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domingo, 7 de agosto de 2016

La emoción de tu cercanía...



Acostumbras a surgir rondando las cercas de mis sentimientos siempre que no te espero; y lo haces con tu aire que impone silencio, sin excesos que distraigan tu verdad, sin ornatos que celen tu azulada y serena mirada, sin avíos que me alejen del Prado que llevas por nombre.
Llegados a este pasaje de la vida, los dos sabemos del retumbo de nuestros trancos, de tal manera que a uno y otro nos es menester prestarles oídos de relance de vez en cuando para comprobar que no estamos tan distantes… Y es que en esta ocasión has venido Tú a asomarte por el vestíbulo de mis desalientos, de mis desesperanzas... y al descubrirte en el reflejo de un humilde retrato, he caído en la cuenta de que cada día más anhelo el tenerte cerca de mí…suspirar por sentir el roce de tu mano y abandonarme en tus dos luceros, que son dos trocitos de cielo, y es que es en ellos el único lugar donde atino a encontrarme siempre que me extravío y el camino pierdo.
Me emociona encaminarme a tu encuentro, y que el golpeo de tu pulso fluya por los rincones más hondos del alma… notarte en tu paso enseñoreada a mi espalda y consentir que la anochecida brinque en pos del anhelo de contemplar cómo la luna deshilacha cuantas esperanzas los dos custodiamos en un cofre pincelado de abandono.
Pero sobre todo necesito sentirte cerca de mí…Madre de mis desvelos.

martes, 9 de diciembre de 2014

Y me postre ante tus celestiales plantas...

…para no pestañear, y contemplarte, tal y como me habían contado, lo bien acicalada que por estos días acostumbras a estar en tu aposento de plata, cariño y oro, resguardada de estos fríos que tanto hacen toser a nuestro Niño… enredada con tus trajines, no descuidando el fogón para que no se te requeme la comida que con tanto cariño nos aguarda, aguardando con la paciencia de una madre a sentir con esmero la última de las plegarias para subir a tender tus sayas, las enaguas, tus delantales, sus inmaculados y delicados baberos… y  para dialogar con las vecinas mientras el albor del ocaso esboza espadañas en la bóveda del cielo, guardándote en tu delantal de tafetán de tonos inmaculados bordado por el sol, que con sus primeras luces solo a Ti te busca y te ilumina, un pintalabios de canela para seguir apareciendo guapa a la hora de acoger a los que afligidos ante Ti Madre llegamos… Bendito sea ese delantal de Concepción Inmaculado.

domingo, 5 de octubre de 2014

Frente a tu casa

Es en ese justo suspiro del tiempo, ese en el que la gracia de Dios pellizca con suspiros de una devoción que nos  rebosa el horizonte de nuestra vida,  cuando Ella se recoge en sus aposentos, buscando resguardo en su oratorio sagrado, entre el vecino tañido de las campanas, el  frío del mirador tantas veces rezado de su ventana o el reposo de algunas palomas agotadas de cruzar la bóveda celeste de su mirada; camarín entre bocacalles que guardan plegarias vespertinas o zaguanes enquistados de la sentida verdad de sus hijos que la alaban; oratorio entre arrebatos de fervores o corazones ceñidos a la soledad. En ellos, que frente a tu camarín su fe derraman se puede leer la historia de nuestra ciudad, esa que se escribe con el agua que un día regó el vergel de tu Prado, la que se escribe con la sangre de los negados, con los besos que en tu mirador quedan salpicados, con los sueños de los impulsivos; en ellos se descifran nuestras tradiciones, nuestras leyendas, esas que trazaron nuestros mayores y los de estos, antepasados que forjaron una fe que les amparaba en sus mil batallas, esas que se quedaron a dormitar en los escudos de piedra en contra de los tiempos, esas que el tiempo modela con los años. En ellos se puede reconocer el arte, esa gallardía que el universo quisiera para sí cada vez que la melodía de tus campanillas desgarra en quejíos los envidias y recelos de la luna al asomarse y ver tu cara tan pura.

martes, 19 de agosto de 2014

Razones del sentimiento.

