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jueves, 28 de mayo de 2015

Fuente de devoción

Es ahora…en este justo suspiro del tiempo, este en el que la gracia de Dios nos pellizca con suspiros de una devoción que nos rebosa el horizonte de nuestra vida, es ahora…cuando Ella se asoma por la puerta de sus aposentos para despedir con el perfume de su aliento el mes de los sueños, buscando resguardo en miradas que hablan de favores y que a su rostro se hilvanan y de cariño la cuajan…entre el cercano susurro de las hojas que ante su mirada retoñan, el  frío del mirador tantas veces rezado de su ventana o el reposo de algunas palomas agotadas de cruzar la bóveda celeste de su mirada; oratorio sin horarios que guarda plegarias vespertinas y zaguanes enquistados de la sentida verdad de sus hijos que la alaban; hornacina sagrada salpicada de rezos entre arrebatos de fervores o corazones ceñidos a la soledad. En ellos, que frente a ti su fe derraman se puede leer la historia de nuestra ciudad, esa que se escribe con el agua que un día broto de Tu fuente y regó el vergel de su Salud; en ellos se descifran nuestras tradiciones, nuestras leyendas, esas que trazaron nuestros mayores y los de estos, antepasados que forjaron una fe que les amparaba en sus mil y una batallas, libradas en el luchar del día a día, que no es poco acostarse con las manos manchadas y levantarse con ellas ocupadas. En ellos se puede reconocer el arte, esa gallardía que el universo quisiera para sí cada vez el nácar de tu rostro y el fulgor de tu mirada desgarra en quejíos las envidias y recelos de la luna al asomarse y ver tu cara dibujada al resguardo de la cera, tan bella y tan pura.

martes, 3 de junio de 2014

Tu luz

Y aunque la pena te ahogue
al ver lo que va sufriendo
el Hijo de tus entrañas
atado como vulgar reo,
yo sé que has escuchado
las suplicas y lamentos
que entre rezos y plegarias
te piden quedo, muy quedo.
Y yo, Señora, te canto
con cariño al regazo de tu luz:
¡Qué bonita te hizo Dios
Madre mía de la Salud!

jueves, 29 de mayo de 2014

Al cobijo de la cera...al calor de su luz

Al calor de la cera, a la dama de la Salud, cortejada más que consolada por sus hermanos, nos resulta difícil no encontrar un perfil por el que admirar su belleza. Porque todos sus candeleros se han agolpado delante de su peana, cerrando filas para abrigar tanta belleza.
Y la cera es luz. De día, el interior de su ansiado palio sera como cobijo de sombra que oculta en oscuridad el interior de las bambalinas. De noche, la luz pasara a recogerse dentro, como caja de resplandores, y serán las caídas interiores las que ahora se iluminen, dejando fuera la tiniebla. Eso que ganara el rostro de la Virgen, que ya es hoguera por sí solo y que cuando divise de vuelta su barrio de los Ángeles, no sabremos si llamarla por su Nombre o como también le cuadra entre la claridad de sus nazarenos, María de la Luz o María de la Blanca Salud...