La tarde-noche Conventual del Carmen rinde pleitesía al Señor de las Penas. En sus ojos cansancio infinito de la muerte presentida, tal gesto de resignación abruma contemplarlo sintiendonos culpables.
Cristo con la cruz a cuestas, cruz que lleva a duras penas sobre su hombro y así un año más atravesará las calles de su Ciudad precedido de un magistral cortejo formado por sus fieles hermanos mientras al contemplarlo es difícil sustraerse a los fuertes latidos del corazón que se adivina en su pecho bajo la túnica que lo guarda.
Cristiano Ciudad Real. Devoto
del Señor conventual de amores,
ese que va entre las flores
cárdeno, sangrante y roto.
Sentires sin alboroto
de rezos y peticiones.
le siguen entre pasiones
promesas agradecidas
y al pie de su carne herida
se quedan los corazones.