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lunes, 15 de septiembre de 2014

Dolores escondidos en tus manos

Los aires de la veleta que remata la espadaña de Santiago cambian. Y se transfiguran presintiendo algo grande. Por eso el susurro del canto de las hermanas suena como algo grande, por eso esas oraciones que esculpen las delicadas gubias de sus voces se ven prendidas en nuestros corazones. Y sueñan las nubes con golondrinas. Y ese portón que se abre, para dar paso a un llanto sin pañuelo y a una  mirada que no quiere ver la presentida corona de espinas.
Y no se mancha ni la noche en el barrio más castizo de la ciudad, en ese barrio de Santiago al amparo de su Madre. Dolorosa de tu Santiago, esa que en la sequía es manantial, en la  tempestad, calma, en la agonía, paz, en la muerte, vida y qué hasta el corazón me hace alegrar.
Y hasta se muerde el cariño de su barrio en los hierros de sus forjados balcones. Y es merecedora de esos muchos besos guardados solo para Ella durante todo un año, desde nuestros labios, donde las súplicas cimbrean por esa grandeza y por esa verdad que tiene nuestra Madre de Santiago, la de la mirada escondida y bello rostro nacarado.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Y una vez mas el tiempo ante Ti se detendrá...

...se detendrá para aquellos que aun percibimos el tintinear de la bellota de tus bambalinas contra los muros amarillentos del Pasaje, tan solo adornados con la luz de tu candeleria...se parará para los que atesoramos en el bargueño de los ensueños cofrades el canto de las hermanitas a la más señorial y más Dolorosa de las madres...se paralizará para los que nos quedamos con la mirada clavada en el azulado de tu manto, en el fulgor de tu presencia y en el albor de tus faroles de cola…se estancará, el tiempo se frenará para aquellos a quienes la vida quiso poner más escollos de los que ya de por sí tiene para todos, pero el cielo les mantuvo la gracia de ser cofrades en nuestra ciudad y disfrutar de la gracia de parar el tiempo cuando tus manos nos ofreces Madre para besar.

martes, 17 de septiembre de 2013

Un 15 de septiembre cualquiera

Y Santiago... agradecido, todos los días 15 de un septiembre dolorido, cuando la luz del atardecer traspasa los altos ventanales añadiendo claridad a las centenarias piedras de esa rancia Parroquia, pone en las manos curtidas de sus hombres, capataces y costaleros, los hachones encendidos de su oración, la Salve agradecida de sus hijos cantándole a la VIRGEN DE LOS DOLORES con el nombre de todos los nombres de la tierra: El de la EXCELSA MADRE DE DIOS.
Y dicen en el barrio que allí arriba, en los arrabales del Cielo, hay una cuadrilla de ángeles para llevar a la Madre de Dios de los Dolores por la misma Pureza de la Gloria, y este año, cuando también en el Cielo haya una Primavera y florezcan  las nubes y los angelitos muden la blancura de sus alas, un serafín costalero que llegó una primavera desde ese paso  volverá a ponerse bajo las trabajaderas, y el capataz le pedirá otra vez a SEÑOR SANTIAGO las campanas de plata de su torre y vendrán los niños, con las manos llenas de claveles, para acompañar la belleza transparente de su Madre, MADRE DE DIOS DE los DOLORES, en la plaza azul del paraíso.