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domingo, 27 de abril de 2014

La presencia real de Dios

Tres giros de una pesada y envejecida llave dan paso al silencio de Dios en la bendita y amorosa compañía de su Madre… Los centenarios muros de la estancia guardan como el más preciado de los perfumes una mezcla de esencias que rememoran los bálsamos con los que el Hijo fue ungido aquella tarde de la salvación. Un repeluco que recorre el cuerpo advierte de Su presencia viva invadiendo toda la estancia, que mejor lugar para sentir la verdad de nuestra fe, que otro lugar para notar y poder afirmar que realmente aquí vive Dios, que rincón, sino este, para vivir la experiencia del amor que se guarda al amparo de tocas y velos Carmelitas que glorifican las Penas del Señor y le entregan el más preciado tesoro, una vida dedicada a la oración.

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