Porque casi no pude verte y disfrutarte como a mi me hubiera gustado, a solas, tu y yo; con la osadía que supone el tutearte, madre, pero tu, ante todo, eres eso, madre, y con las madres no hay remilgos ni protocolos que valgan, solo amor y protección sin medida, sin condiciones. Me atrevo a hablarte aquí, humilde sitio, pero es algo a lo que tu estas mas que acostumbrada. Hace ya casi 37 años que me faltas, pero te siento cada día, y cada día mas, como si cada mañana pasases a la habitación que daba al patio a despertarme con el susurro suave de tu voz. Quizás sean los años que nos vuelven mas sensibles, o los duros golpes que nos va dando la vida, de cualquier modo cada año siento que al acercarse las fechas que tienen por onomástica a la que llamamos Madre Santísima del Carmen, con la más honda y encendida devoción que ella tenía por bandera, mi madre se acerca de nuevo bajando a la plazuela a cumplir con su promesa, besar el bendito escapulario que con ella se fue a ese cielo por todos tan soñado.
Madre bendita del Carmen danos tu protección y amparo, y haz que esa devoción sea también mi bandera día a día, y que mi madre siga bajando a la plazuela a besar tu escapulario, año tras año luciendo esa dicha que es dormir todos los días al amparo de tu manto.