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domingo, 30 de octubre de 2016

Ella...

Que son muchos tus rosarios

¿Sabrán lo que están diciendo?

Si cada cuenta es un beso

Pa decirte que te quiero.

Mil cirios yo te pondría

Para iluminar tu cara

Y enseñarle a todo el mundo

La gracia de tu mirada.

Que no te sobra un bordao

Junto a tu hermosa figura

Que cada puntada lleva

Un manantial de dulzura.

 

Que no te sobra la plata

Ni el oro ni el terciopelo

Que todo parece poco

Pa la Reina de los Cielos.

Que te quiero con pañuelo, con manto de larga cola, con bambalinas

al aire y andares de emperadora.

Que te quiero con encajes, como Reina con corona, custodiada por

varales y candelabros de cola.

Que te quiero entre el gentío acunada por costales, entre el rumor de

una marcha y rodeá de ciriales.

Que en la tierra de María tó es poco para quererte y tu ciudad te

engalana al hacerse penitente.

Que no te sobra un clavel

A ti que te va a sobrar

Sólo te sobra el cariño

De manos de una hermandad



domingo, 23 de octubre de 2016

El alma del cofrade...



Desde el inicio de un día que apago sus destellos entre nubes de hermandad, Manuel  se lanzó a colorear sobre el tapiz gris de la ciudad una anochecida de ilusión, de esperanza, de pasión para que un elenco de cofrades de raza nos hiciera estar en la gloria de un Dios que nunca pronunció un no, y de una legión de corazones sinceros que a todo el que hasta ellos se acercaba apasionadamente recibían para que plácidamente se instalara en cualquiera de sus esquinas. 
Atesoraré eternamente en la nostalgia de mis más entrañables recuerdos el momento del amor, de la verdad y de la humanidad en estado puro venidos desde Sevilla; esa pasión, esa vehemencia en el sentimiento que pellizca el corazón de un hombre bueno de verdad y que pide permiso para acariciar, para mimar, para besar sus manos y bendecir a Manuel con el mismo Cristo, que también empieza por “C” y que bendice a su hijo por Triana cada madruga, para apasionarse entre las puntadas de oro en el tafetán de su túnica morada y para eternizarse en lo abatido de su aire al aguardo de una cuaresma impregnada de esencia a Dios de verdad. 
No corro la cortina sobre un hecho notorio y ostensible como es el que a menudo me crispan los entresijos y retorcimientos de este mundo cofrade que debería ser ejemplar siempre –
a veces con motivos, a veces sin ellos-, pero autorizarme a que en el día de hoy sienta orgullo del corazón y el alma de los cofrades.