Llega la Virgen de los Dolores y nuestros sentidos quedan invadidos por un extraño eco musical de aromas y colores, de una sensación de gozo incontenido que nos hace reír, llorar y emocionarnos a un tiempo y ganas irreprimibles de salir de nuevo a su encuentro para volver a mirarte en Ella.
Llega nuestra Madre de los Dolores y la ciudad, como aquel niño soñador de nuestra historia, queda convencida de haber visto andar por sus calles a la mismísima Madre de Dios.
Llega la Reina del Perchel y Emperatriz de la ciudad y este cofrade, que sueña con tus miradas, ahora más que nunca, se atreve a dirigirse a Ella para decirle:
Ya he rozado con mis manos la gloria.
Ya has hecho realidad mi larga espera.
No te marches, no rasgues con la música la espera
quédate aquí... o llévame contigo
Madre mía Perchelera.
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