Y la luna abrazaba tu pena, y mi
pena de madrugada… soledad nazarena a la luz de la cera. Y hasta se duermen
esos sueños nazarenos en vuelos de paloma blanca, que hasta el convento vuela y
vuela, y a la vera de su Santa descansa. Y en la inmensidad de ese sueño,
capirote alto y negro de creyente arrepentido, me quedo con lo homérico de sus
voces etéreas rodeadas de clausura, me detengo en esa corpórea serenidad y en
la paz que rezuma ese monasterio.Vistas de página en total
martes, 13 de enero de 2015
Sueños nazarenos
Y la luna abrazaba tu pena, y mi
pena de madrugada… soledad nazarena a la luz de la cera. Y hasta se duermen
esos sueños nazarenos en vuelos de paloma blanca, que hasta el convento vuela y
vuela, y a la vera de su Santa descansa. Y en la inmensidad de ese sueño,
capirote alto y negro de creyente arrepentido, me quedo con lo homérico de sus
voces etéreas rodeadas de clausura, me detengo en esa corpórea serenidad y en
la paz que rezuma ese monasterio.domingo, 11 de enero de 2015
Hoja informativa Nº 2. Hermandad de las Penas
Pinchando en la foto del Señor que tenéis en la columna de la derecha, podréis acceder a la lectura de la hoja informativa que edita la hermandad de las Penas. Viene a cubrir las actividades y actos que se han desarrollado en estos meses de Navidad y los que tendrán lugar hasta la llegada de la ansiada cuaresma 2015. Esperamos que os sea de utilidad.
lunes, 5 de enero de 2015
domingo, 4 de enero de 2015
Las raíces del cofrade
Ellos son el futuro cierto. Los continuadores de nuestras más rancias tradiciones, los guardianes de nuestras más hondas devociones... de ahí nuestra responsabilidad en orientarlos y educarlos en la fe y en las buenas costumbres, de transmitirles nuestras pasiones, nuestras raigambres religiosas. Llevarlos de la mano con dulzura pero con firmeza, para que desde la más tierna edad participen en nuestras vivencias. Y no me vengan a decir que mejor cuando comprendan y lo pidan ellos mismos, porque en idéntico caso estaríamos con el bautismo y respondemos por ellos ante la Comunidad eclesial. Mejor -peor, claro-, que se desvinculen cuando tengan ese uso de razón que les haga discernir por ellos mismos si nuestras Hermandades y Cofradías son el medio apropiado para el crecimiento de su vida cristiana, lo que sigue representando un auténtico reto para todos los cofrades.
Pues esos niños, como el de la foto, como hemos sido muchos de nosotros, guardan recuerdo imborrable de sus primeros años asistiendo -sin comprender mucho, más bien casi nada- a los cultos, de los primeros besos en la mano de la Virgen o en los pies de Cristo, de la incontenible emoción cada vez que había que probarse la túnica, -pequeña tirana que obligaba cada año a usar de tijeras, agujas, hilo y demás útiles- porque siempre se iba quedando pequeña y había que salir de nazareno; ese supremo momento en que se llega a la iglesia, con todo dispuesto para salir a la calle, vistiendo el hábito nazareno o, los más pequeños, de acólito, sintiendo una inenarrable emoción al contemplar las filas de hermanos que iban en la procesión, de oler ese aroma inconfundible de flores, cera fresca, incienso sin encender aún, y la inquietud de ver correr el tiempo muy lento, lentísimamente, antes de que llegue el momento soñado de que la Cruz de guía eche a andar y tras ella, todos; oír los primeros sones con los que la banda de cornetas y tambores hiende al aire anunciando la salida de la cofradía.
Y salir agarrado fuerte, como a un baluarte que inspira seguridad y confianza, a ese otro nazareno -padre, hermano- que realiza la doble estación la propia y la del ejemplo que quiere inculcar en ese nuevo cofrade, proyecto moldeable, que se deja llevar convencido, a su manera, de que es lo mejor que puede pasarle.
Como ese niño tú y yo, sabemos de nuestras alegrías cada año al ir consolidándonos y perseverando en un mayor cumplimiento; "yo ya llegó hasta catedral, y yo hasta la Merced, y yo hago el recorrido entero..." cuando quizás el primer año, con solo meses, dormido en brazos de la madre, apenas si asomó a la puerta, para ir con esa parsimonia que el tiempo impone alargando la distancia, y acercándose cada año a los tramos más cercanos a los pasos.
