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lunes, 9 de junio de 2014

Y...Él...

...viene a ti en silencio, como un rayo de luz que con su fulgor te acaricia para impregnarte de fe en la estación de penitencia infinita que te espera.

sábado, 17 de mayo de 2014

Nazareno de la Penas...

Una calle y dos aceras. La noche derrama su palio bajo una negrura incierta. Una silueta firme, rebosante de evocaciones y vivencias recién consumadas va caminando sola. Solitaria y penitente, transitando por el margen de una calle plena, hace nada, por la Pena de su Dios. Segura, arrogante, paso serio y cosa seria, pero para nada descompuesta, que para descomponer sus hechuras  hacen falta ignominiosas burlas, y de eso, sabe ya demasiado, que por los años que cumple, ya ni le queda madre ni siquiera abuela.  Qué más  da  lo que piensen algunos. Qué más da,  si la moda de hoy, se aleja de estos gestos, de esta manera de sentir y vivir la fe. Siempre quedará alguien qué  la viva así, que la arrope, que la acune y que la quiera.
Que los tiempos pasan, que pasen. Que la moda viene y va, y, cuando vuelve, llega con más fuerza. Pero el nazareno sigue caminando, y ni el mismo aire lo retiene. Con paso firme, con fe y sin tristeza. No pretende, ni quiere caer, solo levantarse y proclamar que la Pena de Dios es una realidad y que en pocos días una Pascua vivificadora dará sentido a esa penitencia que entre dos aceras hace unas horas y alumbrando su camino él ha revivido.
 Si lo señalan, que lo señalen, qué más  le da, otra pena  más para su Pena, que ese día llegará, para rendirse a sus plantas, quererlo y servirlo como  Rey de la humanidad. El bien lo sabe y ese bien  hasta lo consuela. Y por todo eso, se viste purpúreo el cuerpo, de azabache  la testa y se ciñe de esparto con correas nuevas. Tiempo al tiempo, y sigue caminando con figura de silencio. Calle arriba, paso a paso sin molestias ni ningún esfuerzo. No hay traspié que lo detenga, se recorta su figura con cortinas de incienso y canela. Se siente majestuoso, sin trémulos pensamientos que llegan.
Y sigue caminando, que nada ni nadie lo detenga. Paso firme, figura inhiesta. Tiene  que  cumplir su penitencia, y en eso es lo que piensa. No va descalzo, no. Ni recorrerá otros caminos que no lo entiendan. Porque la disciplina es él mismo, es linaje y es bandera.
Y siguió caminando, meditando una y otra vez sus pensamientos, llegó. Llegó al final de su estación, de su cita con Dios y con su Pena y rezó, rezo todo lo que quiso pretendiendo aliviar el peso de una cruz que al Calvario lo lleva.
Y se llenó de escalofríos, para fundirse en la madrugada y en la plazuela del suspiro. Luego se escuchó otra voz que salió de entre el olvido. Sonaron cantos quedos  cortando  el silencio como aleteos silenciosos de angelitos, la noche se columpió  en el aire con aroma de lirios, vainilla, canela y el de las flores de una clausura perfumada de  jacinto.
Ha llegado de nuevo al Carmen tu Pena, Silencio Dios mío en la soleá de las noches de Martes con luna llena.
Y siguió el nazareno meditando sus penas, avanzando en sus pazos, la voz no llegó al silencio. Continuó  con majestuosidad su camino, nazareno del Señor de las Penas.

viernes, 16 de mayo de 2014

jueves, 15 de mayo de 2014

Nuestra Pasión...

Y…como el drama de la Pasión se hizo arte, las cofradías de la ciudad crearon la representación emocional más singular y perfecta de la religiosidad popular católica. Drama y alborozo en una sola pieza.
La ciudad y sus callejas podrían ser otra Judea para la Pasión. La sensibilidad del cofrade ciudadrealeño está bien preparada para ello. La luz, el aire, el perfume de la primavera en flor, el deslumbramiento de las plazas y calles iluminadas, los jardines en plena floración, rincones, paisaje. Los arrabales emergiendo como una propia ciudad, algunos extramuros, como un Monte de Olivos capaz de competir con Getsemaní. Todo, riqueza y pobreza, alegría y sufrimiento, hacen de la ciudad escritura favorable, discurso vivo y ámbito propicio para poner en movimiento la palabra evangélica. La ilusión de un pueblo apostólico.
La ciudad es, pues, el quinto evangelista, el testigo de excepción para contar, en imágenes extraordinarias, el esplendor de la tragedia del Hijo del Hombre.
Y María, la Madre, como en una “soleá”, junto a piedras centenarias, apuñalada de Dolor, digna y triste, isla de llanto en la inmensidad de su belleza.
Si, para el ciudadrealeño de raíz, para el cofrade con hondura de esta tierra, barroco él en sus fervores tradicionales, la Pasión tuvo que ser, tenía que ser necesariamente, contada por esta ciudad. Según el cofrade y Ciudad Real quiere verla.


