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miércoles, 3 de diciembre de 2014
lunes, 10 de noviembre de 2014
Fervores, Penas que traspasan la vida
jueves, 30 de octubre de 2014
En la intimidad...
De un tiempo a este parte, ando inquieto por mis sentires. Son incontables las preguntas sobre el sentido de mis más entrañables devociones, y pocas las respuestas, tan pocas que no ceso de meditar, tan baladíes que no me dejan sosegar mis latidos. A estas horas, hoy por hoy, he esbozado en mis adentros y de mil maneras distintas esa imagen que serene mi ferviente sentir, y al presente lo único que me alivia es vagar por la ciudad al desplomarse el sol y anhelar como nuevo amanecer y faro el brillo de sus inundados fanales de lágrimas, al aliento de una pausada y aromada de su belleza, ráfaga de aire.
De esta guisa a Ella confío mis huellas y mis sendas mustias al amparo de un ocaso de pátinas amarillentas, con el convencimiento de que se ha tornado en el puntal de salvación al que amarro la soga de mis piedades desde hace algunos años ya, tantos como gotas de manantial resbalan por su afligida cara, teniendo siempre presente que me puede guiar donde Ella desee, estipule o disponga, y, últimamente siempre me detiene, aunque solo sea un instante, ante su casa, su estancia repleta de ángeles. Una vez allí, voy al encuentro de la quietud de su augusta presencia, ante la cual solo se susurrar una humilde y callada plegaria, rozo sus dedos para percibir el calor de su sagrada piel, aferro con ansia el rumor de sus decires para continuar percibiendo su tristeza de lejos… Y al marcharme de aquel retazo de cielo, me echo al hombro el hatillo de mis más hondas devociones repleto de calma y tranquilidad, y hasta las importunas tribulaciones se alivian ante su imagen, rodeada siempre de un halo visible de querubines que guardan con amoroso celo nuestra fuente inagotable de Salud.
Sin duda no hay como estos momentos íntimos, solos Ella y yo, tú y Ella, para poder sentir su fuerza, su grandeza en toda su plenitud, y me sirve para darme cuenta de que está omnipresente en mi boca, y en mi boca es donde Ella continúa haciéndose presente. Es un modo personal, íntimo de buscarla, de requerir su auxilio, de tender mi mano para que pueda asirme a la ternura maternal de su brazo. ¿O es que alguno de nosotros no hemos rezado ante la belleza sagrada de una imagen, o no hemos puesto en manos de un perfil de la Madre de Dios cincelada en una medalla todas nuestros pesares y amargas duquelas? ¿Cuántos de los que aquí estamos no rogamos a cualquier conocido, amigo, vecino, que si transita, aunque solo sea próximo a donde este Ella pida por nosotros?… y es que muchas veces los ánimos nos abandonan para seguir teniendo algo de fe, de convicción, de esperanza. ¿Cuántos de nosotros no precisamos vislumbrar para creer, exigimos palpar para conmovernos, necesitamos percibir para entender?
Creo firmemente y sé que el auténtico Dios está en el centro de lo más íntimo de nuestras iglesias, resplandeciendo en el Sagrario y no en un grabado sobrepuesto en la cerámica que aguanta humedad en invierno y se ensancha al retornar el verano. Muchos desearán y me insinuarán que vaya a descubrir a Dios donde justamente ellos lo desconocen. Numerosos serán los que callen cuando les escriba que no preciso tenerlo delante para que se haga presencia viva en mí,… y es que profeso la fe en ese Dios que constantemente y cada vez que he ido a buscarlo me ha despejado y abierto de par en par los postigos de sus oídos sin ostentar una sola traba, sin clausurar ninguna puerta, sin fijarme ningún horario. Tal y como en tiempos difíciles me confiaba al crucifijo sin rostro que dormía sobre un cabecero de alcoba, oratorio íntimo, hogareño, de ya lejanos y añorados tiempos; como cuando no se encuentra el norte y bajo su mirada de Salud cautiva hacia la luz de la salvación te guía; o como cada noche hago cuando beso su estampa, Señora de la Salud, suplicando salud para los míos… Orar celadamente, ¿tú no lo has practicado tan solo una vez? Te sugiero que cada día musites oraciones con Ella, en la intimidad de la soledad.
jueves, 9 de octubre de 2014
La grandeza de nuestras pasiones
Te extraño tanto en la liturgia de la media luz... a solas, mientras, el frío y el albor que está por llegar sacuden las almas y despiertan nuestras más enraizadas y emotivas rogativas, me reconforta desenterrar que yo sin más, he alcanzado a soportar un ascua fugaz por el mismo trayecto por el que Tú fuiste llevando día a día todas mis suplicas y cansadas cruces. No me veo en el reflejo de mi oscuro espejo, no me alumbra la luz de tu escondida y sin par mirada, claridad en mi enlutada historia. Pero pronto una túnica de tafetán cárdeno en la plaza, volverá a perdonar mis pecados. Y me consolara en esta vida y en su muerte, dejando mi devoción a la intemperie.
