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domingo, 8 de marzo de 2015

Ahora que todo está por venir...

Las parihuelas por armar, la cera aun por llorar, aromas que paladear; músicas que susurrar, pregones, versos, vivencias que ensalzar, pisadas que inaugurar; ropas por estrenar, pasión apabullante en un pasaje para rememorar, manos de niño esperando recoger estampillas para guardar;…y el andar de un paso, nuestra gloria por llegar…

miércoles, 2 de julio de 2014

Siempre la misma fe...

Y...es que ante esa mirada, uno se siente sin defensas lógicas. Los argumentos formales, los principios, el orgullo...desaparecen. Las hipocresías, de tantos ...son siempre secundarias ... Entonces uno se da cuenta de que sus miedos no tienen sentido, que estaba equivocado, que ... pero también que momentos como ese se volverán a repetir, quizá de nuevo en la cofradía, pero seguro en cada instante que sepa mirar y le miren, desde el silencio y la fe, con los ojos del corazón, los de Dios, donde el dolor pierde su sentido de muerte. Y la vida nace de la madera bendita de una cruz, del rostro devoto de un Cristo que parece, solo parece, cansado, abatido, humillado... apenado por este nazareno imposible, en una estación de penitencia diferente, pero, siempre... con la misma fe, la misma esperanza y la misma convicción...

miércoles, 7 de marzo de 2012

Nuestro cielo, en la tierra

Así también, como una señal estelar, imaginando desde lejos aquel palio querido, Dolorosa Nuestra en el duro caminar por esta vida, se ilumina otra vez el recuerdo -¡tan cofrade!, ¡tan nuestro!- de aquella mujer, la esposa -quizás recién casada-, iniciando el rito intimo, pero no por ello menos solemne, de preparar la túnica y asistirnos como a un niño ilusionado que se ama cuando nos vestimos de nazareno. Cuanto cariño en esas manos de mujer -esposa, madre, hija- que nos ayudan a convertir en gozo la estación de penitencia. Porque no es verdad, queridos amigos y cofrades de Ciudad Real, que salir de nazareno sea para nosotros un sacrificio penitencial. La penitencia sería no salir. Vestir la túnica de nazareno es un gozo, una alegría del corazón, un momento maravillado que esperamos cada año y que deseamos desde lo más hondo de nuestra alma. Por mucho que nos parezca largo el recorrido, por mucho que pueda cansar físicamente, por mucha seriedad que pongamos en ello, no nos engañemos, vestirnos de nazareno, recorrer el camino que sabemos de memoria y hacer estación de penitencia con nuestra cofradía es la delicia del cofrade, la culminación de sus afanes devocionales, el momento más esperado de todo un año, el gran día del alborozo de la ciudad,alfa y omega de un modo de ser y de vivir en gloria pura de una Ciudad Real convertida en epifanía de primavera. Cielo en la tierra.