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jueves, 14 de agosto de 2008

Benditas Tradiciones


Eran las siete menos cuarto de la tarde cuando las campanas de la Catedral de Ciudad Real comenzaban a repicar anunciando la llegada de los cientos de enfermos, ancianos e impedidos de la capital que participaban este año en la XLIV edición de la Caravana Blanca. Una manifestación de fe y cariño que en 1965 inició el capellán del Hospital Provincial, José Ballesteros, cuando acompañó a un pequeño grupo de enfermos de este centro hospitalario a visitar a la Virgen del Prado. Una visita que se repite año tas año y que en esta ocasión ha contado con la asistencia de unas 1.400 personas, entre enfermos y acompañantes.
“Del millar de ancianos y enfermos que participan este año en la Caravana Blanca, cuatrocientos vienen de pueblos de toda la provincia y los seiscientos restantes de la capital”, puntualizó Manuel López Francia, responsable de organización de la Caravana Blanca, quien señaló que es imposible que asista más gente al acto, ya que la Catedral no tiene capacidad para albergar en su interior a un mayor número de personas.
Daimiel, La Solana, Valdepeñas, Tomelloso, Villarrubia de los Ojos, Malagón o Carrión de Calatrava son sólo algunos de los municipios desde donde han llegado los enfermos que han asistido a esta cita anual.
El acto, que como ya es habitual consta de dos partes bien diferenciadas, se iniciaba a las seis y media horas cuando de la residencia de ancianos Santa Teresa de Jornet salían dos autobuses que posteriormente irían recogiendo a todos los enfermos. A la cabeza, varios coches de época abrían la comitiva y en su interior el Pandorgo, la Dulcinea y las damas de honor se dirigían a la Catedral para asistir a la Eucaristía que, un año más, concelebraría el obispo de Ciudad Real, Antonio Algora, y varios sacerdotes.
“El desfile que realizamos por las calles de la capital es algo desenfadado. Se toca el cláxon de los coches con el fin de que la gente participe de esa fiesta del mundo del dolor”, subrayó el responsable de organización de la Caravana Blanca, quien agradeció a todos los voluntarios tanto de Protección Civil, como de Cruz Roja su desinteresada participación en un evento de estas características.
Minutos antes de las siete de la tarde descendían de los vehículos de época el Pandorgo y la Dulcinea, acompañada de sus damas de honor, y se adentraban en el interior del templo donde cientos de fieles aguardaban el inicio de la Eucaristía.Flores blancas para los enfermos Miles de claveles blancos, aportados por el Ayuntamiento de Ciudad Real, y estampas de la Virgen del Prado se hicieron entrega ayer al paso de los centenares de enfermos al interior de la catedral.
Con total puntualidad y bajo la atenta mirada de la Virgen del Prado daba comienzo la Eucaristía en una Catedral abarrotada de fieles.
Finalizada la ceremonia, y tras depositar a los pies de la Virgen decenas de ramos de flores, el millar de enfermos que participaba en la Caravana Blanca regresaba a su lugar de origen pensando ya en la próxima edición de esta manifestación de fe hacia la Virgen del Prado.

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