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viernes, 13 de diciembre de 2013
jueves, 5 de diciembre de 2013
En la gloria inmaculada
miércoles, 4 de diciembre de 2013
8 años de pasión
lunes, 2 de diciembre de 2013
Ya están pisando nuestro pies...
Y...llegare...y del árbol de tu cruz brotara la Luz, brotara la Paz, brotara en fin nuestra espera... Señor Jesús.
domingo, 1 de diciembre de 2013
María, la esperanza en Jesús
El mes de diciembre es para todo el orbe cristiano la época del año en la que los discípulos de Jesús nos preparamos para celebrar la venida del Mesías, tiempo de adviento en el que poco a poco nos vamos acercando al encuentro del Dios-Jesús que hecho hombre se asemeja a nosotros en todo menos en el pecado.
Es por tanto imprescindible tener presente en este tiempo de espera el reencuentro con Dios, esperanza que se transforma en porvenir que será una patria mejor, es decir, celestial, la vida eterna en la que el hombre será semejante a Dios.
Y María supo esperar y acepto con total humildad los designios del Señor, “…hágase en mi según tu palabra…”, los cuales eran incomprensibles para ella pero que al ser determinación divina no dudo en hacer suyos. Es esta esperanza en el reencuentro con el Padre la que debe mover al cristiano y empapar toda su vida.
Reencuentro que aquí en la vida terrena es estar junto al hermano que te pide le tiendas la mano para superar el destino que le ha tocado vivir.
Y es precisamente esta esperanza en la vida celestial la que nos inspira a continuar nuestra labor como cofrades, a ser punto de apoyo de futuras generaciones y a hacer posible la autenticidad de la palabra Hermandad.
Esperanza en unos aciertos y errores comunes que hacen que las Hermandades vayan superando día tras día sus designios. Esperanza que se transforma en amor y comprensión cuando nos acercamos a la Santísima Virgen y ante sus ojos misericordiosos le decimos “Madre mía”. Esperanza que debe servirnos de baluarte y en los momentos de crispación o angustia ser nuestro sostén y ayuda. Esperanza que junto con fe y caridad se convierte en el eje central de la vida del cristiano, ya que con fe llegamos a Cristo que nos pide caridad para con el necesitado y esperanza en una vida mejor que algún día llegara.
Vida que debe empezar aquí en la tierra y que tiene que ser ejemplo claro de compromiso cristiano, pero no un compromiso vacío y sin contenido, sino todo lo contrario, lleno de verdad y entrega al otro, que es Jesús presente en cada uno de nosotros. Vivamos este mes de diciembre en particular y todo el año en general con la esperanza de que el Reino de la Luz y de la Paz llegara pero debe empezar su gestación aquí en la tierra. Y…no olvidemos la humildad de un Dios que nacido en un pobre pesebre supo entregarse a los demás.
Es por tanto imprescindible tener presente en este tiempo de espera el reencuentro con Dios, esperanza que se transforma en porvenir que será una patria mejor, es decir, celestial, la vida eterna en la que el hombre será semejante a Dios.
Reencuentro que aquí en la vida terrena es estar junto al hermano que te pide le tiendas la mano para superar el destino que le ha tocado vivir.
Y es precisamente esta esperanza en la vida celestial la que nos inspira a continuar nuestra labor como cofrades, a ser punto de apoyo de futuras generaciones y a hacer posible la autenticidad de la palabra Hermandad.
Esperanza en unos aciertos y errores comunes que hacen que las Hermandades vayan superando día tras día sus designios. Esperanza que se transforma en amor y comprensión cuando nos acercamos a la Santísima Virgen y ante sus ojos misericordiosos le decimos “Madre mía”. Esperanza que debe servirnos de baluarte y en los momentos de crispación o angustia ser nuestro sostén y ayuda. Esperanza que junto con fe y caridad se convierte en el eje central de la vida del cristiano, ya que con fe llegamos a Cristo que nos pide caridad para con el necesitado y esperanza en una vida mejor que algún día llegara.