Nostalgia si se quiere, pero no tristeza. Quizás un poco de melancolía por lo que se nos ha ido yendo, pero mucha alegría por lo que viene detrás. Ojalá este niño cofrade pueda mañana, un mañana lejano aún, recordar también esos momentos que ahora vive cuando de su mano, otro acólito, otro nazareno, sea el eslabón que comunique a generaciones y generaciones en el mismo sentir y en el mismo modo de manifestarlo.
viernes, 2 de enero de 2015
La hondura de lo que está por llegar
A escasas cuarenta y cinco anochecidas
de que la espera, revestida de sempiternos desvelos, despabile el sueño perenne entre reminiscencias y melancolías,
y la luna nueva que estrenara una reluciente cuaresma suavice su sombra en las
murallas de una ciudad deshecha y gastada de recontar siglos de tradiciones, concédeme
tu licencia para que te suspire lo que siento cuando veo a la que con
vestimentas hebraicas nos recibirá intramuros de la que es su casa, nuestra
oratorio personal.
Cuando en poco menos de dos meses
mis pies me requieran un respiro entre encuentros con intimistas altares y el
refugio que proporcionan unos cuidados y fecundos cultos, mis emociones apelen
a un benevolente sosiego y mis súplicas ya no precisen de pañuelos en los que consolar
mi yerro, penetra en mis labios a través de estos esbozos que en este momento apunto
y sentirás lo que ansío proclamar sobre esa mujer que veremos llorando por
cualquier rincón de nuestras iglesias, velando, cuidando nuestros sagrarios,
defendiendo nuestra más sacra herencia.
Necesito alcanzar que concibas,
que profeses, que notes que esa que inhala idéntico aire al que tú y yo aspiramos
cada mañana, cada tarde de una cuaresma cuidadosamente impregnada en incienso,
cera y flor, es sobremanera mucho más
que una sencilla imagen tallada en madera. Y es que su nombre es el que remueve
los raíces de cientos, de miles de corazones que acarician en su perfección
sublime la senda para tocar la soñada gloria. Su mirada abre cancelas, ventanales,
picaportes; rejas, cerraduras, almas, corazones;…solamente con escuchar los
puntos suspensivos con que nos agracia su sonoro silencio. Es en su mirada donde
reposa el cielo de los días que nos quedan por vivir y a nosotros nos quedan
aún por paladear.
Vislumbra más allá de una
advocación rodeada de cera, bordados, terciopelos y sedas, o de un andar sobre
los pies al compás sublime de una marcha, o de una muchedumbre que anda del
revés, de espaldas, oprimiendo su fe contra las paredes de unas calles desnudas
pero revestidas de su continua presencia
y empapadas de sus lágrimas cada primavera, callejuelas vacías de creencias,
raíces que asoman descubiertas, sin profundidad en unos sagrados misterios.
Cuando andes en esos días por nuestras
calles, visites los rincones sagrados meditando el porqué de su serena
presencia, busca a esa que va a caminar por aquí…en los estremecimientos de
cada hermano de fila, en las fajas que fajan ofrendas y fatigas, en las clamores
de las oraciones que despojan las creencias de un pueblo; ya que es ahí donde
se encierra la grandiosidad de la que vive entregada en obediencia perpetua a
su Dios, es ahí donde se exterioriza la magnanimidad de la que es ejemplo de
vida consagrada al amor, es ahí donde se acaricia la sencillez de nuestra
madre, la excelsa Madre de Dios.
Ya llega la cuaresma repleta de
su amor.
