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miércoles, 4 de marzo de 2015

Dialogo de Amor

¿Quien lloro por el cauce de tu senda?... En la lenta agonía del Viernes el dolor exagerado de su Quinta Angustia aumentara el nivel del crepúsculo, llenándolo de gravedad jadeante. Su Angustia embellecida por la tarde de los Remedios alcanzara el desmayo incontenido cuando aparezcan las primeras luces en el terciopelo del cielo, transcurriendo por la Merced, difuminadas las luces claras, apegados al costero del paso, se ira descifrando el porque de ese llanto irrepetible entallado en la excelsa figura de Virgen nacarada. ¿Cuantos Viernes, cuanto tiempo lleva esta Madre llorando, anegando de soberanía destrozada a los Remedios y a la ciudad entera, que dialogo de Amor se deja entrever con su Hijo? De la Catedral a su capilla el Amor llena todo el hueco de la noche y el vacío figurado de dolor que ya no duele, de llanto que ya no moja. Rayando la madrugada se acerca temblorosa la luz de su paso imponiendo el orden de la plenitud y el goce. Prende el paso en nuestra mirada todo el dialogo maternal de la Virgen, dominando todo el aire vagamente el eco bruñido por la plata. El divino conjunto, ya de recogida, nos llamara en definitiva a los cofrades de gusto refinado al orden de la gloria sin tiempo y sin espacio razonados. Cuando el paso se pierda irremisiblemente, recordaremos la intensa verdad de los poetas...y es que esta noche del cielo nunca se debería acabar...

viernes, 27 de febrero de 2015

Un Amor a duerme vela...

Y, como la tragedia se hizo inspiración, arte efímero, las cofradías de nuestra ciudad concibieron la representación apasionada más imponente y bella de la devoción popular católica. Drama y regocijo en una sola estampa. Los Remedios y sus halos podrían ser otra Judea para su Pasión. La sensiblería de sus cofrades está bien presta para ello. La luz…Su Luz, el aire…Su aire, la fragancia de los naranjos que embriagan una plaza inundada de Amor, el pasmo de belleza del entorno, las calles, las plazas, los jardines que rezuman primavera, rincones que evocan el paso de una cofradía… Un barrio que emerge en el corazón de la ciudad, intramuros, como un Gólgota capaz de rivalizar con el mismo Calvario… Las cofradías, serán, pues, el quinto evangelista, espectadoras de privilegio para contar, en imágenes asombrosas, el boato del drama del Hijo del Hombre.

miércoles, 30 de julio de 2014

El Amor que nunca se acaba...

Descendían el cuerpo sin vida del Amor… por su arrabal…al amparo de las murallas reposadas de su oratorio y allí estaba Ella para arrullarlo, para susurrarle, para quererle, para amarle. Y…allí estaba yo. Coloque la cámara en la zapata y sobre un Gólgota en un paso recreado, me encandile con la escena matizada de claroscuros en la que se acrecienta toda la crueldad de la tragedia. El Amor de Dios llagado, lanceado y con las potencias irradiando su gran poder se precipita, desciende sobre los claveles de su paso. La cuaresma en la ciudad aún estaba viva. Imágenes grises de aflicción para borrar la sangre de su materia mortal, misericordia para una Madre. Mientras por el cielo de los Remedios, bohemios de nuestra tierra tiñendo las emociones del Viernes Santo. Esta foto nunca debería haber estado en mi cámara, ni en su tarjeta de memoria, ni en la guantera de mi coche ni en el fondo de mi cartera de devoción desgastada, y es que la atesoraba Dios en el cielo de esa capilla y me la regalo una mañana, cuando despuntaba una cuaresma de la que nunca olvidare el mejor de los regalos, la imagen de su Hijo, el Amor que en otros tiempos a mi lado siempre estuvo, y... es que tanto Él como yo nunca nos habíamos despedido.

lunes, 13 de febrero de 2012

Presentida Primavera...

