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lunes, 27 de octubre de 2014

El sentido de la túnica, la verdad del nazareno

Y cuando yo, cada año, cumpliendo el añejo y sentido rito, siento sobre mi cuerpo el tafetán púrpura de basto paño, vuelvo a encontrarme niño y escucho su aterciopelada, cansada y maternal voz diciéndome que esa dignidad nazarena, estirpe y sudario, me la da mi ciudad y por ende mi cofradía para devolverle la alegría a mi corazón, y para comprender que al vestirla dignamente me voy salvando de caer desangrado y roto. Porque ahí dentro, en la negrura de cada Martes del Señor, uno se encuentra con la verdad y todo lo que perdimos resucita. Que así es y así nos parece el milagro de la ciudad en cada primavera. Una fiesta inmensa del espíritu vivo de Dios que lleva dentro cada cofrade, cada ciudadrealeño. Vosotros y yo lo sabemos.

martes, 19 de agosto de 2014

Razones del sentimiento.

Nuestra Ciudad Real de fe, de amor y de poesía. Soñar con estas sutilezas para tratar de purificar en la medida de lo posible ese conjunto de espíritu y materia, imágenes e imagen de lo humano y lo divino.
Y todo ello como una "procesión que va por dentro", todo ello como una "Quincena Santa secreta" que solo durante estos días se proyecta, se hace visible, explota en luz, en color, en música, en incienso, en plegarias, en Salve final y en flor -mágicos dones de esta epifanía veraniega en la Mancha- y se convierte, a su vez, en imágenes e imagen del tiempo, que es nuestra propia historia personal, e imagen de la eternidad, que es contemplación incesante de lo que amamos. Se trata de intentar ver la materia de fe -que de algún modo se convierte en "gracia"-, el sentido de amor -tan vinculado a un cierto conocimiento vivencial de la "belleza"- y ese modo de hacer poesía, no escrita, en la emoción del presente -síntesis de lo vivo y lo lejano, materialidad del sentido organizado en "tradición"-. 
Poseemos, como es sabido, una compleja singularidad estética, una cierta tendencia a sobrevalorar rasgos sensoriales de la religiosidad. 
Y, para que uno pueda aclararse en esa "procesión que va por dentro", grandeza de nuestras vidas, ciudadrrealeño que aun espera de la condición humana algo mas que barro, huellas que inviten a caminar, conviene advertir también que toda esa sensibilidad para interiorizar la gracia, la belleza y la tradición  de lo nuestro es, en Ciudad Real, trabajo de las cosas que hacen mas humano al hombre, impulso y sangre de las generaciones: algo así como el sufragio universal de los que ya murieron, de los que ahora vivimos y de los que aun no nacieron. Nuestra "procesión" interior es el resultado de la voz y el voto de los siglos. La materia elegida para modelar en cada uno de nosotros una imagen del mundo, una imagen del hombre y una Imagen de Maria. 

viernes, 25 de mayo de 2012

Pasión encendida

Y se iluminaba el vacío desde el corazón mismo de la Primavera. Formas que danzan como soles enjaulados que necesitan romper la geometría lineal. Oscilación frenética de la llama. Cofradía en marcha. Toda lógica es inútil entre las filas de cirios y capirotes.

Estamos ante una abundancia sin rival, ante una constante del espíritu barroco que expande su misterioso magisterio estético vinculado al ámbito concreto de una manera de vivir y de sentir las dimensiones lúdicas de esta ciudad, Ciudad Real. Una ciudad que sobrevive en vivencias que van más allá de todas las teorías y que proclaman la liturgia liberadora del Hijo del Hombre entregado a la muerte.

¿Como explicar este juego cíclico de la Semana Mayor de la Cristiandad, en esta nuestra Ciudad, la Real?
Cuanta emoción escondida en la memoria de cada ciudadrealeño y cuanta Ciudad, la Real, concreta en la emoción de cada nazareno.

Y no hay explicación, como no hay espacio vacío en esos altares dorados, platas encendidas o caobas suspirantes que son los pasos barrocos de la Pasión por nuestras calles, de la pasión según los cofrades de esta ciudad.