domingo, 28 de diciembre de 2014
viernes, 26 de diciembre de 2014
El anhelo de tu llegada
Evocas, a escasas horas de tu venida…evocas un sueño de Amor por los Remedios dormido, entre hojas de naranjos y azahar recién florecido… Sugieres Piedad, Piedad que muere al compás de un silente y sobrio rachear, rancias filas de negro tafetán regio sabor a cofradía, olor a viga centenaria de catedral de recuerdos embebida… Recuerdas la Pena, Pena que arrastra mi Dios cada Martes por el Carmen, rachear costalero del que surge el requiebro de una cruz al sentir el susurro de la piedra del sacro convento y su puerta que te quiere abrazar...nubes de incienso, sonidos de antaño, olor a cera, capirotes de pena perfeccionan la dramática escena… Y, es que, podría contaros que la Semana Santa de nuestra ciudad es ese frío que recorre el cuerpo cuando la luna pinta desalientos sobre las callejas que conducen hacia la clausura carmelita la Pena de un Dios que nos mira y nos pellizca el alma que en vilo nos tiene...respira poco a poco, ¡parece que no puede! Podría confesaros que la Semana Santa de nuestra ciudad es ese pellizco que acaricia el alma cuando te giras y ves que un misterio, inundado de lirios, morados de Pena y de dolor, viene racheando, navegando sobre pies que marcan las huellas de tu camino. Pero tu llegada Señor es mucho más que todo eso…y es que hay un encuentro con Dios en tu nacimiento y como no, en Semana Santa. Un encuentro único, exclusivo, personal como el Amor de Dios a cada uno. Y este encuentro sí que no tiene víspera ni final, puede vivirse permanentemente, desde que descubrimos cada cual que el Señor nos llama, nos está esperando y aguarda nuestra respuesta. Todo se une en el Señor y su bendita Madre, la razón de ser de la Semana Santa: el sacrificio por amor de Dios mismo, que Ciudad Real y sus cofrades glosan en la gracia y en el Amor a su Semana Mayor.miércoles, 24 de diciembre de 2014
Y es que...Navidad eres Tú
Con el tenue silencio que ocasiona la álgida anochecida, junto a un pesebre lúgubre por tierras de Judea, más concretamente en la ciudad de Belén, la dulce fatiga de una estrella alumbraba en la noche, quebrando con su inquietud la penumbra y el fresco de los días de diciembre.
Aquel humilde y apartado rincón, muy retirado de cualquier posible hálito y cuajado de senderos descuidados que con la madurez de la noche se fueron rebosando de andadas, de sonidos, de rumores, de multitud de personas llegadas de cada uno de los horizontes del planeta en busca del floreciente pesebre, ese en el que un amable animal de carga y un recio y manso rumiante proporcionarían eternamente resguardo al esperado Mesías.
De fondo, se dejaba oír el murmullo de extraños lenguajes. Se cambiaban morrales por mimos y halagos. Se descubrían fulgores en las fatigadas y jubilosas miradas,… mas, todos, sin excepción, portaban idéntica instrucción hilvanada bajo el brazo: esperanza, anhelo, ilusión.
Ilusión por contemplar lo más cerca posible “al mejor de los nacios”; deseo, afán, por postrarse ante el que separaría las postigos del reino celestial de par en par ofreciendo su sangre como diezmo; fe, esa fe pura que antes de que el género humano se corrompiera existió en labios que rozaron esas benditas plantas de azahar y nácar.
Entre tanto los que hasta allí llegaron y los estribillos de los villancicos iban al encuentro de un modesto refugio para resistir la fría noche, Jesús enredaba con las telas de sus sabanitas y jugaba a esconderse y repentinamente a descubrirse de nuevo entre ellas; hallábase alegre, aún no habían casi despertado sus alegres ojos a su presentida existencia y no se notaba todavía con la energía que fuera menester para darse cuenta de la muchedumbre que años después gritaría para que fuese clavado en una cruz, hasta que de pronto … Su alborozo, su radiante mirada, sus jugueteos se interrumpieron y descubrieron aquel perfil que aguardaba su momento pisando ya el quicio de su improvisado cobijo. Quién sabe si advirtió su perdida mirada, apenada, decaída; tal vez le chocó lo hundido de sus ojos, evidenciando vacilaciones y desengaños; a lo mejor se extrañó al comprobar que aquel visitante llegaba a su cuna sin nada en las manos, nada que entregarle, nada con que halagarle…
Ninguno lo averiguó, pero el chiquillo al que llamaron Jesús persiguió sus pisadas con esa inocente y pura sonrisa dibujada en su semblante hasta que aquel desconocido se plantó frente al Niño Dios, y el Hijo de Dios –sorprendiendo a todos-, lo recibió con los brazos abiertos para que éste lo alcanzara y sobre su pecho recostar sus sienes sagradas.
El improvisado albergue que resguardaba del frio su carita divina, repentinamente, quedó silente. Las pisadas permanecieron sin palabras. El pasmo se filtró por las desvencijadas ventanas ansiando ver lo que dentro pasaba hasta que María, todavía agotada y algo abatida, se aproximó hasta aquel imberbe escribiente para que desterrara su altanería y mereciera arrullar en su torso al que tantas vicisitudes venía a clamar. Fue el elegido, el agraciado, el escogido.
Esa milagrosa noche la bondad del Niño llamado Jesús comprendió aquellas palpitaciones agrias que llegaban hasta Él rumiando clamores desde el mismo instante en que determinó guardar calma y sosiego para no reventar y cuartearse en mil girones como ropa expuesta a las tempestades, a los malos vientos.
