
Profundicemos en nosotros mismos, en nuestras vivencias de este tiempo de LUZ, nuestras imágenes de lo humano y lo divino y quizás descubramos la materia que nutre, el ser que mueve, el sentido que tiene el gozo y la nostalgia, el amor y el dolor, la belleza y la esperanza, el deseo o la fe que ponen nuestros corazones cara a cara con la imagen del Hijo del Hombre... Jesús Nazareno que se hace presente y se ofrece en la calle como una fiesta inmensa del espíritu vivo que lleva dentro cada cofrade, cada ciudadreraleño.
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