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viernes, 14 de marzo de 2014

Sexta estación..

Jesús es azotado y coronado de espinas...

   Un viejo camino nos conduce entre viejos recovecos, rocas agrietadas y arboles centenarios de un Prado. Caminos de Jerusalén ante la cruz de la puerta de nuestra catedral Carmelita. La sexta cruz, muestra pletórica de amor, nos presenta un eccehomo de ofrenda y sacrificio, lacerado, con el rostro ensangrentado y su cuerpo cubierto de purpura. Me contengo; parece como si me quedara solo, sin palabras. En mi interior, escucho la mofa que te profieren los insensatos; y no soy capaz de asumir ni comprender como Dios es humillado, viéndote con la caña en la mano, desgarradas tus vestiduras y coronado de espinas.

"Los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la cohorte, y le vistieron una purpura y le ciñeron una corona tejida de espinas, y comenzaron a saludarle. Salve, rey de los judíos. Y le herían en la cabeza con una caña y le escupían, e hincando la  rodilla, le hacían reverencias. Después de haberse burlado de Él, le quitaron la purpura y le vistieron sus propios vestidos".  Mc 15, 16-20.


Desnudo esta y azotado
con tan terrible fiereza,
que desde el pie a la cabeza
lo veras todo llagado:
que caro le ha costado
al querer el pecador.
Con penetrantes espinas
coronaron su cabeza,
y apretándolas con fuerza, 
rompen las sienes divinas
abriéndose así las minas
del oro de mas valor.
En el balcón asomado
Ecce-Homo dice Pilato.
Y responde el pueblo ingrato,
que muera crucificado
que aun con verlo tan llagado
no esta saciado el rencor.

   Ecce-Homo. He aquí el hombre. Humillado. Ante ti se cubre el rostro. Golpeado. Zaherido. Vapuleado. Ofendido. Hecho un andrajo.Arrastrado al matadero. Tu rostro es un resumen de toda la pasión. Un epítome de todos los sufrimientos que has afrontado por los demás. En tu mirada y en tu iris esta presente la misericordia que transmites por nuestras afrentas y pecados. No manifiestas rabia alguna, mas bien una llamada desgarradora en nuestro interior. Me persuades: Fíjate en el Hombre, en Cristo, en lo que me han hecho por ti. Y me quedo con esta imagen del camino de la Merced. No la olvidare. Tu pasión es mi pasión. Tu camino es mi camino. Quiero seguirte.

    -Te alabamos, Cristo , y te bendecimos.
    - Que por tu santa Cruz redimiste al mundo, y a mi, pecador.



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