Nuestra Ciudad Real de fe, de amor y de poesía. Soñar con estas sutilezas para tratar de purificar en la medida de lo posible ese conjunto de espíritu y materia, imágenes e imagen de lo humano y lo divino.
Y todo ello como una "procesión que va por dentro", todo ello como una "Quincena Santa secreta" que solo durante estos días se proyecta, se hace visible, explota en luz, en color, en música, en incienso, en plegarias, en Salve final y en flor -mágicos dones de esta epifanía veraniega en la Mancha- y se convierte, a su vez, en imágenes e imagen del tiempo, que es nuestra propia historia personal, e imagen de la eternidad, que es contemplación incesante de lo que amamos. Se trata de intentar ver la materia de fe -que de algún modo se convierte en "gracia"-, el sentido de amor -tan vinculado a un cierto conocimiento vivencial de la "belleza"- y ese modo de hacer poesía, no escrita, en la emoción del presente -síntesis de lo vivo y lo lejano, materialidad del sentido organizado en "tradición"-. 
Poseemos, como es sabido, una compleja singularidad estética, una cierta tendencia a sobrevalorar rasgos sensoriales de la religiosidad. 
Y, para que uno pueda aclararse en esa "procesión que va por dentro", grandeza de nuestras vidas, ciudadrrealeño que aun espera de la condición humana algo mas que barro, huellas que inviten a caminar, conviene advertir también que toda esa sensibilidad para interiorizar la gracia, la belleza y la tradición  de lo nuestro es, en Ciudad Real, trabajo de las cosas que hacen mas humano al hombre, impulso y sangre de las generaciones: algo así como el sufragio universal de los que ya murieron, de los que ahora vivimos y de los que aun no nacieron. Nuestra "procesión" interior es el resultado de la voz y el voto de los siglos. La materia elegida para modelar en cada uno de nosotros una imagen del mundo, una imagen del hombre y una Imagen de Maria. 

jueves, 14 de agosto de 2014

Una ciudad, una Madre, una sola fe.

Grano a grano se fue aclarando la mañana. Su eterna presencia y la cercanía presentida, se paseaban con el aire fresco, particular, único de esta ciudad cuando tercia el mes de agosto. Un agosto celeste y  lleno de luz, despabilándose casi en las mecedoras del aire, que trasnochan en las puertas de las casas de nuestros barrios. Una ciudad plena de  esperanza, esperanza en toda la extensión de la palabra. Llena toda ella de una mirada añil, intensa, maternal y alegre como seguidilla manchega, dejando claro con su letra: “la Patrona del Prado es Capitana de las siete banderas del Rey de España”,  que bien descrita su realeza. Su bocanada de fe, y la esperanza que siempre sigue viva en Ella.  Por eso es diferente y distinta en todo, en su cara morena, en la finura del tierno abrazo de sus maternales manos, en su amor, en su dulzura, en su niño, que eterniza esa infantil sonrisa recordando los bailes al pie del ventanal de su cobijo, y en el trasiego que alcanza a suscitar con su cercana estampa en el transcurrir de los gozosos días sobre la filigrana de su paso de plata. Y nos mantiene en la esperanza. Y surge la oración que se transforma en cántico. Su himno, de estilo sabio y alentador se hace cómplice con la exquisita y natural candidez de su hermosura. Y ahí, quedaran esas estrofas cantadas con el fervor de sus vecinos, para gusto y regusto,  que se duermen en los brazos de tu eterno silencio. Sueños de devotos, con tus miradas de Madre bondadosa.
 Y esa mañana, fue dando tranco al día, las horas pasaban dejándose caer en los brazos de una tarde, que de azul se teñía, para parir una  inmensa noche con frescura que adormece los sentidos. La anochecida aparentaba abrigar más estrellas si cabe con su gloriosa presencia. Fue por los antiguos jardines de su casa prioral remozada, una Catedral, no cabe menos para nuestra vecina más venerada, más bienaventurada. Esa noche, la primera de cada año que nos damos la mano en un cariñoso y ferviente envite sobre tu paso, para luego fundirnos en una Salve de cariño, respeto y admiración sin medida. Figura de Reina sin igual, estirpe palpitante más que nunca de una fe que en tu pueblo rebosa. Majestuosa en todo, de pura, de lozana, de guapa y de hermosura serena, sumisa aceptando la voluntad del Creador. Ante Ti se embelesa toda poesía, a Ti que te han cantado tantos poetas… “y  se ahoga el trigo en el campo,  porque no lo llevan a ver tu cara morena en el Prado “. Y  te canta el atardecer, y te canta el pajarillo, recordándonos tu sublime realeza, te canta también la  estrella, y la rosa, que fue por Ti a la orilla de la fuente y su pétalos mojo para estar aún más bella y fresca, y de su tallo se separó dulcemente para sucumbir en tu sublime presencia...Eres Tú el cielo azul, donde duermen los blancos luceros, donde vuela el verde mar de mis desvelos. Y es que Señora contemplando tu imagen fina como una acuarela, tu manto abierto como un abanico, sonora te haces como el viento entre las pámpanas de nuestras cepas y que abraza las ramas de nuestros olivos en los campos de tu tierra, Capitana de nuestra nave se hace cuando le cantan: “Santa María del Prado Reina de Ciudad Real”. Y es que Ella hasta levanta el mundo, da sentido a nuestras vidas y nos descifra los misterios de la fe aventajando a cualquier catedrático. Nuestra Madre del Prado, donde se miran el aire fugitivo y las altas estrellas. Estrella sin noche, sin cielo, sólo sus dulces brazos, para tu cuerpo tierno.

