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lunes, 4 de mayo de 2015

La ciudad de las reales realidades...



En este efímero momento, huidizo y sutil hálito de viento que es el tiempo, ahora más que nunca, ansiaría que mi retórica pudiera echar anclas en los sentidos de los que solamente intuirán el negro sobre blanco de estos trazos sin pericia alguna. Desearía que mis palabras fondeasen en aquellos que no han logrado saborear ese aire pleno de  Amarguras tras un manto azul, cielo del perchel en la inigualable anochecida del viernes dolorida…en los que no las descubrirán en esta vida, porque lo eminente que contemplarán serán las puertas del Cielo y percibirán sus campanas como toque postrero. Ambicionaría se aferrasen a los que no distinguen por qué nos gusta tanto el arranque siempre valiente de un Misterio o de un palio bien “llevao” , o el escogido repertorio que la Soledad pasea por San Pedro con gracia y siempre a compás…querría que fondearan en aquellos que nunca oirán las bambalinas de la Esperanza, resonando contra las paredes vetustas, sabias de un pasaje, tan solo engalanadas con la luz de la candelería de Su paso, en ese lapso de la noche en que reaparecemos en tiempos pretéritos y meditamos viendo encaminarse hacia la gloria del Carmen a la hermandad de la Penas, a compás de los versos que deja en el aire el rachear del Señor sobre costales… y nos quedamos solos, pisando el suelo que un momento antes anduvieron Sus costaleros, siguiendo a Dios hasta su anhelada y pretendida casa, consumiendo el día que estuvimos esperando todo el año y se nos ha escapado de la memoria sin darnos cuenta…y hacer vibrar las almas de los que viven en un mundo de silencios, cuando una campana seca, destemplada y pausada de un muñidor que anuncia cortejo fúnebre de otra época, y lo que ya se nos escapa es la semana entera que sirve de excusa para el resto del año. Una Madre con Su Hijo en brazos, exánime por Amor, transita las calles agotadas del bullicio, un duelo en silencio por San Pedro y una ciudad por testigo…anhelaría hacer llegar mis palabras a los que no conocen cómo es el silencio de la espera de otra Plaza de Santiago, después del dilatado aguardo, cuando seis ciriales doblan la esquina de la antigua Casa Madre, confirmando que la más hermosa y autentica Estación de Penitencia esta a punto de dar la revirá madre de todas las revirás y plantarse frente al monumento que las hermanas nos ofrecen para rezar, meditar y creer en lo que es la Verdad.
Pretendo llegar a aquellos que desdeñan el crujido del leño del Crucificado de la Piedad, tan muerto que todo en torno a Él llama a la muerte, Calvario inmenso de negrura que cruza la ciudad entre Amor, Angustias o la cercana esperanza de la Resurrección…o el tintineo de las bellotas del Ave María, transida de dolor, el de los angelotes de plata de la Señora del Consuelo, que perfuman la trasera de su paso, loza fina en su andar por el pasaje, final del sueño de una cuadrilla con arte, el chasquear de los hachones del que fue juzgado y muerto de la peor de las maneras y en su hermandad le dieron la Muerte más Buena, los cánticos de las Hermanitas a la más Señorial y más Dolorosa de las Madres en su casa perchelera, el silencio de los borlones contra los varales de la más Dulce Virgen que engendró el Pan…última Cena del Señor, el de los rosarios en Sus manos meciéndose a compás, tan a compás como el sueño que dibuja un paso en azulado y marfil de un Domingo de Ramos que sólo existe en una calle, barrio de los Ángeles de un Dios Cautivo y de Salud salvado, el redoble particular de Santo Tomas, los solos de cornetas de Virgen del Prado y nuestra agrupación que marcan un sello de calidad, la voz noble, sin más, de las viejas dinastías de capataz, de Juan Carlos Naranjo mandando a su Virgen, de nombre Consuelo que embelesa en su andar, la de Fran Muñoz y sus hermanos, Pablo y Jesús llamando a su gente de canela y clavo gladiadores del Cautivo, para romper en su recogía delante de una Madre de piel canela y mantilla fina de encaje, la de los Abenza señorío y compas, cánones de antiguas cuadrillas asalariadas y caminar por derecho, Soledad y Penas al frente, pausado y alargando la “zanca”…pam…pam…pam…pam, nos cortan el aliento su caminar… Les chisteo a los que de ningún modo repararán en cómo se desbarata una marcha cuando la banda nos sobrepasa y nos  deja atrás, muy atrás, contraponiendo la disposición de los instrumentos, mientras se diluye la espera y permanecemos en la contemplación imponente de un manto, una corona y unos candelabros de cola que incendian los bordados y los doran.
Y como no, siempre me tengo que dirigir a los que todos los años iluminamos su Pasión, nuestra pasión a través de un cristal, estorbándonos en las mismas bocacalles, saludándonos en los mismos rincones, disfrutando en las mismas esquinas del arte, a la justa hora, viendo y viviendo las mismas cofradías que nos enamoran, a los que disfrutan de este universo portentoso de la mano del padre o de la madre, o a los que una vez al año ven pasar a su Dios cerca de su casa y bajan a su encuentro para disfrutarlo y rezarlo, como esa mujer de cabellos níveos, que Miguel retrata magistralmente, las abuelas son como la Virgen que nos cuidan y nos quieren, y además reparten ilusiones para todo un año y hacen que recobremos  la esperanza y el anhelo de una nueva primavera con la fe y la devoción transmitida a través del brillo de la mirada más limpia y transparente de toda la ciudad, la de su Cautivo de los Ángeles y la Salud de los suyos como primoroso estandarte…
Y…es ahora, a través de estas torpes palabras cuando quiero hacer llegar y que calen en sus sentires más hondos a todos aquellos a quienes esta vida necesitó colocar más escollos de los que ya de por sí encierra para todos, pero Dios les salvaguardó el gracejo de ser cofrades en esta nuestra ciudad, la ciudad de las duras y reales realidades…

