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jueves, 29 de enero de 2015

Una ciudad dolorida

Te extraño tanto en la liturgia de la media luz... a solas, mientras el frío y el albor que está por llegar sacuden las almas y despiertan nuestras más enraizadas y emotivas rogativas, me reconforta desenterrar que yo sin más, he alcanzado a soportar un ascua fugaz por el mismo trayecto por el que Tú fuiste llevando día a día todas mis suplicas y cansadas cruces. No me veo en el reflejo de mi oscuro espejo, no me alumbra la luz de tu escondida y sin par mirada, claridad en mi enlutada historia. Pero pronto la Majestad de una Madre vestida de tafetán azulado en la plaza, volverá a perdonar mis pecados. Y me consolara en esta vida y en su muerte, dejando mi devoción a la intemperie.

viernes, 2 de enero de 2015

La hondura de lo que está por llegar

A escasas cuarenta y cinco anochecidas de que la espera, revestida de sempiternos desvelos, despabile  el sueño perenne entre reminiscencias y melancolías, y la luna nueva que estrenara una reluciente cuaresma suavice su sombra en las murallas de una ciudad deshecha y gastada de recontar siglos de tradiciones, concédeme tu licencia para que te suspire lo que siento cuando veo a la que con vestimentas hebraicas nos recibirá intramuros de la que es su casa, nuestra oratorio personal.
Cuando en poco menos de dos meses mis pies me requieran un respiro entre encuentros con intimistas altares y el refugio que proporcionan unos cuidados y fecundos cultos, mis emociones apelen a un benevolente sosiego y mis súplicas ya no precisen de pañuelos en los que consolar mi yerro, penetra en mis labios a través de estos esbozos que en este momento apunto y sentirás lo que ansío proclamar sobre esa mujer que veremos llorando por cualquier rincón de nuestras iglesias, velando, cuidando nuestros sagrarios, defendiendo nuestra más sacra herencia.
Necesito alcanzar que concibas, que profeses, que notes que esa que inhala idéntico aire al que tú y yo aspiramos cada mañana, cada tarde de una cuaresma cuidadosamente impregnada en incienso, cera y flor, es sobremanera  mucho más que una sencilla imagen tallada en madera. Y es que su nombre es el que remueve los raíces de cientos, de miles de corazones que acarician en su perfección sublime la senda para tocar la soñada gloria. Su mirada abre cancelas, ventanales, picaportes; rejas, cerraduras, almas, corazones;…solamente con escuchar los puntos suspensivos con que nos agracia su sonoro silencio. Es en su mirada donde reposa el cielo de los días que nos quedan por vivir y a nosotros nos quedan aún por paladear.
Vislumbra más allá de una advocación rodeada de cera, bordados, terciopelos y sedas, o de un andar sobre los pies al compás sublime de una marcha, o de una muchedumbre que anda del revés, de espaldas, oprimiendo su fe contra las paredes de unas calles desnudas pero revestidas de  su continua presencia y empapadas de sus lágrimas cada primavera, callejuelas vacías de creencias, raíces que asoman descubiertas, sin profundidad en unos sagrados misterios.
Cuando andes en esos días por nuestras calles, visites los rincones sagrados meditando el porqué de su serena presencia, busca a esa que va a caminar por aquí…en los estremecimientos de cada hermano de fila, en las fajas que fajan ofrendas y fatigas, en las clamores de las oraciones que despojan las creencias de un pueblo; ya que es ahí donde se encierra la grandiosidad de la que vive entregada en obediencia perpetua a su Dios, es ahí donde se exterioriza la magnanimidad de la que es ejemplo de vida consagrada al amor, es ahí donde se acaricia la sencillez de nuestra madre, la excelsa Madre de Dios.

Ya llega la cuaresma repleta de su amor.

jueves, 28 de agosto de 2014

Sigo oyendo su voz


Desde que se inauguró esta semana y el azul de su mirada se retuvo en mis pupilas, exageradamente dilatadas e inundadas de unas lágrimas rancias de aguantarlas para no perder un pellizco de su belleza sublime de mujer manchega guapa, no puedo dejar de recordar a una de sus más grandes y fieles devotas, que empezó a inculcarme sus más profundas piedades y sus más íntimas convicciones ya cuando dentro de su vientre percibía el sonido de las cuentas de un rosario deslizándose entre sus gastadas manos, y un silencioso rezo frente a la que desde su camarín nos cuida y protege retumbaba hacia sus adentros.
Aquella mujer, madre de una numerosa familia y a la que el Señor llamo a su presencia demasiado temprano, me infundio entre otras muchas cosas, a vivir el cristianismo y a vivir la Semana Santa, las glorias, las tradiciones, las devociones de nuestra ciudad. Digo a vivir, sí. No a ver, ¡a vivir! Como me inspiro a vivir la Cuaresma, y el Adviento y la Navidad. Me grabo a fuego, que a Dios no se le ve: a Dios se le vive. Se le vive en cosas tan simples como puede ser montar con esmero el Belén el día de la Inmaculada, en cosas tan simples como agradecerle la comida diaria. Me contagio a vivir el amor a la Virgen: “Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea..." Y su personal modificación de la Salve: “…a Ti suspiramos gimiendo llorando Y RIENDO en este valle de lágrimas y de ALEGRÍA…”
A vivir la Semana Santa. A entender la catequesis de cada imagen, de cada olor, de cada sonido. 
Aprendí a oír el silencio en la calle Estación Vía Crucis, uno de sus rincones favoritos, al paso del Señor de la Buena Muerte y su Madre del Mayor Dolor. Ante ese paso del Cristo del Silencio, pongo y escucho ahora de boca de mi madre las palabras que San Agustín le presta: “La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado”. 
Te siento junto a mí y reconozco tu voz en cada oración que su belleza me inspira.

miércoles, 30 de julio de 2014

El Amor que nunca se acaba...

