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domingo, 17 de noviembre de 2013

Cerca de Ti...Señor

... Lirio callado y envuelto en mil silencios para ir escuchando la pisada suave de Quien lleva queriendo la Cruz...
Separa levemente la mano de la cruz, creando ese espacio infinito y mínimo que existe entre Dios y el hombre. Es el misterio del acercamiento de todo un Dios. El es todo Hombre Nuevo; el es Jesús Nazareno.
Sus manos acarician el madero como un arpa, con la que crear un himno de alabanza al Amor de Dios, Dios Redentor. es el Señor Nazareno.
Camina dulcemente, paso a paso, porque es Dios que lleno de paz, va a morir por Amor. Y siendo por Amor ¿No lo va a hacer en paz? es el Señor, sin mas.
Señor, bendita sea tu cruz, tu forma de llevarla, tu pisada y tus manos. Señor, bendita sea tu dulce y mansa mirada.
Y vestirán tus servidores cárdenas casacas, San Pedro ha ido vistiendo durante la gloriosa jornada la ilusión de sus mejores colores: dorado en la lejanía, blanco en el mediodía exultante de luz, morado con el atardecer en las aceras y calles que se van llenando, piedra a tu salida, tierra en la despedida, cielo siempre... Que tantos colores no vi nunca en las mejillas de una parroquia y su portada.
La caída de la tarde en el recuerdo conducen de nuevo a tu oratorio amparado por la Madre que Misericordia nos derrama entre su regia cancela.
Presagio del final de una madrugada, densa, larga, negra, ascua y sombra en la ciudad, calmando con Gracia y Esperanza las angustias de filas de terciopelo purpúreo penitente.
Y en el llanto de la anochecida del Jueves Santo, vestirá la mantilla de la neblina agria de su dolor intuido, Viernes Santo Nazareno.

lunes, 18 de marzo de 2013

Sin tu mirada

Domingo sin sol, domingo sin música  el mas esperado de los domingos convertido desde Santiago hasta los Ángeles  desde los Remedios hasta mas allá del Parque de Gasset, en una cortina gris de lluvia, pozo sin fondo de nubes prietas, agua que sale y entra por todas partes y se pasea por todos lados...
Amaneció mal tiempo por allá arriba, cielo que ignora la salida puntual de la cofradía, la hermosura nazarena del Domingo de Pasión, cirios morados recién estrenados para que el cofrade estrene sus recuerdos de nazarenos de la ciudad, paloma penitente que llenara de espíritu su vida repleta para siempre de domingos.
Amaneció con agua y todo el día estuvo ya cubierto de aguaceros, un castigo de colgaduras purpureas, charcos en cada esquina y paciencia en su iglesia donde el altar de insignias sigue intacto. Sollozos celestiales van dejando los adióses amargos de la tarde, el domingo completo fue una sombra, un alma en pena que vuelve a casa con un clavel rojo entre las manos, clavel que nunca guardara entre sus hojas el olor de la cera y el perfume dulzón del incienso, hoy apagado.
Que así  desvanecido por la melancolía  los ojos bajos, entre impotente y resignado, aquel cofrade, aquel costalero, aquel capataz, en definitiva aquel devoto de tu Pasión, vuelve sobre sus pasos por el camino de un sueño, pensando, quizás, que todavía -fraterno consuelo- quedan siete días de gloriosa Semana Santa.

domingo, 17 de marzo de 2013

Hoy...nos invade tu Pasión

Profundicemos en nosotros mismos, en nuestras vivencias de este tiempo de LUZ, nuestras imágenes de lo humano y lo divino y quizás descubramos la materia que nutre, el ser que mueve, el sentido que tiene el gozo y la nostalgia, el amor y el dolor, la belleza y la esperanza, el deseo o la fe que ponen nuestros corazones cara a cara con la imagen del Hijo del Hombre... Jesús Nazareno que se hace presente y se ofrece en la calle como una fiesta inmensa del espíritu vivo que lleva dentro cada cofrade, cada ciudadreraleño.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Por ellas acompañados.