sábado, 18 de abril de 2015

La semana siempre revivida...

Letra por letra, todo esto, estaba escrito ya desde hace algún que otro tiempo en las costuras de mis entretelas, pero no hallaba la ocasión para asomarme a los ventanales de los sueños y dar rienda suelta a mis más hondos e íntimos silencios. Quien lo redactó en mi alma y lo cincelo en mi corazón se fue volando, zarpó –como fervorosa y fiel devota carmelita-  presurosa para preparar esa espera que siempre parece infinita… Exhortada por esa consideración revestida de desvelo, que se torna en impaciencia y se revela en cálida explosión de luz, color, sabor, olor, fe, oración…que, a todos los que destilan y despiden su luz les invade cuando la primavera acompaña su presencia. Es la gloria de nuestra esperanza y esa remembranza de auténtico regusto a calles perfumadas, a iglesias de altares de cultos invadidas y enseñoreadas,  y ese siempre presente aroma a Dios fresco, recién implorado, inmaculado que… no tiene nombre. Auténtico sabor, que solo lo encuentro en el recuerdo y en los sueños que se repiten desde niño.  Y…es que Él y Su Madre lo son todo…son compositores de nuestros sueños, escritores de cuentos que nos adormecen y al abrigo de Su corazón, hombres y mujeres cofrades, cristianos de bien, nos sueñan y nos quieren siempre junto a Ellos…son pregoneros de la dura lucha del día a día de nuestras vidas, decidores de versos y oraciones aprendidas, que al recitarlas dejan en la boca sabor a sangre presentida y dolor en una pasión de siglos transmitida. Y es que en estas tradiciones y devociones heredadas se viste la hechura de postinería de bronce antiguo… Y es que son Ellos, los que poseen la gracia, esas soberanas maneras para subir a esos confines azules que no son más que la gloria que esperamos alcanzar desde esta lastimera tierra que huele demasiadas veces a podrida. 
Se nos fue volando la semana de los sueños y las vivencias, una nueva espera para que el cielo se vista de estrellas, para que el niño golpee el tambor a compás y con fuerza… para que tus ojos escondidos Madre, nos traspasen con su mirada, y rompan en lágrimas antes que entre un nuevo Viernes de dolor y muerte presentida, y temblores de cielo y tierra se aposenten por las esquinas.

miércoles, 8 de abril de 2015

Revivir lo vivido...

