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miércoles, 8 de abril de 2015

Revivir lo vivido...

Y...el tiempo parecerá detenerse, amanerarse, demorarse en ese anunciado desenlace ya cercano, posarse en la gracia de un palio que se aleja, aquietarse en la elegancia de una cofradía...que sabe y que huele a eso...a cofradía... y, antes que nos demos cuenta nos hallaremos ante la mas hermosa de las Soledades, otra de las Reinas de la ciudad, para guardar en ese valioso cofre que el cofrade recela en lo mas hondo de su alma las ultimas vivencias de una semana arrebatadora.
Cuando entre la virgen de la Soledad solo quedaremos nosotros, habrá que esperar otro año para vivir el milagro de la presencia viva de Dios y su Bendita Madre en las calles y plazas de nuestra ciudad. Nos quedara el recuerdo, porque -al igual que la energía- la Semana Santa no se pierde, solo se transforma, y nos queda con la apariencia de la nostalgia de lo vivido, con la hechura del repeluco al recordar aquel instante soñado y ya por siempre recordado, con la imagen de las evocaciones en la cabeza y el pellizco de la emoción en nuestro corazón...

martes, 31 de marzo de 2015

Martes de Dios

A los cofrades de viejos y rancios deleites nos invadirá un aluvión de reminiscencias a otros lugares, a otros tiempos, cuando vuelvan a sonar por el Carmen los compases, las notas suaves, dulces, que acariciaran el aire que antecede a Dios en su infinita Pena a lo largo de su amargo recorrido. Serán como clarines que harán salir al ruedo entrañable de la ciudad, no un toro fiero de bravura desmedida, trágico y negro de recuerdos, sino una placida e incomparable visión de una maestrante cofradía que parecerá atravesar el túnel del imparable y caprichoso tiempo...
Dispónganse, retiren los velos que tapizan sus mas florecientes sentidos y vivan, paladeen, sientan intensamente la presencia de Dios caminando por las calles de nuestra ciudad...

domingo, 29 de marzo de 2015

miércoles, 25 de marzo de 2015

Las horas aceleradas...

Cuando...poco más allá del mediodía del viernes de los sueños por estrenar, tintinee la “Salve Regina” en los adentros de Santiago, estaremos en el umbral, en el inicio del idilio con los sentidos, en el principio de compases de ensueño que nos pellizcaran en lo más profundo del alma, en el preámbulo arrebatador que a impulsos de airosas levantas pondrán en vilo nuestro corazón de emoción acelerado, en el génesis de la causa, de las raíces que emocionan a miles de lúcidos que han plasmado en este delirio su modo de vida...dará comienzo el fin de la añoranza, el hálito que da valor a los vestigios de los desánimos.
Empezaremos a vaciarnos el alma para volver a llenarla de ofrendas, de tribulaciones, de duquelas, de miserias; de ilusiones, de gozos, de consuelos, de motivos por los que rezarte, de causas por las que siempre tengo que quererte, de temples, de compases al son del tintineo de tus varales…y, es que, muy pronto, comenzaremos a sentirnos un poquito más felices, empezaremos a vivir en cofrade, de acompasadas maneras para pararnos, y sobre los pies en cada esquina Madre, rezarte…

martes, 24 de marzo de 2015

El tiempo...

Y…parece que ha llegado el tiempo…

El tiempo de los momentos de encuentro, de dialogo, donde las personas descubren el Misterio de un Dios que vive en medio de los hombres, que se hace visible desde la devoción a unas imágenes benditas y merced… al tiempo…

El tiempo en el que Dios vuelve para para hacerse Hombre una vez más y habitar entre nosotros e ir derramando su sangre por calles envueltas en cera y perfumadas por un olor especial, único, propio…el olor a Pasión. Cera, flor, incienso, bordados, terciopelos, maderas, acerados, fachadas!... todo emana la presencia divina de Dios.

El tiempo…esa sombra que Dios esculpe en las esquinas del atardecer para que descubramos la verdad, la evidencia de Sus cosas, nuestras cosas.

El tiempo…esa distancia que nos separa de las emociones, va pasando lentamente, como notas inacabables que a tus pies descansan, Padre Nazareno, y que se duermen al abrigo de una túnica aterciopelada  y al calor de tus faroles en la encendida tarde en que tu altar cuajado de plegarias y oraciones calladas se mece por las callejas que rodean la anhelada, cada naciente primavera, Plaza de Los Mercedarios.

El tiempo…ese camino que nos separa del gozo y la magia del instante fugaz, se queda enredado entre los arboles de este rincón sin igual, perfumando un sueño que cada domingo de su recién estrenada Pasión nos pone en vilo el corazón…el tiempo, ese tiempo de su esperada Pasión y que de entre las manos ya se nos está yendo.

El tiempo…nuestro tiempo...

jueves, 19 de marzo de 2015

Los días iluminados...