martes, 6 de mayo de 2014

Toda una eternidad

Porque nuestra Semana Santa no es un relato de gradas deslucidas, cortejos calamitosos, tiempos de paso, nazarenos capturados en teléfonos móviles en conductas inconvenientes, discusiones entre hermanos y cofrades, marchas que son sinfonía pura de acordes lanzados al aire de una ciudad azul de Dios, la chicota de un Misterio antes de recogerse... No. Nuestra Semana Santa es esto. Un momento eterno. Como todo lo hondo. Porque la hondura es ir más allá de las cosas. Imponerse a las negruras que llevamos dentro. Rezar en rumor apagado, sin pretender nunca ser oídos, sino solo escucharnos, y cuando la dulzura y el Dolor de la Madre de todo un barrio se filtra por la puerta de la clausura al anochecer de su noche única y se pone al lado de sus gruesos hábitos pardos para dejarse apagar el ascua de luz de su candeleria encendida de fervores y plegarias, con ese hálito de pureza que tienen sus cantos de melodía dulce y celestial… es ahí donde se vive, se siente y se palpa la verdad de la más pura de nuestras devociones, nuestra Semana Santa.

lunes, 31 de marzo de 2014

El corazón puesto en el atril...

Con los compases del Himno Nacional resonando en el Quijano, Ciudad Real abre la cuenta atrás de la consagración de la primavera. El pregonero nos ha deleitado con una teoría completa, ética y poética, de la “Pasión según los cofrades de Ciudad Real”; es decir, la plena floración de la Fiesta Mayor de la ciudad, el estallido de la luz que hace del dolor su gozo, que convierte la meditación en lirismo, desbordando los límites de la razón y de la lógica.

Foto extraída del blog "El Incensario"
Los cofrades hemos vivido este pregón. Ha sido ese grito que nos ha despertado, que nos ha puesto en pie de transfiguraciones rompiendo las rutinas y deshaciendo las normas habituales. Todo parece distinto en estos días, los rostros, las calles, las relaciones personales, el mediodía y la medianoche. Incluso las formas cotidianas de actividad son distintas, afectadas de reacciones y situaciones insólitas, de horarios diferentes, de conversaciones ajenas a la temporalidad. Un lenguaje único y extraño para los ajenos a nuestras cosas ira renaciendo en miles de cofrades, como si la historia saltara por encima de la historia, sin que nadie sepa muy bien a qué momento se refiere cada uno, porque cada cofrade tiene su propia historia de la Semana Santa, su propio pregón y su íntima y secreta consagración de la primavera.
El pregonero ha tenido, en su voz, todo lo nuevo y todo lo viejo de su propia vivencia cofradiera. Su infancia entera ha estado allí, puesta sobre el escenario de un teatro, a embocadura abierta, con la sangre heredada de su gente, sus recuerdos, su intransferible experiencia manchega y toda la singularidad de los sentimientos y pensamientos que la conformaron.
Por eso son posibles pregones como el de Jesús, porque es vivencia pura, experiencia e historia personal, porque es visión de dentro a fuera, porque cada una de sus Semanas Santas han sido distintas, y la de “hoy” será distinta de la ayer y, posiblemente casi no tenga nada que ver con la de mañana. Y esa experiencia de “presente eterno” resulta entonces mágica e inagotable, crece en nosotros en progresión geométrica y nunca se termina ni aun después de finalizar el sueño lírico de nuestro pregonero.
En esto radica la grandeza y la gracia de la Semana Santa y su pregón. En esto se sustenta la necesidad del pregón. Ese aldabonazo de un hombre verdadero y cabal, que ha puesto sobre los pies todas las trabajaderas ocultas en lo más auténtico del alma del cofrade.
Gracias una vez más Jesús, por llevarnos con tu palabra, con tu sentir y con tu corazón a lo más hondo de nuestra más verdadera y pura devoción: el Amor a Dios y sentir su presencia entre nosotros, regustándonos con tus palabras que nos llevaron de la mano a pasear por las calles de nuestra ciudad en su Semana de Pasión.