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jueves, 24 de abril de 2014

La memoria de la LUZ

Cuando aún tenemos tintineando en nuestros sentidos ese instante mágico, fugaz, único... cuando todavía no han pasado los compases necesarios para que esa espera, que siempre se antoja eterna, duerma en el anhelo infinito, entre melancolías y añoranzas, y al amparo del reflejo de una luna de nisán que trazo su roja sombra en las piedras de un monasterio carmelita viejo y cansado de narrar centurias de leyendas y memorias, historias que son vivencias de nuestra ciudad... dejarme que os muestre lo que siento cuando veo a través de mi objetivo los gestos, los momentos que se escapan de entre las manos y que ya no volveremos a vivirlos, porque esa Semana única que aún tenemos presente cuando nos dormimos, no solo es el eco de una música, el racheo de un Dios o una llama iluminando la pureza de unas lágrimas virginales, la Semana Santa es ese momento de oración, fuera de los muros de una iglesia y que persiste, pervive y permanece inalterable en nuestra memoria durante todas las Semanas Santas de nuestra vida...

domingo, 20 de abril de 2014

Sueños de Semana Santa

Una tarde que se torna gris, lluviosa, y una noche que se antoja distinta, con otras emociones, con otros sueños… los que están por venir. Y es que la Semana de la gracia se nos ha ido, ha pasado como el leve suspiro que se deja oír al pasar la Madre de la Soledad con su ahogado sollozo en la garganta. Nos queda deleitarnos con lo vivido, que ha sido mucho y bueno, y guardar en las alforjas de nuestras vivencias esos sueños cumplidos, porque cada Semana Santa un anhelo se consuma, un sueño se ve plasmado… La sonrisa de una Dolorosa que a través de un fleco de bellota pude adivinar al verme cerca, muy cerca, en la estrechez de un pasaje en el que Ella y yo habíamos acariciado tantas veces esa chicota celestial inundando la escena con compases de Amarguras… La evocadora y sin par estación de penitencia en una hermandad con reminiscencias de un pasado rancio, en la que vas mascando en cada calle, en cada rincón, en cada golpe de palermo, ese sabor a madera vieja, a humedad de iglesia, al ambiente único que esta cofradía ha sabido imponer para dignificar un auténtico adagio de oración, recogimiento y penitencia en la calle.
El Señor y su ciudad, simbiosis perfecta de oración y recogimiento, respeto por lo que debe ser nuestra razón de ser en este mundo cofrade, la presencia viva de Jesús en la Eucaristía y amor, amor con mayúsculas por esas esclavas de la Cruz que aquí en la tierra hacen posible una vida más digna a muchos. Gestos, que te llevan más allá de la simple fijación de un cirio en la delantera de un paso o el sonido de una marcha celestial y te pone al lado de esos Ángeles del Cautivo que cada año están presentes en cada chicota, en cada levanta y en cada paso que esta cofradía de los Ángeles da. Esperanza, imagen misma de la ciudad, autentico “salto del espíritu”, autentico salto hacia delante sin vuelta atrás, compostura de una cofradía en la calle que por fin ha hecho que del Barrio del Pilar hacia los adentros de la urbe, aires frescos, marineros y de Esperanza con sabor a verdad refresquen la tarde y nos lleven en volandas persiguiendo otro anhelo que se empieza a plasmar. Un día grande, venido a menos y salvado por quien con espíritu joven y personalidad añeja ha puesto a una cofradía en su sitio, con rancias y puras maneras, una hermandad y su Cristo de la Piedad, sueño de Viernes Santo, maneras puras y sencillas, sin más, para poner en la calle lo que proclamamos, la Pasión del Señor según los evangelistas y ellos han sido ese quinto evangelista que sin escribir nada en ningún sitio han marcado las calles de la ciudad con las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz, una cruz que se llama Piedad.
Y ahora queda alimentarnos de lo vivido, soñar con lo que viviremos y vivir en cristiano y en cofrade para seguir cumpliendo los sueños que la próxima Semana de los anhelos nos traerá.
Feliz Pascua de Resurrección a todos.

viernes, 18 de abril de 2014

Reina indiscutible de la Merced


María... rodeada de ese halo de perfección, nos hace soñar con su presencia en la calle... yo sigo buscándola todos los días del año…para volver a musitar compases de ensueño y es que cada vez estoy más convencido que el encontrarse con Ella cara a cara es soñar sin estar dormido. Por eso me gustó siempre, para recrear mis sentidos y hacer más dilatada su presencia, situarme en los lugares más entallados para verla venir de lejos e ir adivinándola poco a poco. Para averiguar alguna vez de dónde viene y a dónde va. Si realmente es cierto que salió al filo del ocaso de un barrio auténtico de la ciudad o, tal y como yo pienso, abandona por unas horas ese lugar desconocido del que tan poco sabemos los mortales y el que tan sólo el descanso eterno en la gloria de su regazo nos lo mostrara algún día.
Llega la Virgen de los Dolores y nuestros sentidos quedan invadidos por un extraño eco musical de aromas y colores, de una sensación de gozo incontenido que nos hace reír, llorar y emocionarnos a un tiempo y ganas irreprimibles de salir de nuevo a su encuentro para volver a mirarte en Ella.
Llega nuestra Madre de los Dolores y la ciudad, como aquel niño soñador de nuestra historia, queda convencida de haber visto andar por sus calles a la mismísima Madre de Dios.  
Llega la Reina del Perchel y Emperatriz de la ciudad y este cofrade, que sueña con tus miradas, ahora más que nunca, se atreve a dirigirse a Ella para decirle:

Ya he rozado con mis manos la gloria.
Ya has hecho realidad mi larga espera.
No te marches, no rasgues con la música la espera
quédate aquí... o llévame contigo
Madre mía Perchelera.


sábado, 12 de abril de 2014

Cariñosamente guapa

Mírala cuando el dolor 
pretenda ocupar el sitio 
de aquella felicidad 
que Dios puso en tu destino. 
Mírala, que han levantado 
su paso, y marchan contigo 
todos los que ayer la amaron 
y hoy en el cielo son brillo 
que cantan el avemaría 
de un rosario vespertino. 

viernes, 21 de marzo de 2014

La estación de los sentidos...