 Me gusta hablarte así Madre, empobreciendo el bello oficio de los poetas, eso me puede y puede conmigo. El respeto me lo das Tú. A esta hora, me gustaría seguir cantándote, pero… ya te despides de mí. ¡Qué día, Señor! Nuestra Virgen del Prado paseándose con sus mejores ajuares y su Niño de la mano por la blanca y llana ciudad de reyes, de cales  y  geranios. Hay tanta hondura y verdad en la fe sencilla de sus paisanos como en el agua de noria, clara y fresca que riega nuestras huertas,  donde se miran el aire fugitivo y las altas estrellas… y es ya cuando se mezcla la sal con el agua, y la luna se viste piel morena, y va cayendo la noche,  mientras yo medito, y canta el pajarillo, pajarillo canta, no dejes tu oración,  presa en tu garganta. Luego, Madre  te soñaría, sobre una charca de lluvia colmada de estrellas, repleta de sueños azules como tu mirada al viento, como tus ojos de cielo, y una luna...una luna nueva de agosto que al compás de campanitas se va meciendo.

martes, 12 de agosto de 2014

No es un perfil...

es, el Perfil... Perfil de trigales y de vides derramándose, acorde, sobre el cáliz de nuestra gleba estéril, poniendo en orden el caos de esta Sagrada Cena del mundo y de los hombres... Perfil de la entrega, dulce mirada celeste en la caída de nuestra carne débil... Perfil que de amor nos traspasa y se hace grito postrero de mágicas ternuras, mientras la hermosura alcanza su máxima expresión... Perfil poderoso y silente es hora de levantar al cielo ya su aureola y su plante hecho para dar Luz, concebido para iluminar a su paso la ciudad.
Ciudadrealeño, ¿cual, donde, como aparece para ti la imagen, el perfil de Maria en medio de la calle?

lunes, 11 de agosto de 2014

sábado, 9 de agosto de 2014

Amén...

Es una palabra aramea (la lengua de Jesús) que significa fuerza, solidez, fidelidad, seguridad. Se usa para afirmar y confirmar. Decir Amén es decir que sí, que así es, que estamos de acuerdo y afirmamos con fuerza y seguridad lo que creemos. Decir amén al final del avemaría es decirle: "Sí, Madre, yo sé que cada vez que te dirijo esta oración tú trabajas mi corazón, me estás formando, me vas modelando poco a poco, me vas ayudando a crecer en las virtudes de la humildad, la pobreza, la caridad, la pureza, la prudencia, la generosidad, la misericordia.... Sí, Madre, hazlo con toda libertad, te lo suplico: amén."

viernes, 8 de agosto de 2014

Y en la hora de nuestra muerte...

Así como estuviste junto a Jesús en la hora de su muerte, así desde ahora te pido que cuando termine mi vida terrena estés conmigo. Si paso mis últimos días enfermo, quiero que como buena madre me acompañes de día y de noche. Al morir quiero tener un Rosario en la mano y sentir tu mejilla en mi frente, mientras me dices al oído: No tengas miedo, que no te aflija cosa alguna, ten confianza, ¿qué no estoy yo aquí que soy tu Madre?
Quiero que mis últimas palabras sean: "María, Jesús", y que habiéndolas pronunciado me cargues en tus brazos y me pongas en los brazos del Padre. Quiero que tú me lleves con Jesús, y que al despertar allá en el cielo tenga mi cabeza reclinada sobre Su pecho, y estar sintiendo tus caricias por toda la eternidad.

jueves, 7 de agosto de 2014

Ahora...

