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jueves, 2 de mayo de 2013

El hermano mayor...

Felicidades "Portu", por dejarte la vida en una cofradía para ponerla al máximo nivel, y como no por tu cumpleaños, feliz día.

Casi no se ha dado cuenta y esta ya saliendo delante del cuerpo de acólitos turiferarios de "su paso de palio". Le acaban de dar su vara con la galleta dorada, cuando todavía estaba discutiendo con aquel hermano de un problema de organización de la cofradía  No se puede permitir ni un momento de sosiego... Ahora parece que, por fin, vive su propia realidad. Se coloca el antifaz y con gesto decidido da un paso hacia la calle. Casi no se ha dado cuenta de todo lo que ha vivido desde que salio de su casa casi a primera hora de la mañana, desde que tuvo casi que dejar de ser el padre, el marido, el cofrade... para ser el hermano mayor. Como en un flash, ahora, cuando ve al gentío arracimado en las puertas de la salida, recuerda sus primeros Viernes de Dolores, sus primeros Jueves Santo, sus primeras e incipientes Semanas Santas... Casi no se ha dado cuenta de que ya no se pertenece en los saludos protocolarios a autoridades, hermanos mayores que vienen a ver el paso de la cofradía, en un sin vivir de nervios, templados por fuera, para controlar el mínimo detalle... luego la prensa, las consabidas respuestas a las consabidas preguntas, la tentación continua de la "vanagloria cofrade", que tantos disgustos ha dado... Casi no se ha dado cuenta de que se acercaba la hora y ya iban llegando los primeros nazarenos desde sus domicilios. Lo que siempre había sido un rito especial, como una oración profunda, como un momento de encuentro con Ella: vestirse la túnica nazarena, se convierte ahora solamente en una breve pausa entre dos o tres gestiones que aun le quedan por hacer. No obstante, en la breve clausura de un pequeño cuarto, puede sentir el valor de la estación y piensa en todos los hermanos que aguardan ya impacientes la salida... Casi no se ha dado cuenta, pero se ha emocionado rezando el Ave María junto a nazarenos y costaleros, aunque nunca ha sido persona de sensibilidades externas... Son demasiadas emociones... Ya en el umbral de la puerta ha visto a su mujer, a sus hijos, vestidos de túnica perchelera. El antifaz puede ocultarlo todo, pero no a él ni a su mirada que se ha hecho caricia y beso en la imposible distancia. A su espalda, las voces enérgicas, las ordenes precisas de capataz y contraguías para sacar el palio de tan celestial Señora... Silencio contenido, breve que se interrumpe pronto por los aplausos y los acordes de la Marcha Real. Han ido pasando las horas muy lentamente. Se hace inevitable la preocupación por los horarios, las consultas con el diputado de tramo, los comentarios de los oficiales que le acompañan... pero, al salir de la plaza, el tiempo vuelve a ser medida de oración reflexiva, de contemplación  de descubrir una realidad distinta de las cosas, de personas desde la privilegiada atalaya del anonimato, aunque siempre sea relativo en su caso. Todos saben que es el hermano mayor. Todo ha terminado. La oración breve, los abrazos interminables, la búsqueda de rostros conocidos con los que intercambiar, al menos, una sonrisa cansada... Y vuelve a sentir que vive realidades ajenas...
Cuando en la alta madrugada vuelve por fin a su casa, casi no se ha dado cuenta de que no ha estado nunca solo en todos sus momentos de penitencia, de protocolos, de gestiones. Ella, Maria, cuya imagen permanece ahora en la oscura nave ha vivido muy cerca de él.