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viernes, 5 de abril de 2013

La verdad de una penitencia...

Entonces se ilumina de verdad esa emoción sin nombre escondida en cada nazareno, y el espacio y el tiempo se llenan de signos, de señales, de mensajes, y no existe el vacío  y por cualquiera de nuestras calles apenas entrevista la majestad de su paso, uno comprende para siempre la dimensión mas honda de la parábola estelar de la ciudad. La Estación de Penitencia impone así  sin lógica posible, ese ritual de fiesta inolvidable que es la liturgia liberadora del Hijo de Dios vivo, Hijo del Hombre, Hijo de la ciudad, entregado a su pueblo.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Amor a nuestros sentimientos

¿Reza en voz alta el cofrade cuando llega a la capilla? No, lo que hace es ponerse muy silencioso ante el altar de sus devociones mas hondas, la vida en vilo, metafísico él por la idea de la salida, la estación de penitencia y la otra vida..."El cofrade se eleva, se religa y comunica con Dios es esa creencia de gran salto hacia el misterio". No razona la existencia de Dios, se inunda del sentimiento de una necesidad de tal certeza. Se aglomera todo su cuerpo ante el pórtico de la transcendencia. Ese "ritual" , esa "liturgia" de los preparativos. Una seriedad "religiosa" de domingo. Y se pregunta: "¿Hasta donde hubiera llegado en su comunicación la mística del Evangelio y la Fiesta más exclusiva de nuestro pueblo místico?" Confiesan muchos cofrades que pasar unos minutos frente al Cristo o a la Virgen de su devoción les hace sentirse fortalecidos para vivir el presente eterno de la salida penitencial. Incluso en alguna ocasión algún amigo, o conocido amante de lo nuestro decía: "No se si soy cofrade, pero esto de la Semana Santa, en la calle Estrella, en mi barrio del Perchel, en mi ciudad, me hacen declarar mi amor a lo nuestro, unirme al sentimiento religioso de mis paisanos".