Vida que debe empezar aquí en la tierra y que tiene que ser ejemplo claro de compromiso cristiano, pero no un compromiso vacío y sin contenido, sino todo lo contrario, lleno de verdad y entrega al otro, que es Jesús presente en cada uno de nosotros. Vivamos este mes de diciembre en particular y todo el año en general con la esperanza de que el Reino de la Luz y de la Paz llegara pero debe empezar su gestación aquí en la tierra. Y…no olvidemos la humildad de un Dios que nacido en un pobre pesebre supo entregarse a los demás.
martes, 26 de noviembre de 2013
Lo realmente importante...
Desde la más pura humildad y con la extrema ignorancia que poseo en cuestiones con este trasfondo…creo adivinar un cierto avergonzamiento de nuestra condición de cofrades, pero sobre todo de nuestro sentir como cristianos. Los hechos que diariamente saltan a la luz en referencia a nuestro mancillado mundo de la Semana Santa no hacen sino alimentar un caldo de cultivo que da razones más que sobradas para que todo aquel que nada tiene que ver con él, aproveche para lanzar su crítica, sin detenerse a valorar a ese porcentaje que realmente ama y siente pasión de verdad por esto. Pero hay algo que es más grave aún, los que se jactan de un ateísmo que ni a ellos mismos los convence, ven en esto otra fisura más en esta casa fuerte que debe ser la Iglesia, y aprovechan para propugnar un mal llamado estado laico –ignorantes-.
Creo que estamos confundiendo, una vez más, y ya van desgraciadamente muchas, el fondo de todo lo que significa ser cofrade, ser hermandad, ser hermanos, con las formas, y no solo por hechos como los que llevan acaeciendo desde el pasado mes de junio, sino por toda una trayectoria que dura ya varios años, en la que se da más importancia al solo de corneta que a la oración callada de una cofradía en silencio, se persevera en sacar un paso a costal y se dejan a la improvisación los cultos al titular, se ponen en la calle cuerpos de acólitos en los que en el mejor de los casos algunos de sus integrantes recitan el Padre Nuestro como soniquete obligado… Hemos dejado de lado lo importante, convirtiendo en dioses de barro nuestras devociones, nuestras imágenes, nuestras propias vidas.
Creo que no somos conscientes del daño que estamos haciendo a nuestro querido y apasionante mundo, creo que damos demasiada importancia a comentarios injuriosos escondidos bajo la más ruin de las cobardías, tachadura tras tachadura soportando ultrajes, agravios y menosprecios de quien no tiene otra cosa que hacer que meterse en la casa del vecino, en lugar de arreglar la suya.
Mirémonos, hagamos autocrí
tica interior, de puertas hacia adentro, y arreglemos lo realmente importante: casas de hermandad vacías, cultos anclados en el pasado, inexistentes o en la mayoría de los casos indignos de una imagen sagrada, nula asistencia de hermanos a estos, actitudes escasamente cristianas en las alturas dirigentes, escasa o nula formación, caridad reducida a cheques traicioneros, cofradías sometiendo a hermandades… Dónde las sonrisas… Dónde el buen esfuerzo… Dónde la felicidad… Dispénsenme si digo que me avergüenzo…pero el día que coloquemos a nuestras imágenes y a nuestras creencias por encima de todo lo demás… Ese día… Quizá hayamos descubierto lo realmente importante.
Creo que no somos conscientes del daño que estamos haciendo a nuestro querido y apasionante mundo, creo que damos demasiada importancia a comentarios injuriosos escondidos bajo la más ruin de las cobardías, tachadura tras tachadura soportando ultrajes, agravios y menosprecios de quien no tiene otra cosa que hacer que meterse en la casa del vecino, en lugar de arreglar la suya.
