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lunes, 9 de marzo de 2015

Nuestra Semana Santa

Estamos en el gozo de las vísperas cuando esto escribo. En Cuaresma de vida cuando estas letras vean la Luz de la fe. Todo se une en el Señor y su bendita Madre, la razón de ser de la Semana Santa: el sacrificio por amor de Dios mismo, que Ciudad Real y sus cofrades glosan en la gracia de su cuaresma y en el amor a su Semana Mayor.
Porque…podría contaros que la Semana Santa de nuestra ciudad es ese frío que recorre el cuerpo cuando la luna pinta desalientos sobre los callejones de un barrio perchelero…podría deciros que la Semana Santa de nuestra ciudad es ese silencio de un viernes que derrama Sus Dolores al calor de la luz grácil, palpitante, de unas velas que empapadas de devoción lloran al compás de una oración musitada desde el zaguán del cielo mismo de nuestra ciudad…podría confesaros que la Semana Santa de nuestra ciudad es ese pellizco que acaricia el alma cuando te giras y ves que un palio, encendido de Dolor, viene “mu a poquito a poco” marcando las huellas de tu camino.
Pero la Semana Santa de Ciudad Real, para todos los que pasáis por aquí, es mucho más que todo eso…
Es…el requiebro de un varal al sentir el susurro de la piedra de Santiago y su puerta ojival, añorando viejos tiempos, salidas de una casa de verdad. Es…un sueño de Amor dormido entre hojas de naranjos y azahar, que de nuevo y con andar decidido romperá el silencio del frío rodar. Es… Piedad que muere al compás de un silente y sobrio rachear, rancias filas de negro tafetán sabor a cofradía, olor a viga vieja, entumecida, añejas cancelas de Catedral. Es… la luz derretida que se vierte en los platillos de tu candelería al pasar por el convento, y tu gente te aclama como Reina sin pecado “concebía”. Es… el anhelo de tu mirada escondida, bella perla de Santiago, primorosa consentida, bajo un cielo azul que refleja los dorados del día, rebosante de pureza, Dolorosa, Virgen María. Y… es Reina por la Merced, “malhería” al Coronar a su Dios entre burlas e ironía. Y…es Esperanza de un barrio que navega buscando sus ojos, como faro que a buen y seguro puerto les lleva y en la negra oscuridad les guía. Y…es la Pena que arrastra mi Dios cada Martes por el Carmen, silencio roto por el crujir de la madera, por el compás de una gente buena, ahí viene el Señor paseando su triste Pena. Esta es la Semana Santa que vivimos, la que quedara para las estampas, con la que un día nos harán soñar nuestros hijos y pellizcara lo más hondo de nuestra cansada alma… Esta es nuestra Semana Santa, lejos, muy lejos Miguel, de los reflejos de neón que a Dios y su bendita Madre, nuestra Madre, les asusta y espanta.

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