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miércoles, 13 de mayo de 2009

LA CARIDAD ROMPIÓ EL SILENCIO...

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“Hay Madres que salen poco a la calle, quizás porque la vida se les ha presentado cargada de asperezas y quizás porque han donado a la omnipotencia divina lo mas preciado de sus vida, su hijo. Pero una madre no se cansa de esperar y cuando el hijo está a su vera todo se transfigura, se alegra y sale a la calle rompiendo incluso las murallas del olvido por aquellos que parecía que su vida no tenía sentido sin su mirada, y que ahora, andan buscándose así mismo en la más triste desgracia del hombre moderno.

Pero a Ella no le importa, todo sea por el Hijo que tanto ama y sin quererlo, cuando la luna besa sus mejillas que a la Plaza asoma, rompe incluso con ella, porque así como atraviesa el porche que por un día le da cobijo y que verdaderamente se vuelve la mas grande Catedral del amor y del cariño, donde las miradas hablan, en mayor o en menor número, así nuestra Madre atraviesa todo el sufrimiento y las inquietudes de nuestra vida.

Y por eso, porque la alegría del Hijo amado le supera no le importa salir a la calle como sea, tampoco le hace falta, todo suplemento en una Madre sobra, porque solo ELLA, solo ELLA, es la mejor expresión del Amor que al mismo Dios sorprendió cuando la creó de sus manos.

No es ni siquiera la toca, ni el manto de azul y plata, ni el altar andante que la soportaba... era ELLA. La misma Madre de Dios, anunciada por los profetas, inspiración y locura de los místicos, espejo de amor del mismo Dios hecho Hombre...

Que de alegría en su cara, parecía como si por unos momentos se reflejara en su sereno semblante el regocijo del Padre de la Parábola del Hijo Pródigo cuando recibió en sus brazos al hijo que tanto amaba en un encuentro de verdadera misericordia. Ni si quiera buscaba las cincuenta razones de su salir, ni las cincuenta intenciones que su hijo le aclamaba... tan solo buscaba una cosa, una petición en sus labios que se volvían a repetir en el mes que le canta y que ya fueron pronunciadas en Caná de Galilea: “Haced lo que Él os diga”.

Y su Hijo, cuando regresó de vuelta a su casa, con cara triste pero llena de gozo a la vez porque se había producido el milagro de la Nueva evangelización tan solo pronunció: “GRACIAS MADRE, PORQUE TU NO ME HAS ABANDONADO”.

Ángel P.

1 comentario:

manzanareño dijo...

que palabras mas bonitas, aunque se quedan cortas para la gran hermosura de la Señora de la Caridad, esa lagrima que cae con ese color especial , de verdad tengo los vellos de punta un saludo