Acá, casi en la cercanía, Señor, el jardín del convento del Carmen y sus hermanas Carmelitas se ha hecho canto a la vida: luz, verde, trinar de las aves, clausura alegre, y el espíritu de Santa Teresa, tan cultural como conventual, proclamando que la clausura no es cárcel en la sin igual primavera de la ciudad. Ya, Señor, han roto en blanco y perfume los almendros. Ya se ha hecho alegría el Prado cercano y claro, reducto de grandeza bien entendida y mejor respetada, recuerdos de mi infancia, donde comenzara a madurar la fe lejos de la mantenida tristeza castellana que acabara contagiando una talla sin embargo excelsa, amada y comprendida, La Morena del Prado que en su camarín se alza como Reina indiscutible de tan Real Villa. Sí, Señor, he cruzado por esa riada de alegría y vida que es la ciudad en estas vísperas del gozo, y llego aquí y ¿Qué me encuentro, Señor?: oscuridad y silencio; tu cuerpo que pende de la Cruz sin halito de vida. ¿Es esto una derrota Señor?, ¿es un castigo?, ¿la vitalidad de la calle es un engaño? No me contestes, Señor, me quiero contestar a mí mismo, Tu continua con la sabia elocuencia de tu silencio que a buen seguro es una respuesta confortadora. Tu cuerpo yacente y sin vida en principio no sería más que la figura de nuestra sociedad. Una sociedad a la que tras el oropel de la alegría le han matado la moral y el espíritu. Hay, a que dudarlo, quienes se han empeñado en enterrar, como si te enterraran a Ti, la realidad de las raíces cristianas de la vieja Europa, que han conformado a través de los tiempos una sociedad con defectos, como todo lo humano, pero bajo el primado de unos principios morales en absoluto confundibles con una forzada confesionalidad social.

domingo, 22 de enero de 2012

La ciudad del Amor

Altar Quinario año 2004 (7 de Marzo de 2004)
He vuelto a tus pies Señor, como un simple y atribulado devoto atraído por el Amor y la Misericordia que inundan ahora esta capilla, al cabo de tanto tiempo. Algo más de un  lustro me devuelve a la ilusionada juventud que siento no haber perdido nunca, a buen seguro por tu discreta ayuda en la salud, en el trabajo, en el espíritu y en la familia. Puede sonar pretencioso, pero me siento como en mi casa. ¿ Que elixir extraordinario destila tu atravesado costado que libado por tus cofrades y devotos hace de esta capilla una casa familiar donde recibes con los brazos abiertos? De esta casa, de esta familia, he recibido mucho para lo poco que yo he aportado. Si ya se, Señor, con tu silencio elocuente me contestas: Tú eres Amor y el Amor bien entendido es dar sin esperar, amar sin esperar ser correspondido intentar hacer felices a los demás sin esperar que nos devuelvan el mil por el uno de la felicidad. Si, Señor, ese elixir maravilloso eres Tú mismo, el Amor en esencia que todo lo hace felicidad en compartir. Lo he comprendido en el mudo y elocuente discurso de tu muerte, y por eso Señor de nuevo estoy aquí a tus pies, después de tanto tiempo. Ya en esta época, Señor, discurrir hasta los Remedios sin distraernos por la ciudad que espera con anhelo de felicidad la ya presentida primavera que este año se enseñoreara de la misma a la vista de tu rostro aireado por el andar costalero, parecería un acto de notable irreverencia. Ahora, la ciudad en el umbral de su fiesta más compartida y convivida, de su Semana Santa, se nos antoja como un capricho nacido a la vida desde las aguas recreadas en la escultura donde todo comenzó, como una imagen creada por una incursión interior  de la rancia brisa medieval nacida en las entrañas mismas de esa alusión a Pozuelo de Don Gil. La ciudad se hace flor que parece salida de los versos de Fernando de Rioja; flor intocable y cambiante; flor duradera y perenne, que en cierto modo se apaga en la húmeda invernada para convertirse en un ser polifacético pero profundamente depresivo en todos sus aspectos, y que en esta época finalmente se abre como origen del amor y de la vida, en una estación única y permanente de un paraíso terrenal que parece nunca se mancillara. . Sí, Señor, antes de llegar aquí he vivido el momento único en que Ciudad Real se ha convertido en la ciudad reina del Amor, de un Amor de color de cielo imposible en la paleta del más genial de los pintores, desconocido del natural arco iris.