El cofrade tiene sus tiempos perfectamente organizados en las revoleras más hondas de su ser...su caligrafía de la ortodoxia, sus rincones del espíritu y de la materia, sus días vitales que siempre están más allá de cualquier razonamiento. Los que ignoran este, su código sentimental suelen también encontrar grandes dificultades para adentrarse en su estructura comunicativa. Resulta difícil captar la identidad popular, propia, única de este grupo de fieles, mas si cabe cuando se intenta arrinconar la raíz del rito, se intenta esconder la gracia del boato... Y…es que, para ellos, un rito es, todo lo que circunda sus realidades devocionales. Un rito es acudir cada viernes del año a la llamada del Señor y un rito es guardar silencio cuando de madrugada su cruz arrastra. Un rito es esperar a que aparezca Su figura encorvada en la ojiva de San Pedro enmarcada y un rito es contar los días de la larga espera al revés, hasta el domingo de su Pasión, prologo indiscutible de la Semana Santa.
Esta es la perspectiva cofrade no del tiempo como utilidad, sino del tiempo como milagro en que cada cosa se produce a la manera de un regalo de lo puramente suntuoso, la manifestación graciable del sentimiento de estar vivo. La ceremonia de la Gracia.
Ese domingo que anuncia la ya deseada y anhelada primavera es, para los cofrades, como esa gracia anunciadora de que ya estamos en la metafísica de la emoción. Y este anuncio es por tanto algo que se nos da, un don, un regalo que supone la superación del tiempo utilitario y cotidiano. Así, el Domingo de Pasión se entraña en nuestro ser, queriendo o sin querer, consciente o inconscientemente, con una fuerza ritual incambiable. Y además, sencillamente, como algo que llevara siglos circulando en la sangre de las cosas, porque sí. Por eso no hay calendario capaz de explicarlo ni de modificarlo.
Y cuando baja de su altar el Nazareno, en la hora, en el día exacto en que el jueves empieza a tornarse de morado, la ciudad, sus cofrades, saben que hemos entrado ya en el surtidor de sus días iluminados.

lunes, 16 de marzo de 2015

Donde habita el Amor...

Contados son los acontecimientos que se revisten de una cariñosa sencillez, y pocos, muy pocos como los que tienen lugar en el modesto ámbito que se matiza al entrar en el exquisito y recoleto hogar donde habita el Amor, despertado de su sueño de eternidad. Hoy la luz plomiza tenía una cita con la historia para vestirse de suave y temblorosa caricia, de tierno y delicado beso, de sublime y cercana presencia. El delicado parpadeo de las miradas enclaustradas tras la celosía de la devoción honda, escondida, y las músicas que navegan en el aire añejo que envuelve al vetusto templo empiezan a arrullar a Dios, entre sueños y fervores desvelados. Y esa atmósfera cálida, que aferra fervores en los rincones del sagrado oratorio, corazón vivo de los Remedios, se va dulcificando con las huellas de los siglos que viven dentro de los muros de la balsámica ermita, retiro con olor a  otros tiempos. Bien se sabe que el barrio, sus convecinos, sus hogares, perduran al resguardo de la raigambre de una rancia iglesia, los vestigios esculpidos en las piedras y en sus recovecos, acentuados por reminiscencias rociadas de tradiciones de incomparables y ya gastados tiempos.
Y… es que, si simple es el espacio que se esboza dentro de este sin par universo de ascetismo y oración callada al amparo del Amor de nuestros sueños y desvelos, exageradamente más claro debería ser sentir esas señales que a menudo nos revela - eternamente a su modo -, ese Dios al que malamente requerimos y muy raramente oramos,  pero que siempre está ahí. El Amor, que alivia nuestras aflicciones en los Remedios, -el que resguarda los ensueños, nuestros sueños-, arrulla todos los días del año nuestras penas, nuestras amargas duquelas, abrigándonos en esa imagen de gubias celestiales y relentes que azotan su destino,… y Él es el único que puede intensificar el sendero de nuestra fe, la verdad de nuestra devoción.
Como se puede apreciar  existe todo un universo de simples e indescifrables contrastes, sin más… Diferencias al fin y al cabo. Y cuando las horas vuelen, los días corran y los meses se sucedan vestidos de desidias, volveremos la mirada sobre nuestros hombros y añoraremos ese ocaso melancólico de un día pleno de Amor en la atmósfera
de una ermita abrumada de suplicas, de rezos, de ruegos callados… en el que un Hombre, de Amor dormido –descendido de una Cruz gastada de Amor, con sabor a pureza y oración-, expira para transmitirnos que su magnificencia se encierra en el cielo callado de sus manos llagadas por el golpe de unos clavos de pasión y en la caricia suave de un sudario, lienzo en blanco por escribir…en la súplica tierna de una multitud que en incontables veces camina dándole la espalda…y en una plaza, con autentico pasado que hunde sus recuerdos hasta las mismas entrañas de una ciudad que de nada se apiada… y, es que al llegar en esa mañana soñada, con las puertas de la ermita abiertas de par en par proclamando la luz y la grandeza del Amor de Dios, ese Hombre, consolado de besos, arrullado de caricias, sostenido de suplicas, envuelto en sudario de fervor, dejó escapar más de una inmaculada lágrima al saberse transmisor de un legado de amor y oración como meta de nuestros sueños, como entrada al soñado reino de Dios, a través de los cielos de los Remedios, donde habita el Amor.