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lunes, 2 de marzo de 2015

Silencio...silencio...

Con el preludio de estos decires acariciaría sentir el silencio, ese que se percibe en estos lugares, con los cirios encendidos, ya impuestos los antifaces, las cruces sobre los hombros, aprestados los estandartes, dominantes los guiones, ardiendo ya los ciriales, en tensión los costaleros, y atentos los capataces. Silencio que es oración que llevamos a la calle cuando, por la collación del Carmen, en el convento, esa angosta puerta se abre.
Ese silencio sagrado que se oye en estos lugares, estando ya preparados antes de salir el martes a pregonar silencio y oración por las calles. Silencio de Martes Santo, silencio de largo capirote enlutado apuntando al cielo. Silencio de Penas que anda por las calles…arrastrando el madero. Ese silencio me ayuda a ver lo que yo más quiero.
En ese silencio la veo en la plenitud del Cielo: que no necesita altares que dispongan de algún hueco porque esa santa ya ocupa una hornacina en mi pecho. Silencio de una hermandad que cargada de Penas anda, enseñando a una ciudad la verdad, el sentido puro de orar en la calle, sin ornamentos... silencio de su recuerdo.

Silencio de Martes Santo. Silencio,… silencio,… silencio.

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