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domingo, 7 de agosto de 2016

La emoción de tu cercanía...



Acostumbras a surgir rondando las cercas de mis sentimientos siempre que no te espero; y lo haces con tu aire que impone silencio, sin excesos que distraigan tu verdad, sin ornatos que celen tu azulada y serena mirada, sin avíos que me alejen del Prado que llevas por nombre.
Llegados a este pasaje de la vida, los dos sabemos del retumbo de nuestros trancos, de tal manera que a uno y otro nos es menester prestarles oídos de relance de vez en cuando para comprobar que no estamos tan distantes… Y es que en esta ocasión has venido Tú a asomarte por el vestíbulo de mis desalientos, de mis desesperanzas... y al descubrirte en el reflejo de un humilde retrato, he caído en la cuenta de que cada día más anhelo el tenerte cerca de mí…suspirar por sentir el roce de tu mano y abandonarme en tus dos luceros, que son dos trocitos de cielo, y es que es en ellos el único lugar donde atino a encontrarme siempre que me extravío y el camino pierdo.
Me emociona encaminarme a tu encuentro, y que el golpeo de tu pulso fluya por los rincones más hondos del alma… notarte en tu paso enseñoreada a mi espalda y consentir que la anochecida brinque en pos del anhelo de contemplar cómo la luna deshilacha cuantas esperanzas los dos custodiamos en un cofre pincelado de abandono.
Pero sobre todo necesito sentirte cerca de mí…Madre de mis desvelos.

sábado, 16 de julio de 2016

La ciudad y sus tiempos



Es el tiempo de la Virgen del Carmen, y el inmaculado de su mirada ha cuajado un cielo de ilusiones y ausencias sobre el siempre ansiado horizonte del aguardo. Para los creyentes, la intención última de las súplicas comenzará a pasear por la vereda de los labios al presentir la gracia de la Madre del Hijo de Dios gloriando los rincones de su barrio.
Y para esta ciudad... Para esta ciudad es una intimación con los duendes de la tradición, con las raíces de nuestros más hondos ritos, con la liturgia de nuestras tradiciones más rancias y así  atemperar los pellizcos de esa bocanada de nostalgias, esas que perfilan con encaje y bordados los sentidos al esbozarse la luna clara.
Dispondrá en blanco las alforjas de las leyendas para que la añoranza rotule  con arrullos aquello que hallarán los nuestros cuando los años se revistan de recuerdos tiznados de historias contadas al amparo, siempre a su amparo de Madre de la Divina Gracia.

lunes, 11 de julio de 2016

Carmen eterno...



 Siempre con Ella, siempre a su amparo y bajo su protección, fue de Su mano durante muchos años, encendida su vela, descalzos sus pies alumbrando la tradición, transmitiendo la creencia, acercando la liturgia de los más rancios y enraizados ritos e iluminando la fe, nuestra fe, su fe… no se aferraba a una vara, ni era devota de rezo fácil ante todos y por todos conocida. Acompañaba de promesa a su Virgen del Carmen cuando julio mediaba y traía tañidos de novena y aromas de verbena antigua y siempre florecía. Ella no era cofrade, le bastaba con ser devota de la que en casa era la Virgen, la más grande, la más rezada, la más querida, la más presente.
Zarandeada día a día por aquella dura vida en muchos carices, cada 16 de julio, a la caída de la tarde, acompañaba a su Virgen por las calles que circundaban la collación del Carmen.
La seguía sin saber del estreno que ese año realizaba la hermandad.
La seguía sin conocer como progresaba el nuevo paso o el cincelado de su corona.
La seguía sin darse cuenta de que el exorno floral era distinto ese año.
La seguía sin notar como perfumaba el incienso. La seguía como tantas y tantas personas la siguen sin ser cofrades.
Hace muchos años que ya no la puede seguir por esas añejas callejuelas repletas de tradiciones y súplicas de auténtica fe cargadas, pero estoy convencido de que aún ahora, si ella no nos guiara desde esa gloria por todos soñada no habría sido posible que viviéramos tantos años sin poder apartarnos del escapulario bendito que desciende de Sus manos.