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martes, 11 de octubre de 2011

Las Penas del silencio

El silencio es el mudo pregón de penitencia de nuestra noche única. Noche del martes más santo, paso a paso, cuando nuestra ciudad se perfuma allá por los Remedios de azahar, se ilumina por el Carmen con la luz de la caoba y el rojo cardenal de Jesús de las Penas inunda de Pasión toda una noche. Destellos que iluminan también, paso a paso, el misterio de un Dios abrazado a la Cruz que calla, triste y patético frente al mundo. El silencio de Dios. El enigma que nos sale al encuentro para que sea nuestra conciencia de hombres la que hable. Este Jesús de las Penas, silencioso, que sentimos muy cerca de nosotros como una tremenda necesidad, como una muda acusación a nuestros ensordecidos corazones que ya no quieren, o no pueden, escuchar "los gritos del silencio" que brotan, terribles, desmedidos, sin palabras, desde la injusticia, el hambre, el miedo, el sufrimiento...las nuevas plagas que ahogan la vida de millones de seres humanos. Por eso, en medio de esa noche única de nuestra ciudad, paso a paso, lentamente, el Nazareno de las Penas, ese Nazareno de los silencios es pregón de penitencia, misteriosa sombra de perdón, saeta de Dolor Esperanzado.

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