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martes, 20 de enero de 2015

La Soledad de una ciudad

La vida no puede definirse, hay que sentir su pálpito en cada instante que transcurre, descubriendo que nunca pasa ajeno a nosotros, que forma parte de nuestra propia existencia… A veces quisiéramos que se parase el tiempo de nuestra vida en aquel momento o aquel lugar… por toda una eternidad… Tenemos la capacidad de revivirlo en la mente, nos damos cuenta de que forman parte de nuestro ser… que en ellos hemos descubierto un sentido, unos valores, que no estamos solos… y desde la fe, que hay una Madre que vive en todos ellos como una misteriosa experiencia de Amor.
Nuestras cofradías, nuestra Semana Santa es un acontecimiento que sobrepasa ampliamente los límites espacio-temporales para implicarse de una manera real y profunda en el ámbito vivencial de nuestra gente. Define actitudes que comprometen la existencia de una persona, valores que orientan un sentido muy concreto de comprender la realidad y adivinar una esperanza más allá de ella. La Semana Santa, sus cofradías, sus imágenes no se ven, se “viven” y se "sienten" en infinidad de momentos que abarcan más allá de los siete días y no se limitan a espacios definidos previamente, aunque existan marcos privilegiados. Son momentos de encuentro, de dialogo, donde las personas descubren el amor de una Madre que vive en medio de los hombres, que se hace visible desde la devoción a unas imágenes benditas y merced al tiempo… El tiempo…esa sombra que Dios esculpe en las esquinas del atardecer para que descubramos la verdad y la grandeza de las cosas... El tiempo…esa distancia que nos separa de las emociones, va pasando lentamente, como notas de Font de Anta, que se duermen al abrigo de un aterciopelado manto y al calor de unos rancios faroles en la encendida tarde en que un palio de tafetán negro se mece por las callejas que rodean la anhelada, cada naciente primavera, Plaza de Los Mercedarios... El tiempo…ese camino que nos separa del gozo y la magia del instante fugaz, se queda enredado entre los arboles de San Pedro, perfumando un sueño que dura 450 años, una eternidad junto a Ti, Soledad.

1 comentario:

PEPE LASALA dijo...

Precioso "Pregón Soleano", precioso el tiempo que nunca se va, sino que guarda la esencia de esos casi cinco siglos. Muy bien escrito amigo.