Mirémonos, hagamos autocrí
tica interior, de puertas hacia adentro, y arreglemos lo realmente importante: casas de hermandad vacías, cultos anclados en el pasado, inexistentes o en la mayoría de los casos indignos de una imagen sagrada, nula asistencia de hermanos a estos, actitudes escasamente cristianas en las alturas dirigentes, escasa o nula formación, caridad reducida a cheques traicioneros, cofradías sometiendo a hermandades… Dónde las sonrisas… Dónde el buen esfuerzo… Dónde la felicidad… Dispénsenme si digo que me avergüenzo…pero el día que coloquemos a nuestras imágenes y a nuestras creencias por encima de todo lo demás… Ese día… Quizá hayamos descubierto lo realmente importante.
lunes, 25 de noviembre de 2013
domingo, 24 de noviembre de 2013
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Una Salud que cautiva
El destino, esa mano caprichosa que sólo Tú sabes apretar cuando todo se siente perdido, quiso que tal día como hoy de hace ya tres fascinantes años, fuera el fulgor de tus radiantes facciones las que cobijaran mis huellas y dieran refugio -por unas horas-, a una melancolía cansada de desahogarse bajo fríos y solitarios crepúsculos.
Recuerdo que sin decirme nada, Tu mirada lo llenó todo; y no puedo olvidar que fue al entrar en tu templo donde soñé con tu perfil por primera vez, abordándote a preguntas, pidiéndote mil respuestas, rescatando de los bolsillos cientos de porqués,…
Pero ese día Tú no tenías ganas de hablar, había mucha gente pendiente solo de Ti, extasiados ante tu sin par belleza.
Regresaba cada cierto tiempo a besar la mano donde mis lamentaciones se hundían, y te miraba casi sin querer, pero seguías guardando silencio.
Desandaba el camino de nuestros encuentros para que el aire que da vida a mis pulmones también se enamorase de Ti, pero te habías quedado muda.
Tuve la suerte de hablarte cara cara a través de mi objetivo, y poder zarandear tu pena y que ésta se confundiera con la mía, pero Ella sólo acertó a pedirme que tuviera paciencia.
La paciencia sabe, mejor que nadie, cómo resoplan mis pulsos cuando me siento en alguno de tus bancos y dejo que el tic-tac del reloj vaya haciendo de las suyas.
La paciencia conoce, mejor que nadie, a qué saben mis sueños, mis arrullos, mis intentos por pedirte una oportunidad para estar cerquita de Ti.
Y la paciencia descifra, mejor que nadie, los jeroglíficos que se pierden por entre las yemas de mis dedos cuando tus quimeras aparecen al caer la tarde.
Fue en el último giro de cabeza cuando sentí el abrazo de tus palabras, la caricia de tu piel, las cenizas de tu aroma impregnarse sobre mi ropa,…
Y en tan solo unos segundos, la vida se detuvo y tuvimos paciencia para contarnos de todo.
Mereció la pena esperar tanto tiempo para escuchar el eco de tus pisadas, para saber de Ti tanto como se de mí, para tenerte en la distancia y extrañarte en la cercanía; para rogarte, suplicarte, rezarte por los míos y sobre todo,… Por darme la oportunidad durante estos tres benditos años de poner santo rostro a la Salud y ver en tu divina cara el reflejo de los que me faltan y que siempre, siempre estarán ahí... en tu mirada... en el bordado de tu saya dorada... en las hojas de esa rama de olivo que en tu mano mimas y guardas...porque desde siempre has sido Señora, la Salud de mi vida, la fortaleza en mi camino y la vitalidad en mi día a día. Eterna Salud de una ciudad por Ti cautivada.
Pero ese día Tú no tenías ganas de hablar, había mucha gente pendiente solo de Ti, extasiados ante tu sin par belleza.
Regresaba cada cierto tiempo a besar la mano donde mis lamentaciones se hundían, y te miraba casi sin querer, pero seguías guardando silencio.
Desandaba el camino de nuestros encuentros para que el aire que da vida a mis pulmones también se enamorase de Ti, pero te habías quedado muda.
Tuve la suerte de hablarte cara cara a través de mi objetivo, y poder zarandear tu pena y que ésta se confundiera con la mía, pero Ella sólo acertó a pedirme que tuviera paciencia.