Y...el tiempo parecerá detenerse, amanerarse, demorarse en ese anunciado desenlace ya cercano, posarse en la gracia de un palio que se aleja, aquietarse en la elegancia de una cofradía...que sabe y que huele a eso...a cofradía... y, antes que nos demos cuenta nos hallaremos ante la mas hermosa de las Soledades, otra de las Reinas de la ciudad, para guardar en ese valioso cofre que el cofrade recela en lo mas hondo de su alma las ultimas vivencias de una semana arrebatadora.
Cuando entre la virgen de la Soledad solo quedaremos nosotros, habrá que esperar otro año para vivir el milagro de la presencia viva de Dios y su Bendita Madre en las calles y plazas de nuestra ciudad. Nos quedara el recuerdo, porque -al igual que la energía- la Semana Santa no se pierde, solo se transforma, y nos queda con la apariencia de la nostalgia de lo vivido, con la hechura del repeluco al recordar aquel instante soñado y ya por siempre recordado, con la imagen de las evocaciones en la cabeza y el pellizco de la emoción en nuestro corazón...

domingo, 29 de marzo de 2015

miércoles, 25 de marzo de 2015

Las horas aceleradas...

Cuando...poco más allá del mediodía del viernes de los sueños por estrenar, tintinee la “Salve Regina” en los adentros de Santiago, estaremos en el umbral, en el inicio del idilio con los sentidos, en el principio de compases de ensueño que nos pellizcaran en lo más profundo del alma, en el preámbulo arrebatador que a impulsos de airosas levantas pondrán en vilo nuestro corazón de emoción acelerado, en el génesis de la causa, de las raíces que emocionan a miles de lúcidos que han plasmado en este delirio su modo de vida...dará comienzo el fin de la añoranza, el hálito que da valor a los vestigios de los desánimos.
Empezaremos a vaciarnos el alma para volver a llenarla de ofrendas, de tribulaciones, de duquelas, de miserias; de ilusiones, de gozos, de consuelos, de motivos por los que rezarte, de causas por las que siempre tengo que quererte, de temples, de compases al son del tintineo de tus varales…y, es que, muy pronto, comenzaremos a sentirnos un poquito más felices, empezaremos a vivir en cofrade, de acompasadas maneras para pararnos, y sobre los pies en cada esquina Madre, rezarte…

jueves, 19 de marzo de 2015

Los días iluminados...

