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jueves, 9 de mayo de 2013

La herencia de nuestros mayores, sabiduría y amor


Los crepúsculos de Ciudad Real en Primavera son como una oración temblorosa, purpura al caer la tarde, sangre de rosas en hogueras de oro reflejadas en ojos cansados ya de sabia y rancia mujer. Raíces que hacen aflorar todas nuestras nostalgias, que hacen de nuestra tradición, cultura e historia una presencia constante de la madre, de la abuela... Estamos hechos en buena medida a imagen y semejanza materna. Dios también es madre.
La mujer manchega, -ciudadrealeña para más señas-, es transmisora de toda metáfora posible, símbolo ella misma de todas las revelaciones sucesivas de la ciudad. La mujer ciudadrealeña, guardiana de los destinos culturales y cultuales de nuestras más hondas tradiciones. Ella, desde la sombra, detrás del hijo, del marido, del padre, conservando todas nuestras cosas en su corazón, pasando el testigo a la generación siguiente, y aunque haya sido no pocas veces la gran traicionada en la pervivencia de nuestro destino como pueblo, no por eso dejo de cumplir una importante misión de aliento profético, incluso desde una posición de silencio, siempre paciente, esperando, callando como María junto a la Cruz, estando allí al lado del sufrimiento para devolvernos luego la alegría, con esa eterna presencia femenina que el ciudadrealeño no puede eludir, que necesita simbolizar también, visualizar materialmente, convirtiéndola en paso de Virgen, rodeándola de aromas, de música, de LUZ, para que nunca este sola, para que sepa que es Ella el cauce mejor de nuestros sentimientos, y que por ella encontramos la expresión más perfecta a nuestro encantamiento de hijos que nunca dejaron de andar por los ámbitos que la madre había vivido y amado.
Ciudad Real-mujer, Ciudad Real-paso de palio, Ciudad Real-Reina y Señora, Ciudad Real-historia de sus mayores, Ciudad Real-madres, abuelas, leyendas y mitos vivos transmisoras de una memoria de la emoción...En vosotras pienso, ante todo, madres y abuelas de generaciones cofrades que encienden una LUZ en estos tiempos de oscuridad cofrade, que no es poco anochecer cada día con dos manos atareadas y alegre el espíritu...permitidme que yo también materialice la razón poética de nuestra estética trascendental, y la haga sentimiento de amor y de dolor que suavice en lo posible la enfermedad de cada una de ellas.

1 comentario:

PEPE LASALA dijo...

Un gran escrito amigo, todo un homenaje lleno de sentimiento perfectamente transmitido. Así escribe un cofrade de corazón. un fuerte abrazo.