En el momento presente, en todo momento presente. Cuando todo va bien y cuando no, cuando estoy en gracia y cuando no, cuando me siento bien y cuando no, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y las tristezas, en la luz y en la oscuridad: siempre. El "ahora" abarca toda mi vida, porque el momento presente recoge el pasado, el presente y el futuro: todo lo pongo en tus manos. En el presente reparo por mi pasado, te ofrezco mi futuro, vivo según el Evangelio.
Decirle ruega ahora por mí, es decirle: te necesito siempre a mi lado María, siempre; no te separes de mí.

martes, 5 de agosto de 2014

Ruega por nosotros pecadores...

Su maternidad espiritual se extiende a todas las generaciones, y ella ruega por nosotros, vela por nuestras necesidades. Como en las bodas de Caná va una y otra vez con Jesús y le dice: "No tienen vino", y obtiene abundantes bienes para sus hijos. Ella protege con particular predilección a los más pequeños, a los indefensos, a los enfermos, a los que tienen heridas morales, a los pecadores. Vemos lo espléndida que es en los Santuarios Marianos: Guadalupe, Lourdes, Fátima, El Pilar, Loreto, Luján...Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, me declaro pecador, necesito que desbordes sobre mí tu corazón misericordioso.

Santa María, Madre de Dios...


Comenzamos la segunda parte del Avemaría exaltando su santidad y el gran motivo de su dignidad. La portadora de Dios es Santa. Ella creyó en la Palabra del Señor y se entregó como la esclava del Señor, y gracias a eso el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Como madre alimentó a Jesús, lo protegió, lo educó. ¡Qué digna representante del género humano que le da a Dios todo el amor que su pequeñez es capaz de dar!

Nos duele escuchar: "Y los suyos no le recibieron"  pero María sí lo recibió y hoy nosotros, cultivando la vida de gracia, queremos recibirlo como lo hizo ella.

domingo, 3 de agosto de 2014

Bendita Tú eres entre todas las mujeres...

Isabel fue la primera en decirle a María: "Tú eres bendita entre todas las mujeres". Es bendita porque Dios la eligió con amor eterno, porque es la Madre de Dios, porque es Madre y Virgen, porque es Inmaculada, porque fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celeste.

sábado, 2 de agosto de 2014

Llena eres de gracia, el Señor es contigo...

Porque Dios está con Ella, María está completamente impregnada de gracia, como una esponja bajo el agua. María está llena de la presencia de Dios y Dios es la fuente de la gracia. El poder del Altísimo la cubrió con su sombra, es decir, Dios descendió para habitar en Ella.
María es "la morada de Dios entre los hombres"  Dios se da por completo a María, la colma de belleza, y Ella, que desborda Gracia divina, la entrega a la humanidad.

viernes, 1 de agosto de 2014

María...

Pronunciar el nombre de María te llena de amor y de confianza. María significa la amada del Señor, Señora, estrella del mar, la que orienta a los navegantes y los dirige a Cristo. San Alfonso María de Ligorio dice que es un "nombre cargado de divinas dulzuras" y Tomas de Kempis afirma que los demonios temen de tal manera a la Reina del cielo, que al oír su nombre, huyen de aquel que lo nombra como de fuego que los abrasara.

jueves, 31 de julio de 2014

Dios te salve...

Imagínate cómo es la mirada de Dios sobre la mujer que Él creó y eligió para que fuera su madre: una mirada llena de amor, de predilección, de gozo y complacencia. Hasta donde te sea posible, cuando comiences el Avemaría apropia la mirada de Jesús sobre su Madre y salúdala con las palabras del Arcángel Gabriel en la anunciación. Desde lo más profundo de tu corazón dile: "alégrate María".