El cofrade tiene sus tiempos perfectamente organizados en las revoleras más hondas de su ser...su caligrafía de la ortodoxia, sus rincones del espíritu y de la materia, sus días vitales que siempre están más allá de cualquier razonamiento. Los que ignoran este, su código sentimental suelen también encontrar grandes dificultades para adentrarse en su estructura comunicativa. Resulta difícil captar la identidad popular, propia, única de este grupo de fieles, mas si cabe cuando se intenta arrinconar la raíz del rito, se intenta esconder la gracia del boato... Y…es que, para ellos, un rito es, todo lo que circunda sus realidades devocionales. Un rito es acudir cada viernes del año a la llamada del Señor y un rito es guardar silencio cuando de madrugada su cruz arrastra. Un rito es esperar a que aparezca Su figura encorvada en la ojiva de San Pedro enmarcada y un rito es contar los días de la larga espera al revés, hasta el domingo de su Pasión, prologo indiscutible de la Semana Santa.
Esta es la perspectiva cofrade no del tiempo como utilidad, sino del tiempo como milagro en que cada cosa se produce a la manera de un regalo de lo puramente suntuoso, la manifestación graciable del sentimiento de estar vivo. La ceremonia de la Gracia.
Ese domingo que anuncia la ya deseada y anhelada primavera es, para los cofrades, como esa gracia anunciadora de que ya estamos en la metafísica de la emoción. Y este anuncio es por tanto algo que se nos da, un don, un regalo que supone la superación del tiempo utilitario y cotidiano. Así, el Domingo de Pasión se entraña en nuestro ser, queriendo o sin querer, consciente o inconscientemente, con una fuerza ritual incambiable. Y además, sencillamente, como algo que llevara siglos circulando en la sangre de las cosas, porque sí. Por eso no hay calendario capaz de explicarlo ni de modificarlo.
Y cuando baja de su altar el Nazareno, en la hora, en el día exacto en que el jueves empieza a tornarse de morado, la ciudad, sus cofrades, saben que hemos entrado ya en el surtidor de sus días iluminados.

lunes, 16 de marzo de 2015

Donde habita el Amor...

Contados son los acontecimientos que se revisten de una cariñosa sencillez, y pocos, muy pocos como los que tienen lugar en el modesto ámbito que se matiza al entrar en el exquisito y recoleto hogar donde habita el Amor, despertado de su sueño de eternidad. Hoy la luz plomiza tenía una cita con la historia para vestirse de suave y temblorosa caricia, de tierno y delicado beso, de sublime y cercana presencia. El delicado parpadeo de las miradas enclaustradas tras la celosía de la devoción honda, escondida, y las músicas que navegan en el aire añejo que envuelve al vetusto templo empiezan a arrullar a Dios, entre sueños y fervores desvelados. Y esa atmósfera cálida, que aferra fervores en los rincones del sagrado oratorio, corazón vivo de los Remedios, se va dulcificando con las huellas de los siglos que viven dentro de los muros de la balsámica ermita, retiro con olor a  otros tiempos. Bien se sabe que el barrio, sus convecinos, sus hogares, perduran al resguardo de la raigambre de una rancia iglesia, los vestigios esculpidos en las piedras y en sus recovecos, acentuados por reminiscencias rociadas de tradiciones de incomparables y ya gastados tiempos.
Y… es que, si simple es el espacio que se esboza dentro de este sin par universo de ascetismo y oración callada al amparo del Amor de nuestros sueños y desvelos, exageradamente más claro debería ser sentir esas señales que a menudo nos revela - eternamente a su modo -, ese Dios al que malamente requerimos y muy raramente oramos,  pero que siempre está ahí. El Amor, que alivia nuestras aflicciones en los Remedios, -el que resguarda los ensueños, nuestros sueños-, arrulla todos los días del año nuestras penas, nuestras amargas duquelas, abrigándonos en esa imagen de gubias celestiales y relentes que azotan su destino,… y Él es el único que puede intensificar el sendero de nuestra fe, la verdad de nuestra devoción.
Como se puede apreciar  existe todo un universo de simples e indescifrables contrastes, sin más… Diferencias al fin y al cabo. Y cuando las horas vuelen, los días corran y los meses se sucedan vestidos de desidias, volveremos la mirada sobre nuestros hombros y añoraremos ese ocaso melancólico de un día pleno de Amor en la atmósfera
de una ermita abrumada de suplicas, de rezos, de ruegos callados… en el que un Hombre, de Amor dormido –descendido de una Cruz gastada de Amor, con sabor a pureza y oración-, expira para transmitirnos que su magnificencia se encierra en el cielo callado de sus manos llagadas por el golpe de unos clavos de pasión y en la caricia suave de un sudario, lienzo en blanco por escribir…en la súplica tierna de una multitud que en incontables veces camina dándole la espalda…y en una plaza, con autentico pasado que hunde sus recuerdos hasta las mismas entrañas de una ciudad que de nada se apiada… y, es que al llegar en esa mañana soñada, con las puertas de la ermita abiertas de par en par proclamando la luz y la grandeza del Amor de Dios, ese Hombre, consolado de besos, arrullado de caricias, sostenido de suplicas, envuelto en sudario de fervor, dejó escapar más de una inmaculada lágrima al saberse transmisor de un legado de amor y oración como meta de nuestros sueños, como entrada al soñado reino de Dios, a través de los cielos de los Remedios, donde habita el Amor.