Descendían el cuerpo sin vida del Amor… por su arrabal…al amparo de las murallas reposadas de su oratorio y allí estaba Ella para arrullarlo, para susurrarle, para quererle, para amarle. Y…allí estaba yo. Coloque la cámara en la zapata y sobre un Gólgota en un paso recreado, me encandile con la escena matizada de claroscuros en la que se acrecienta toda la crueldad de la tragedia. El Amor de Dios llagado, lanceado y con las potencias irradiando su gran poder se precipita, desciende sobre los claveles de su paso. La cuaresma en la ciudad aún estaba viva. Imágenes grises de aflicción para borrar la sangre de su materia mortal, misericordia para una Madre. Mientras por el cielo de los Remedios, bohemios de nuestra tierra tiñendo las emociones del Viernes Santo. Esta foto nunca debería haber estado en mi cámara, ni en su tarjeta de memoria, ni en la guantera de mi coche ni en el fondo de mi cartera de devoción desgastada, y es que la atesoraba Dios en el cielo de esa capilla y me la regalo una mañana, cuando despuntaba una cuaresma de la que nunca olvidare el mejor de los regalos, la imagen de su Hijo, el Amor que en otros tiempos a mi lado siempre estuvo, y... es que tanto Él como yo nunca nos habíamos despedido.

miércoles, 2 de julio de 2014

Siempre la misma fe...

Y...es que ante esa mirada, uno se siente sin defensas lógicas. Los argumentos formales, los principios, el orgullo...desaparecen. Las hipocresías, de tantos ...son siempre secundarias ... Entonces uno se da cuenta de que sus miedos no tienen sentido, que estaba equivocado, que ... pero también que momentos como ese se volverán a repetir, quizá de nuevo en la cofradía, pero seguro en cada instante que sepa mirar y le miren, desde el silencio y la fe, con los ojos del corazón, los de Dios, donde el dolor pierde su sentido de muerte. Y la vida nace de la madera bendita de una cruz, del rostro devoto de un Cristo que parece, solo parece, cansado, abatido, humillado... apenado por este nazareno imposible, en una estación de penitencia diferente, pero, siempre... con la misma fe, la misma esperanza y la misma convicción...

miércoles, 25 de junio de 2014

Y a ti...

como te gusta mas "La Perchelera"...

Nunca dejes de mirarla,
y proclama a voz en grito
que la Reina de la Gloria
viene ya entrando por Lirio.
A lo lejos, donde ensancha 
sus márgenes como un río 
la calle acerca sus labios 
para besar cada hilo 
de su manto de clavel 
en el aire suspendido.  
No temas mirar su rostro, 
coronado del gozo vivo 
con que Dios sembró en su Madre 
la esencia del Paraíso. 
Mírala cuando el dolor 
pretenda ocupar el sitio 
de aquella felicidad 
que Dios puso en tu destino.

jueves, 15 de mayo de 2014

Nuestra Pasión...

Y…como el drama de la Pasión se hizo arte, las cofradías de la ciudad crearon la representación emocional más singular y perfecta de la religiosidad popular católica. Drama y alborozo en una sola pieza.
La ciudad y sus callejas podrían ser otra Judea para la Pasión. La sensibilidad del cofrade ciudadrealeño está bien preparada para ello. La luz, el aire, el perfume de la primavera en flor, el deslumbramiento de las plazas y calles iluminadas, los jardines en plena floración, rincones, paisaje. Los arrabales emergiendo como una propia ciudad, algunos extramuros, como un Monte de Olivos capaz de competir con Getsemaní. Todo, riqueza y pobreza, alegría y sufrimiento, hacen de la ciudad escritura favorable, discurso vivo y ámbito propicio para poner en movimiento la palabra evangélica. La ilusión de un pueblo apostólico.
La ciudad es, pues, el quinto evangelista, el testigo de excepción para contar, en imágenes extraordinarias, el esplendor de la tragedia del Hijo del Hombre.
Y María, la Madre, como en una “soleá”, junto a piedras centenarias, apuñalada de Dolor, digna y triste, isla de llanto en la inmensidad de su belleza.
Si, para el ciudadrealeño de raíz, para el cofrade con hondura de esta tierra, barroco él en sus fervores tradicionales, la Pasión tuvo que ser, tenía que ser necesariamente, contada por esta ciudad. Según el cofrade y Ciudad Real quiere verla.


martes, 6 de mayo de 2014

Toda una eternidad

Porque nuestra Semana Santa no es un relato de gradas deslucidas, cortejos calamitosos, tiempos de paso, nazarenos capturados en teléfonos móviles en conductas inconvenientes, discusiones entre hermanos y cofrades, marchas que son sinfonía pura de acordes lanzados al aire de una ciudad azul de Dios, la chicota de un Misterio antes de recogerse... No. Nuestra Semana Santa es esto. Un momento eterno. Como todo lo hondo. Porque la hondura es ir más allá de las cosas. Imponerse a las negruras que llevamos dentro. Rezar en rumor apagado, sin pretender nunca ser oídos, sino solo escucharnos, y cuando la dulzura y el Dolor de la Madre de todo un barrio se filtra por la puerta de la clausura al anochecer de su noche única y se pone al lado de sus gruesos hábitos pardos para dejarse apagar el ascua de luz de su candeleria encendida de fervores y plegarias, con ese hálito de pureza que tienen sus cantos de melodía dulce y celestial… es ahí donde se vive, se siente y se palpa la verdad de la más pura de nuestras devociones, nuestra Semana Santa.

lunes, 28 de abril de 2014