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miércoles, 31 de julio de 2013

Tiempo de tradición

Y un rito es, en Ciudad Real, todo lo que circunda sus realidades festivas. Un rito es, ofrecer a nuestra Patrona nuestros tesoros mas apreciados, nuestros logros, nuestras penas, nuestros anhelos y lo mas simple pero lo mas valioso, poder contemplar su realeza un año mas.
Un rito es esperar que aparezca la plata de tu altar llenando de luz tu casa un año mas y un rito es esperar cada 15 de agosto tu salida entronizada de tu casa Catedral.
Esta es la perspectiva ciudadrealeña no del tiempo como utilidad, sino del tiempo como milagro en que cada cosa se produce a la manera de un regalo de lo puramente suntuoso, la manifestación graciable del sentimiento de estar vivo. La ceremonia de la Gracia.
Las Prados, Praditos y Mari Prados son, en Ciudad Real, como esa gracia anunciadora de que ya estamos en la metafísica de la emoción. Y este anuncio es por tanto algo que se nos da, un don, un regalo que supone la superación del tiempo utilitario y cotidiano.
Así, estos días, se entrañan en la ciudad, queriendo o sin querer, consciente o inconscientemente, con una fuerza ritual incambiable. Y ademas, sencillamente, como algo que llevara siglos circulando en la sangre de las cosas, porque si. Por eso no hay calendario capaz de explicarlo ni de modificarlo.
Y cuando baje de su altar la Virgen del Prado, en la hora exacta en que marca la tradición, en que la luna toma las horas al sol, Ciudad Real sabe que ha entrado ya en el manantial de sus días iluminados por la presencia real de la Madre de Dios.

martes, 30 de julio de 2013

Raíces sin arraigo...

...Cuando por fin se ha arriado el paso del mal tiempo, cuando se va acercando el equinoccio que da fin al verano, cuando aun son mas los días que faltan que los que hay esperar, cuando las horas ya están tomadas, cuando es definitiva la victoria de la luz…entonces y sólo entonces empieza a levantarse esta efímera ciudad de viejos tópicos tan reiterativos como necesarios para construir el paraíso de unos y el infierno de otros,
(para los que nos agarramos a la fiesta de la Pandorga como si del ultimo vestigio de la historia de una ciudad sin nada de ella se tratase).
En esta urbe de una semana para muchos no puede faltar este remanso donde beber los recuerdos que muchos parecen querer olvidarlos.
Sirve para dar un empujón a otros siempre mejores tiempos y para dar protagonismo a nuestros mas insignes y autóctonos vocablos, en recipiente de barro, cristalino, espumoso y líquido elemento en su interior dulcemente aderezado y tocado por el agrio limón. También es pasatiempo juvenil. Jamás hubo fiesta con mayor apoyo en la tradición, con mayor sentido y respeto hacia una Madre que nos brinda su amparo allá por el Prado. Así será hasta que algún progre enlatado y con vocación de servicio al partido de turno decida estrenar una nueva ubicación, unos nuevos actos y una nueva fiesta a lomos de una burra, para que parezca conservar el espíritu de antaño y contentar al populacho. Lo han visto. En nuestra ciudad la Pandorga y el Prado ya tienen su cuenta atrás.

viernes, 3 de febrero de 2012

Sentidas tradiciones...

Desde los ojos de la tradición, de nuestras raíces, la visión del mundo produce un extraño aturdimiento, como un agolparse dentro del ciudadrealeño imágenes vividas en otras muchas celebraciones y tradiciones de su historia; se acumulan dentro, iluminando con su abundancia sentimental los vacíos de la existencia, llenando de verdad y de verdades el instante que parece detenerse en aquel gesto de infancia tal vez, o en aquel otro recordando de pronto, hombre ya,  con la ausencia forzosa  de los seres que amamos, el padre y la madre que lo llevaron a uno de la mano en aquel primer año de salida, la vida misma recortándose a contraluz en el Santo de nuestras más enraizadas creencias, San Blas, que abre su sombra en piedras de iglesia grandiosa abrazándolo todo, asumiendo todas las caras inocentes e infantiles reflejadas en su rostro. Allí, en la mirada perdida de sus ojos van perdiéndose también sombras amadas y recuerdos, sentimientos, emociones que volverán a encontrarse definitivamente (así lo confesamos y así lo deseamos) en la Casa del Padre, Casa de todos, eternidad de eternidades que en esa imagen de Santo de tierna y querida tradición parece culminar, para siempre, nuestra historia y nuestro cielo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Un año más...

                                                                  ...se cumplió la tradición...
                                               ...un año más se desbordó la devoción.