Entramos en las vísperas del paladeo de nuestros más inseparables sentimientos, convivimos con los rituales próximos a la fiesta, estamos a la espera de esa especie de milagro anual que se produce en nuestra ciudad cuando “Dios esta azul” y tierra y cielo anuncian ya un despertar a la alegría.
Porque hay algo que, sin nombrarse, parece estar cruzando por la mente de todo nosotros, de la ciudad y de los pueblos que la abrazan. La sensación de fiesta que hay siempre en nuestros ritos más hondos y en nuestro sentimiento de la Semana Santa.
Más aún. La Semana Santa como gozo, como celebración de una gran fiesta que compromete el comportamiento de todo un pueblo. Liturgia popular, colectiva de profundas y viejas raíces vivenciales.
Ese sentido festivo del culto greco-romano y su carácter de generalización entre los ciudadanos, la afirmación festiva, consiste en que “el sujeto mantiene una relación esencialmente afirmativa con su dios”. Relación que aquí se extiende al mundo que nos rodea, ya que la fiesta es también afirmación del vivir, afirmación colectiva de una relación cultual entre Dios y el mundo (en nuestro caso entre Dios y Ciudad Real) y que se manifiesta en la ruptura de lo cotidiano, alejándonos del peso habitual del trabajo rutinario o utilitario, para recrearnos en lo inesperado. Esto es, todo aquello que hace posible lo que durante el resto del año resultaría imposible. Dar a estos días una significación distinta, insólita, de regalo humano y divino al mismo tiempo. Se es capaz de hacer algo “insospechable”.
Caminar incansablemente, cargar con una cruz durante cuatro o cinco horas tras el “paso” de nuestras imágenes titulares, no dormir, ponerse un costal bajo las trabajaderas, aguantar a pie firme en una esquina solo para ver por un instante el resplandor de una candelería o el perfil de una Virgen en la plata blanquísima de una pared recién encalada, la oscura voz del cante de una “saeta” que nos pone un sollozo en la garganta o la sombra de un Cristo perfilándose en las duras aristas de la luna junta a las espadañas silenciosas, escuchar el silencio que la ciudad no tiene normalmente, dejar que el tiempo y la materia adquieran un sentido distinto de relación más fecunda y creadora, construir el tejido de los sueños con la materia de la propia vida y dejar que el tiempo sea, a su vez, la vida y la materia de nuestros sueños.
Sí, es la felicidad de haber sido creado y de estar aquí y ahora en este instante, el gozo de saberse vivo para ver, o más aún, para participar en la belleza esencial de estas cosas, que en el fondo e incluso sin saberlo, no es más que victoria de la vida sobre la muerte, motivo grande, por tanto, de alegría. Esta ciudad de los siete días iluminados es un verdadero don, un regalo de la naturaleza y de la historia, algo que va más allá de la organización humana. Algo que se nos da, que es gracia, que es como un encuentro feliz, no por esperado menos sorprendente, ya que siempre es distinto aunque tenga apariencia de ser lo mismo. Cada Semana Santa es “otra”, es “nueva”, siendo la misma. Porque para el partícipe de la fiesta, la fiesta “es él mismo”, está en él, en su visión, en su vivencia. Y él, tú o yo, este año ya tampoco somos los mismos del año pasado, como no seremos los mismos del año venidero.

Innegablemente, cada primavera, cada cuaresma, cada Domingo de Ramos es, de algún modo, el “primer” Domingo de Ramos; es el gozo nuevo, una “nueva” Semana Santa, sin ayer y sin mañana, “todo presente”. De aquí, también su difícil captación para los que son ajenos a nuestro universo cofrade, ajenos al sentido ritual de su estructura comunicativa. Los que ignoran y no entenderán jamás su código sentimental, sus claves sensitivas.

martes, 21 de enero de 2014

Contarnos nuestra verdad

Queda poco para nuestros días...pero nos parece que es mucho todavía, aun así, se nota en los ambientes que algo está cambiando. Aún no cala el incienso, pero tal vez, ni eso haga falta para llegar a ese reino sutil que imagina nubes blancas y cielos celestes, y flores de siempre suspendidas en el verde de unos naranjos cubiertos de primavera.
Llega un nuevo tiempo de espera; víspera de las vísperas, y de nuevo llega un reto para quienes hacen posible cada año, cada cuaresma, cada primavera, que el sueño de ver a Dios andar por nuestras calles sea una palpable y auténtica realidad, que sentir el roce de su mano, de su pie rodeado de cera y luz en cada altar sea una sensación que nos haga emocionar, que oír el llanto de una Madre acompasado con un racheo de zapatillas que marcan su caminar, sea la manera más pura y sencilla de rezar, simplemente de hacernos sentir que nuestra ciudad se convierte en una nueva Jerusalén  de verdad.
 Queda sólo un suspiro para llegar a los días que dan sentido a este universo de benditos locos, y un año más,  y ahí estaréis para contárnoslo, si queréis.