La paciencia sabe, mejor que nadie, cómo resoplan mis pulsos cuando me siento en alguno de tus bancos y dejo que el tic-tac del reloj vaya haciendo de las suyas.
La paciencia conoce, mejor que nadie, a qué saben mis sueños, mis arrullos, mis intentos por pedirte una oportunidad para estar cerquita de Ti.
Y la paciencia descifra, mejor que nadie, los jeroglíficos que se pierden por entre las yemas de mis dedos cuando tus quimeras aparecen al caer la tarde.
Fue en el último giro de cabeza cuando sentí el abrazo de tus palabras, la caricia de tu piel, las cenizas de tu aroma impregnarse sobre mi ropa,…
Y en tan solo unos segundos, la vida se detuvo y tuvimos paciencia para contarnos de todo.
Mereció la pena esperar tanto tiempo para escuchar el eco de tus pisadas, para saber de Ti tanto como se de mí, para tenerte en la distancia y extrañarte en la cercanía; para rogarte, suplicarte, rezarte por los míos y sobre todo,… Por darme la oportunidad durante estos tres benditos años de poner santo rostro a la Salud y ver en tu divina cara el reflejo de los que me faltan y que siempre, siempre estarán ahí... en tu mirada... en el bordado de tu saya dorada... en las hojas de esa rama de olivo que en tu mano mimas y guardas...porque desde siempre has sido Señora, la Salud de mi vida, la fortaleza en mi camino y la vitalidad en mi día a día. Eterna Salud de una ciudad por Ti cautivada.
martes, 19 de noviembre de 2013
Maria en su dolor
Valle de lagrimas que gotea en el alma de quien la contempla, inundada en Dolor, solo ojos para su llanto solo luz para sus tinieblas de Dolor, solo pena para su corazón encogido. Ojos inmensos en la inmensidad de su Dolor. Dolor abierto al surco de la Cruz, desaforado y tenue; tenue, si, que el suspiro se le escapa en medio de la congoja, como un lamento que es plegaria... ¡Hijo Mio!
Y mientras resuena el eco de Amarguras, Maria se deshace en un valle de dolor y desconsuelo, Ella, la Señora, la Pura y Limpia Madre de Dios...
domingo, 17 de noviembre de 2013
Cerca de Ti...Señor
... Lirio callado y envuelto en mil silencios para ir escuchando la pisada suave de Quien lleva queriendo la Cruz...
Separa levemente la mano de la cruz, creando ese espacio infinito y mínimo que existe entre Dios y el hombre. Es el misterio del acercamiento de todo un Dios. El es todo Hombre Nuevo; el es Jesús Nazareno.
Sus manos acarician el madero como un arpa, con la que crear un himno de alabanza al Amor de Dios, Dios Redentor. es el Señor Nazareno.
Camina dulcemente, paso a paso, porque es Dios que lleno de paz, va a morir por Amor. Y siendo por Amor ¿No lo va a hacer en paz? es el Señor, sin mas.
Señor, bendita sea tu cruz, tu forma de llevarla, tu pisada y tus manos. Señor, bendita sea tu dulce y mansa mirada.
Y vestirán tus servidores cárdenas casacas, San Pedro ha ido vistiendo durante la gloriosa jornada la ilusión de sus mejores colores: dorado en la lejanía, blanco en el mediodía exultante de luz, morado con el atardecer en las aceras y calles que se van llenando, piedra a tu salida, tierra en la despedida, cielo siempre... Que tantos colores no vi nunca en las mejillas de una parroquia y su portada.
La caída de la tarde en el recuerdo conducen de nuevo a tu oratorio amparado por la Madre que Misericordia nos derrama entre su regia cancela.
Presagio del final de una madrugada, densa, larga, negra, ascua y sombra en la ciudad, calmando con Gracia y Esperanza las angustias de filas de terciopelo purpúreo penitente.
Y en el llanto de la anochecida del Jueves Santo, vestirá la mantilla de la neblina agria de su dolor intuido, Viernes Santo Nazareno.
