Se perfila en el alma una congoja universal, una invisible espada nueva que hiere en lo mas hondo. Y brota en mi vivencia cofrade de aprendiz de cristiano, una herida que el viento hace espina en tu frente clavada.
Te veo ahí, tan cerca, tan indefenso, te miro solamente y tu estatura de cielo a punto de caer en tierra como un secreto bálsamo, luz demasiado viva esta brindando a mi ojo mortal.
Hermanos, ayudadme. ¿Acaso no estáis viendo todo un mundo quebrándose en sus ojos? Ese cuerpo fundido en las tinieblas del incienso, buscando un asidero de infinita hermosura, agua de vida eterna que fluye de su sangre con mística violencia, la Pena traspasando nuestra insensata historia, carne y sangre vencida, un parto de agonía, una patena irresistible donde brota el espíritu, donde despierta una ciudad dormida en la confluencia de los siglos...
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