viernes, 25 de julio de 2014

Patrona, Reina y Madre

¿En cuántas faltriqueras no habrá habitado una estampa de esta bendita cara morena? ¿En cuántas repisas de comedor de casa de barrio no habrá alumbrando una negra noche? ¿Y cuantas veces relucida por una palmatoria en silenciosa y enraizada oratoria? ¿En cuántos momentos difíciles nos habrá acompañado, cuando el único asidero es la fe, el amor, la devoción de nuestras entrañas? ¿En cuántas carteras de mujeres de tradiciones y devociones calladas? ¿Cuántas alcobas habrá amparado? Qué cantidad de tactos, en multitud de camitas, de cunas, de coches eligiendo a la Reina del Prado como excepcional acompañante. Es, nuestra mejor paisana y vecina.  Parece que…el azul de su mirada esta…como perdida, pero nunca pierde de vista nuestros pasos, nuestras vidas. Esta era, es, nuestra Madre del Prado, la misma que cuando éramos jóvenes, la misma que cuidara de nuestros nietos, la misma que llevara de la mano a nuestros hijos hacia un camino de fe y amor verdaderos. Idéntica en perfección y belleza, exacta en esplendor y magnificencia, igual de piadosa y misericordiosa.
Prepárense “culipardos” porque en poco más de dos semanas bajara de su camarín para las fiesta de “hogaño”, y como no, de nuevo a escucharnos.

viernes, 6 de junio de 2014

Como la madre...

..que acuna y consuela a su apenado hijo, así saldrás Tu a consolar a tu Hijo, cuando maltratado , humillado y malherido vaya a buscarte a la puerta de tu casa implorando el calor de tu consuelo.

jueves, 10 de octubre de 2013

Momentos de Fe... La fe de los momentos

Hoy... que en el paseo viejo que me lleva hasta tu casa escasean -como los puñados de albero de tu denostado
Prado- plegarias que se anudaron al cuello tus hijos, déjame que te confiese en la distancia que nos une aquello que nunca he sido capaz de contarte cuando he estado lejos de Ti.
Apenas me quedan secretos ya que desvelarte.
Conoces como nadie a que huele la vereda de mis palpitaciones; percibes en el horizonte la nostalgia de mis atardeceres cuando te pregunto por mis ausencias y sabes -como sólo lo sabe el aire-, que en las orillas de mi carácter se van acumulando los rencores de aquellos que un día me apreciaron.
Tranquila, haré caso de tus consejos y seguiré sin echarles ni cuenta; me estoy acostumbrando a convivir con ello; todo lo contrario a lo que me sucede cuando Agosto se asoma por el calendario.
Y es que no me acostumbro a cohabitar con esta moda pasajera que tanto daño te está haciendo cuando veo a algunos “culipardos de temporada” que solo llevan un agosto sobre tus huellas y que enarbolan la bandera de la auténtica fe en Ti sin detenerse en preguntar a qué dirección mandan sus rezos.
Y es que no me acostumbro a tener que dar explicaciones sobre mis luces y mis sombras, esas que sólo tu camarín difumina cuando me persigno al pasar por su remozado frente cada día, cada tarde de mi vida.
Y es que no me acostumbro a tener que escuchar cada año las mismas explicaciones sobre aquello de lo que es y significa tu salida o deja de serlo; a ver cuándo se enteran que no hay mayor ofensa que la de sentirse ofendido.
Sabes que yo no soy un santero, pero en mi memoria hay pasadizos donde se reflejan los recuerdos de tu rostro oponiéndose al miedo, bien en forma de fotografía, bien en forma de medalla plateada, bien en forma de ramillete de alabanza.
Sabes que yo no soy virtuoso, pero en mi sien hay sonidos clavados donde se confunden inicios de Amarguras con los acordes de tu órgano al llegar la tarde de los sueños donde San Lorenzo en vísperas pone a una ciudad camino de la dicha.
Sabes que yo no soy ejemplar, pero sobre mis dedos aún quedan restos de aquella vez que apreté con tanta fuerza el calor de tu vela y la cera rompió a llorar por mi mano en esa antigua ya primera salida custodiando el azul de tu maternal mirada.
Y sabes mejor que nadie lo que me está doliendo perder a esa “madre” que solo vivía pendiente de Ti; al menos apriétale la mano para que respire otros tantos y cuéntale cuando la veas que la echo de menos.
Me niego a estas alturas de mi vida a renunciar a tu nombre, a esquivarte la mirada o a perderme en la infinidad de tu gracia, pero yo al menos soy sincero y ante Ti descubro mi alma de cofrade a la que le falta el pespunte de tus mañanas, el festejo de tu llegada o el canto de tus poemas.
Si aun así quieres que me pase a verte; si aun así me aceptas como hijo; si aun así eres capaz de perdonarme, sombréame una sonrisa que yo iré a rezarte, aunque yo no sepa quererte como lo hacen los demás.