domingo, 5 de octubre de 2014
Frente a tu casa
Es en ese justo suspiro del tiempo, ese en el que la gracia de Dios pellizca con suspiros de una devoción que nos rebosa el horizonte de nuestra vida, cuando Ella se recoge en sus aposentos, buscando resguardo en su oratorio sagrado, entre el vecino tañido de las campanas, el frío del mirador tantas veces rezado de su ventana o el reposo de algunas palomas agotadas de cruzar la bóveda celeste de su mirada; camarín entre bocacalles que guardan plegarias vespertinas o zaguanes enquistados de la sentida verdad de sus hijos que la alaban; oratorio entre arrebatos de fervores o corazones ceñidos a la soledad. En ellos, que frente a tu camarín su fe derraman se puede leer la historia de nuestra ciudad, esa que se escribe con el agua que un día regó el vergel de tu Prado, la que se escribe con la sangre de los negados, con los besos que en tu mirador quedan salpicados, con los sueños de los impulsivos; en ellos se descifran nuestras tradiciones, nuestras leyendas, esas que trazaron nuestros mayores y los de estos, antepasados que forjaron una fe que les amparaba en sus mil batallas, esas que se quedaron a dormitar en los escudos de piedra en contra de los tiempos, esas que el tiempo modela con los años. En ellos se puede reconocer el arte, esa gallardía que el universo quisiera para sí cada vez que la melodía de tus campanillas desgarra en quejíos los envidias y recelos de la luna al asomarse y ver tu cara tan pura.
sábado, 6 de septiembre de 2014
viernes, 25 de julio de 2014
Patrona, Reina y Madre
Prepárense “culipardos” porque en poco más de dos semanas bajara de su camarín para las fiesta de “hogaño”, y como no, de nuevo a escucharnos.
jueves, 17 de abril de 2014
85 primaveras
No puede dejar de estar aquí. Ya no puede hilvanar una túnica nazarena. Y, sin embargo, cada primavera, fiel a su cita con el tiempo, que le pone otra añada mas de nostalgias, y con sus devociones, que le invaden casi al unisono...Una tristeza que arruga su semblante y una ilusión como recién estrenada, como la de esos revoltosos monaguillos rodeados de sus padres, que antaño llenaban de una luz de amanecida sus ahora cansados ojos... Divaga en cortos paseos su nostalgia.
No puede dejar de estar aquí. Mira quedamente al paso recién encendido.
Nunca dejara de estar aquí, ante sus ojos un sordo crujido le descubre que el paso se ha arriado justo a su lado. Una mirada de alegría se abre paso entre los antifaces. Las lagrimas vuelven a brillar, contempla a la Virgen, reza sin palabras. Diría que la llama, se siente vivir en presencia de su Dolor.
La procesión se aleja, pero en las entretelas de sus sentidos percibe que no se queda allí, que va con ellos haciendo una mas de su particular estación de penitencia.
Son los abuelos, la importancia de los abuelos para mantener y realzar nuestras raíces, nuestras mas hondas devociones.
Nunca dejara de estar aquí, ante sus ojos un sordo crujido le descubre que el paso se ha arriado justo a su lado. Una mirada de alegría se abre paso entre los antifaces. Las lagrimas vuelven a brillar, contempla a la Virgen, reza sin palabras. Diría que la llama, se siente vivir en presencia de su Dolor.
La procesión se aleja, pero en las entretelas de sus sentidos percibe que no se queda allí, que va con ellos haciendo una mas de su particular estación de penitencia.
Son los abuelos, la importancia de los abuelos para mantener y realzar nuestras raíces, nuestras mas hondas devociones.
lunes, 25 de noviembre de 2013
lunes, 12 de agosto de 2013
Ante una puerta...
...por donde pasan mis recuerdos de Ciudad Real, se introduce en mi corazón ese gusanillo de las discordias hondas, la emoción de las contradicciones y los contrastes, cara y cruz del pasado y del presente, realidad y deseo del esplendor ciudadrealeño, infancia y juventud, el ayer entrañable y el hoy extrañado y maduro de las experiencias ya vividas o que se están viviendo.
Estoy a solo unos metros de Ella y es curioso como, aun con la cercanía, se rebrinca la memoria y todas aquellas emociones que en su día me parecieron escuetas, frágiles, e incluso provocadas circunstancialmente por un momento y ambiente concretos, se levantan años después borrando indiferencias y extrañezas de la voluntad, para dejar tan solo lo mas univoco de su contenido, el sentido mas puro y la emoción descifrada.
Así también, estos recuerdos, testimonios y meditaciones en torno a las mas hondas y arraigadas devociones de mi ciudad, vividos muchos de ellos en situaciones muy diferentes y en lugares y fechas que abarcan un amplio espectro de mi propia vida. Lejanías exteriores y exilios interiores marcaron mas de cuarenta años de mi condición nunca negada de ciudadrealeño aunque siempre en difícil "ciudadrealeñia", especialmente con los advenedizos y con los que, desde dentro, hicieron dejación de ese elegante sentido de la medida y de la mesura, inteligente y universal, de Ciudad Real y sus devociones.
Así también, estos recuerdos, testimonios y meditaciones en torno a las mas hondas y arraigadas devociones de mi ciudad, vividos muchos de ellos en situaciones muy diferentes y en lugares y fechas que abarcan un amplio espectro de mi propia vida. Lejanías exteriores y exilios interiores marcaron mas de cuarenta años de mi condición nunca negada de ciudadrealeño aunque siempre en difícil "ciudadrealeñia", especialmente con los advenedizos y con los que, desde dentro, hicieron dejación de ese elegante sentido de la medida y de la mesura, inteligente y universal, de Ciudad Real y sus devociones.
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