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sábado, 26 de julio de 2014

Quince años de hermandad...quince años de verdad.

Hoy, que la cuaresma espera el cobijo de una ciudad inundada en uno de sus arrabales de recuerdos,  hoy, a la espera de que ocupes, como cualquier mortal, tu habitación en la que es tu casa y que  comiencen a germinar melodías de ensueño con olivos que te acunan y oraciones de tus hijos que llenan quince años sin dejar de quererte, dejarme que os cuente quien es ese que en una estancia, ya para siempre sagrada, y al amparo de su Madre, reina, que no se esconde.
A unos lapsos de que la espera de tus cofrades, siempre eterna, despierte de ese  sueño inmortal entre nostalgias y añoranzas, y la luna de Nisán adorne su destello en las pilastras de una catedral cansada y vieja de contar centenarias historias, darme licencia para que os transmita  lo que profeso cuando veo cada Domingo de Ramos a la hermandad más joven de la ciudad…pero que todos los sentidos resucita.
Anhelando esas horas en que mis pies me insistan  en conquistar una tregua, mis emociones clamen una quietud y mis sollozos ya no requieran esconderse tras una cámara en la que aliviar mis pecados, leer  estas líneas y entenderéis lo que digo sobre quien atado, reinando sobre el altar tallado por el amor de sus hermanos y acosado por sayones y romanos, vemos cada Domingo prendido, anhelando la Salud de su Madre consolándolo tras sus pasos.
Su hermandad, sus cofrades, sus hermanos quieren hacer que creas, que sientas que ese que al compás de latidos de corazones costaleros anda buscando la conversión de cada uno de los que lo admiramos, respira el mismo aire que nosotros respiramos y que es más, mucho más que una simple talla de madera, que su nombre es el que mueve los cimientos de miles de personas que tienen en su camino el sendero para llegar a la gloria. Y, es que su Palabra rompe portones, abre ventanales, aparta cerrojos, aclara cancelas, y ablanda corazones con sólo escuchar el regalo de su silencio. Porque su contemplación te duerme en el horizonte de los días que nos quedan por vivir.
Mira más allá de un izquierdo dado al compás de una marcha, o de una bulla que camina de espaldas doblegando las paredes de un pasaje a merced de su aliento.
Búscalo en los latidos de cada nazareno de fila, en las fajas que envuelven hombres con ofrendas y fatigas, en las órdenes de mando que desnudan las creencias de un pueblo; porque ahí es donde se esconde la grandeza de este Dios.
 Faltan aún unos meses  para verlo, y ya percibo su hálito recorrer las hilvanes de mis fibras, faltan un par de estaciones con su cuaresma para notar sus pisadas viniendo de frente en ejemplar racheo de alpargatas, y no sé si salir a su encuentro  por los angostillos de mis años ya gastados para darme cuenta de quién soy.
No deja de resonar
en mi cabeza lo que una vez Dios en la soledad de su “habitación sagrada”  me susurro entre plegarias: “perdonar es el valor de los valientes” con un humilde aviso es capaz no sólo de perdonarte, sino de llevarte a través de una hermandad a cambiar tu corazón y a creer en la verdad de Aquel a quien sientes.
Regalarnos otros quince siglos más…

jueves, 3 de julio de 2014

De...cuando el tiempo se para

 La vida no puede definirse, hay que sentir su pálpito en cada instante que transcurre, descubriendo que nunca pasa ajeno a nosotros, que forma parte de nuestra propia existencia… A veces quisiéramos que se parase el tiempo de nuestra vida en aquel momento o aquel lugar… por toda una eternidad… Tenemos la capacidad de revivirlos en la mente, nos damos cuenta de que forman parte de nuestro ser… que en ellos hemos descubierto un sentido, unos valores, que no estamos solos… y desde la fe, que hay un Dios que vive en todos ellos como una misteriosa experiencia de Amor.
La Semana Santa es un acontecimiento que sobrepasa ampliamente los límites espacio-temporales para implicarse de una manera real y profunda en el ámbito vivencial de nuestro pueblo. Define actitudes que comprometen la existencia de una persona, valores que orientan un sentido muy concreto de comprender la realidad y adivinar una esperanza más allá de ella. La Semana Santa no se ve, se “vive” en infinidad de momentos que abarcan más allá de los siete días y no se limitan a espacios definidos previamente, aunque existan marcos privilegiados. Son momentos de encuentro, de dialogo, donde las personas descubren el Misterio de un Dios que vive en medio de los hombres, que se hace visible desde la devoción a unas imágenes benditas y merced al tiempo… El tiempo…esa sombra que Dios esculpe en las esquinas del atardecer para que descubramos la verdad de las cosas. El tiempo…esa distancia que nos separa de las emociones, va pasando lentamente, como quedas oraciones musitadas a un Dios Cautivo, que se duermen al abrigo de un aterciopelado manto que nos cubre de Salud y al calor de unos guardabrisas en la encendida noche en que una túnica de tafetán albo se mece por las callejas que rodean la anhelada, cada naciente primavera, Parroquia de los Ángeles. El tiempo…ese camino que nos separa del gozo y la magia del instante fugaz, se queda enredado entre los arboles de este rincón sin igual, perfumando un sueño que por los adentros de su iglesia, Cautivo de Salud en el regazo de su Madre esta.
Y es que...quince años ante Ti no son nada, porque el tiempo ante Ti se detiene, la vida ante Ti se para...