en blanco por escribir…en la súplica tierna de una multitud que en incontables veces camina dándole la espalda…y en una plaza, con autentico pasado que hunde sus recuerdos hasta las mismas entrañas de una ciudad que de nada se apiada… y, es que al llegar en esa mañana soñada, con las puertas de la ermita abiertas de par en par proclamando la luz y la grandeza del Amor de Dios, ese Hombre, consolado de besos, arrullado de caricias, sostenido de suplicas, envuelto en sudario de fervor, dejó escapar más de una inmaculada lágrima al saberse transmisor de un legado de amor y oración como meta de nuestros sueños, como entrada al soñado reino de Dios, a través de los cielos de los Remedios, donde habita el Amor.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Dialogo de Amor

¿Quien lloro por el cauce de tu senda?... En la lenta agonía del Viernes el dolor exagerado de su Quinta Angustia aumentara el nivel del crepúsculo, llenándolo de gravedad jadeante. Su Angustia embellecida por la tarde de los Remedios alcanzara el desmayo incontenido cuando aparezcan las primeras luces en el terciopelo del cielo, transcurriendo por la Merced, difuminadas las luces claras, apegados al costero del paso, se ira descifrando el porque de ese llanto irrepetible entallado en la excelsa figura de Virgen nacarada. ¿Cuantos Viernes, cuanto tiempo lleva esta Madre llorando, anegando de soberanía destrozada a los Remedios y a la ciudad entera, que dialogo de Amor se deja entrever con su Hijo? De la Catedral a su capilla el Amor llena todo el hueco de la noche y el vacío figurado de dolor que ya no duele, de llanto que ya no moja. Rayando la madrugada se acerca temblorosa la luz de su paso imponiendo el orden de la plenitud y el goce. Prende el paso en nuestra mirada todo el dialogo maternal de la Virgen, dominando todo el aire vagamente el eco bruñido por la plata. El divino conjunto, ya de recogida, nos llamara en definitiva a los cofrades de gusto refinado al orden de la gloria sin tiempo y sin espacio razonados. Cuando el paso se pierda irremisiblemente, recordaremos la intensa verdad de los poetas...y es que esta noche del cielo nunca se debería acabar...

miércoles, 30 de julio de 2014

El Amor que nunca se acaba...

Descendían el cuerpo sin vida del Amor… por su arrabal…al amparo de las murallas reposadas de su oratorio y allí estaba Ella para arrullarlo, para susurrarle, para quererle, para amarle. Y…allí estaba yo. Coloque la cámara en la zapata y sobre un Gólgota en un paso recreado, me encandile con la escena matizada de claroscuros en la que se acrecienta toda la crueldad de la tragedia. El Amor de Dios llagado, lanceado y con las potencias irradiando su gran poder se precipita, desciende sobre los claveles de su paso. La cuaresma en la ciudad aún estaba viva. Imágenes grises de aflicción para borrar la sangre de su materia mortal, misericordia para una Madre. Mientras por el cielo de los Remedios, bohemios de nuestra tierra tiñendo las emociones del Viernes Santo. Esta foto nunca debería haber estado en mi cámara, ni en su tarjeta de memoria, ni en la guantera de mi coche ni en el fondo de mi cartera de devoción desgastada, y es que la atesoraba Dios en el cielo de esa capilla y me la regalo una mañana, cuando despuntaba una cuaresma de la que nunca olvidare el mejor de los regalos, la imagen de su Hijo, el Amor que en otros tiempos a mi lado siempre estuvo, y... es que tanto Él como yo nunca nos habíamos despedido.