domingo, 8 de marzo de 2015

Ahora que todo está por venir...

Las parihuelas por armar, la cera aun por llorar, aromas que paladear; músicas que susurrar, pregones, versos, vivencias que ensalzar, pisadas que inaugurar; ropas por estrenar, pasión apabullante en un pasaje para rememorar, manos de niño esperando recoger estampillas para guardar;…y el andar de un paso, nuestra gloria por llegar…

viernes, 13 de febrero de 2015

Arrebatadora Cuaresma

Ahora que el fin de la eterna espera nos contempla de cerca, muy de cerca… En estos días en que nos disponemos a salpicar las calles con nuestra presencia para hacer girar una ciudad entera a nuestro compás durante cuarenta días… días de una luz…la más tenue y evocadora del año, y sus cuarenta anochecidas, esas en las que soñaremos arrebatadoramente con la gracia de lo que está por venir… Cuando ese olor a cera fundida y naftalina que se disuelve y llena nuestra casa y  todas sus estancias se impregnan de los más dulces aromas… Cuando nos disponemos a participar en nuestras más enraizadas tradiciones, acudimos y vivimos en lo más hondo del alma nuestros ritos más íntimos, es ahora más que nunca cuando nos sentiremos dentro de esa liturgia familiar en su celebración hogareña, y abrigará nuestra común Casa  todo el sentido  que encierra el definir a la familia cristiana como iglesia doméstica, mística comunión de las generaciones, abuelos, padres, hijos, nietos, cuerpo místico de cristianos y cofrades que fueron, que son y que serán en un mismo linaje familiar, por los siglos de los siglos creyentes de una devoción. Y, es que, cuando cada año, cumplimos con nuestros ancestrales ritos, es ahí, en la hondura de cada liturgia, en la soledad de cada procesión, en la verdad de cada plegaria, donde uno se encuentra con el dogma y todo lo que perdimos resucita. Que así es y así nos parece el milagro de Ciudad Real en cada una de nuestras más hondas y devotas tradiciones. Una fiesta inmensa del espíritu vivo del Dios que llevamos dentro cada ciudadrealeño, cada cofrade, todo un  universo sensible donde se percibe desde la sencillez y pureza de corazón un sentido trascendente de las cosas, de las personas. Donde  descubrimos el Misterio de un Dios que vive en medio de los hombres,  y que se hace visible desde la devoción a unas imágenes benditas. Esta es la fe verdadera, la que nos arenga a creer en unos fervores sacrosantos, arraigados hasta los mismos tuétanos de una gente, de un pueblo que cree y de una ciudad que exalta la liturgia de una Cuaresma siempre esperanzadora, la que vence al tedio y al escepticismo con una simple oración sincera, la que deja en manos del destino lo que el destino tiene marcado sobre nosotros. Esta es la fe verdadera,…y a esa fe quisiera agarrarme cada vez que se acerca la naciente primavera, porque innegablemente, cada Cuaresma, cada floración de abril, cada Domingo de Ramos es, de algún modo, la “primigenia” Cuaresma, el primer Domingo de Ramos; es el gozo nuevo, una reluciente Semana Santa, sin ayer y sin mañana, “todo presente”. De aquí, también su difícil captación para los que son ajenos a nuestro universo cofrade, ajenos al sentido ritual de su estructura comunicativa. Los que ignoran y no entenderán jamás su código sentimental, sus claves sensitivas.