Esa noche el corazón de Jesús supo aplacar esos latidos amargos que perciben con más y más ira cómo la vida juega a encubrir soledades con las esperanzas que junto a su respiración se pintan al retirarse hasta el día siguiente el sol. Esa noche el corazón de Jesús supo adormecer el furor, la rabia, el arrojo que salvaguarda un sencillo nazareno de cera que contempla con turbación – desde el balcón de sus límites -, como y tras pasar más de dos milenios el Hombre continúa velando el mensaje descendido de las alturas entre inciensos y celos, rivalidades y envidias.
Escasas fueron las palabras, escasos los reproches, nada de malos propósitos,…pero al descansar de nuevo en su humilde pesebre, el semblante del Niño llamado Jesús ya no fue igual. Desamparado y desarmado, el corazón de un mero amanuense pudo descubrir sus llantos delante del que tanto anhelaba y logró, sin saberlo, sin procurarlo, sin pretenderlo, que el corazón de Jesús -desde aquella naciente Navidad-, conociera sin lograr remediarlo que su destino estaba más que dictado.
lunes, 22 de diciembre de 2014
Hoja informativa hermandad de las Penas
viernes, 19 de diciembre de 2014
Esperanza del Pilar
jueves, 18 de diciembre de 2014
Campaña de Navidad e inauguración del Belén
La Hermandad de Las Penas realizara este próximo sábado día 20 su anual recogida de alimentos y donativos para entregarlos a las familias mas necesitadas. Acerquémonos todos a partir de las 11:00h a la Plazuela del Carmen y tratemos de paliar en la medida de nuestras posibilidades la carestía que puedan sufrir algunos de nuestros hermanos en estas fechas tan especiales.
Y sera también ese mismo día 20 de diciembre a las 13:00h la inauguración del Belén que este año la cofradía ha vuelto a montar en el interior del convento del Carmen. Les invitamos a todos a que estén presentes en un día tan especial donde se unirá fe, hermandad y caridad.
domingo, 14 de diciembre de 2014
El gozo de su llegada
La alegría de quien viene a confortarnos en nuestras penas se refugia en estos días tras los muros conventuales del Carmelo. Al amparo de una madre confiada, resguardado por un padre en el amor a su hijo cautivado y recibido con enorme gozo por una cofradía que con pena profunda en el alma le aguarda con una cruz de pecados que le entrega cada Martes Santo cuando vuelve a la clausura que le espera con dulzura para curar sus heridas.
martes, 9 de diciembre de 2014
Y me postre ante tus celestiales plantas...
viernes, 5 de diciembre de 2014
Cuando Dios llega
Una escala de sueños sostenida por la ternura del aliento de Dios. Tu mano, Cristo, nube desnuda que parece llevarse todo el sol que nos une, y, sin rozarlo, hacerlo llover después sobre estos corazones dolidos que van por los senderos, deslumbrados de Ti, para caer en ese hueco tuyo que edifica la noche de los cielos. Un brillo oscuro en que el común origen pone cerco y designio a nuestras vidas.
Una calle de lirios para las calles de su Real Villa… Silencio puro, íntimo, sincero. Silencio para reconciliarnos con nosotros mismos. Solo Dios puede, de la materia, hacer brotar el espíritu. Creamos eternidad en cada una de nuestras imágenes. Este es el poder maravilloso que Dios concede a nuestra ciudad. Y está en nuestras manos. Ciudad Real transformando nuestro pobre tronco humano en imagen de lo divino. Vuela entonces el ala de un Ángel sobre la niebla de nuestra mediocridad. Nuestro corazón tiembla de sobresalto. Un hombre que aún es joven se va muriendo arrastrando una cruz por nuestras calles. Martes Santo. ¡Cuánta Pena en su rostro! Simón de Cirene le acompaña.
Y llueven sangre nuestros cirios oscuros de amigos con capirote enlutado, Semana Santa de la ciudad arrepentida, lágrimas de temor por la ciudad alegre y confiada que cierra el puño vergonzante y tapa sus oídos al clamor de los pobres.
Perdónanos Señor de las Penas, imagen de nuestro corazón, que cuando estas en la calle, cuando apareces ante este pueblo mío, al que amo y Tú amas, uno comprende y siente el gozo mismo de la eternidad. Porque Tú has querido que sea aquí, en esta ciudad, al amparo de esta cofradía, donde cada uno de nosotros haga el milagro de crear tu rostro divino a imagen y semejanza de la gloria que soñamos.
miércoles, 3 de diciembre de 2014
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