Separa levemente la mano de la cruz, creando ese espacio infinito y mínimo que existe entre Dios y el hombre. Es el misterio del acercamiento de todo un Dios. El es todo Hombre Nuevo; el es Jesús Nazareno.
Sus manos acarician el madero como un arpa, con la que crear un himno de alabanza al Amor de Dios, Dios Redentor. es el Señor Nazareno.
Señor, bendita sea tu cruz, tu forma de llevarla, tu pisada y tus manos. Señor, bendita sea tu dulce y mansa mirada.
Y vestirán tus servidores cárdenas casacas, San Pedro ha ido vistiendo durante la gloriosa jornada la ilusión de sus mejores colores: dorado en la lejanía, blanco en el mediodía exultante de luz, morado con el atardecer en las aceras y calles que se van llenando, piedra a tu salida, tierra en la despedida, cielo siempre... Que tantos colores no vi nunca en las mejillas de una parroquia y su portada.
La caída de la tarde en el recuerdo conducen de nuevo a tu oratorio amparado por la Madre que Misericordia nos derrama entre su regia cancela.
Presagio del final de una madrugada, densa, larga, negra, ascua y sombra en la ciudad, calmando con Gracia y Esperanza las angustias de filas de terciopelo purpúreo penitente.
Y en el llanto de la anochecida del Jueves Santo, vestirá la mantilla de la neblina agria de su dolor intuido, Viernes Santo Nazareno.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
La imagen de la Salud
Entonces se ilumina de verdad esa emoción sin nombre escondida en cada cofrade, en cada ciudadano, y el espacio y el tiempo se llenan de signos, de señales, de mensajes, y no existe el vacío, y por el umbral de una escondida puerta a la espalda de una iglesia, apenas entrevista esa fuente de Salud, uno comprende para siempre la dimensión mas honda de la parábola estelar de la ciudad.
Su cofradía impone así, sin lógica posible, ese ritual de fiesta inolvidable que es la liturgia de la fe en la Madre del Hijo de Dios vivo, Madre del hombre, Madre de la ciudad, Madre de la Salud, entregada a su pueblo.
lunes, 11 de noviembre de 2013
El cofre de nuestras plegarias
Benditas sean esas tus manos, de suplicas y rezos cuajadas, en las que guardas un pintalabios canela para seguir estando guapa a la hora de acoger a los que desconsolados ante Ti llegan.
jueves, 7 de noviembre de 2013
Razón de amor
Y detrás, paciente, esperando, callando, la Madre, la Mujer, Maria junto a la cruz, junto al sufrimiento, como una presencia que el cofrade no puede eludir, que necesita rodear de aromas, de música y de luz, para que no esté sola.
Permitidme que materialice aquí este sentimiento, razón poética de nuestra estética trascendental, y, en esta procesión que va por dentro, ponga paso de palio a mis palabras con versos que amarillean ya la emoción del tiempo y los seres que perdimos. Porque el dolor y el amor son ahora, en medio de la noche, Caridad y gracia.
Bajo la cruz, indiferencia y orden
y ciudades que estrenan su pecado diario.
Arriba, Virgen libre, tu Cruz, mi cruz,
ascua de esperanza, Caridad y Estrella que nos guía a la verdad.
Que así, sin nombrarlo, nuestros ritos, nuestros sentimientos, se hacen de algún modo fiesta. El gozo de presagiarnos ya, en medio de la calle, con la imagen radiante de Dios en primavera.
Bajo la cruz, indiferencia y orden
y ciudades que estrenan su pecado diario.
Arriba, Virgen libre, tu Cruz, mi cruz,
ascua de esperanza, Caridad y Estrella que nos guía a la verdad.
Que así, sin nombrarlo, nuestros ritos, nuestros sentimientos, se hacen de algún modo fiesta. El gozo de presagiarnos ya, en medio de la calle, con la imagen radiante de Dios en primavera.
sábado, 2 de noviembre de 2013
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