La cofradía se presiente en la estrechez que desemboca en el centro mismo de la "apasionada" ciudad por el murmullo quedo de voces apagadas. Es un sonido que no trasluce el inmenso caudal de emociones que se niegan a ser palabras, pues a veces estas rompen el sentido de las cosas. El murmullo no es sino el deseo inconfeso de una presentida vivencia, de una oración que pugna por buscar al Señor de la vida en el hondo silencio, que quiere ahora ser compartido, silencio de ser y, sobre todo, de querer ser.
Se acerca ya el cortejo. En las sombras de la solea, buscando una y otra vez los imposibles huecos de las hileras de espectadores, los cofrades caminan con la cofradía. Los hemos visto todo un año en la hermandad, siempre acompañados de sus hijas, sus novias, sus madres...que no pocas veces ayudan a soportar el cansancio con un inefable sentimiento de cercanía...
Las hemos visto tantas veces...son para el hermano de fila, para el nazareno la imagen humana de una hermandad oculta entre velas, entre antifaces, muda, uniforme, donde adivinas, pero no ves el rostro del hermano, no escuchas su voz... Es como una inquietud insensata, que no se expresa, pero se vive en la fatiga, el dolor físico, el recuerdo triste, las ausencias... Las mujeres te saben hermano mas que cofrade, mas que nazareno, te escuchan...aunque no te hablen...
Te recuerdan a tu madre, siempre a tu lado en las primeras procesiones, y ahora...ahora descubres que nunca se deja de ser un poco niño...y agradeces saber que alguien sigue contigo mientras haces penitencia.
Se saben insertas en un rito donde no son protagonistas, y, sin embargo remedan las actitudes de los hermanos de fila...
Dobló la esquina, sin pausa y parecía ya alejarse cuando el capataz, sin razón aparente tocó el martillo y el paso se arrió. Fue un instante fugaz, un gesto que pocos apreciaron, pero que lleno de luz un recuerdo, una vida en en la visión de esas otras mujeres del Paso, llorando como ellas y ahora con ellas...
Pero no solo hay dolor o recuerdos. El murmullo se atenúa hasta desaparecer. A lo lejos todavía pueden adivinarse los faroles del paso. Es ya avanzada la noche. Algunas de las mujeres de la hermandad siguen hasta la entrada, otras caminan, en pequeños grupos, de recogida a sus casas... Ha terminado la estación. No hay palabras, solo un silencio cansado en los rostros...quebrado por algún leve comentario intrascendente... y una promesa: "el año que viene que nos veamos de nuevo al  entrar". Hubo otro silencio, distinto, un poco triste, como una madrugada después que el Señor de San Pedro en su casa había entrado.



sábado, 9 de abril de 2011

Claveles rojos...

Diríase que te conoce ya de otras muchas Cuaresmas, con toda seguridad ya te visitaba en brazos de la que hoy  la acompañaba luciendo en el blanco de su pelo el pasar de los años, a buen seguro viene a seguir cumpliendo con una tradición, con una herencia devocional, familiar. Sin temor a equivocarme, en esta ocasión no ha venido a pedir por ella, ha venido a pedirte por esa nueva vida que lleva dentro que se hace patente en su avanzado estado de gestación y su cansado andar, un nuevo ser, una nueva vida que seguira los pasos de su madre, de su familia, visitar a Jesús, el Nazareno y dejarle una plegaria, una ofrenda en forma de clavel rojo.
Se ha acercado a Tí con timidez, con cierto temor, con reparo, con respeto, y es que acercarse a Dios es muy grande. Te roza, te acaricia tus divinas manos, entre los labios se adivina una sentida oración y deja caer lentamente ese ramillete de claveles rojos como sangre tuya derramada y...te contempla absorta y ensimismada.
Este es nuestro pueblo, nuestra gente, gente que tiene a Jesús como centro de su vida, de sus oraciones y de sus plegarias más vivas. Hoy me he sentido si cabe más cristiano, he sentido detrás del objetivo de mi camara, he sido testigo de la devoción autentica de un pueblo, catolico y cristiano.