Estos conforman el rincón más íntimo de nuestra biografía, ese que no compartimos con nadie por miedo a que nos traicione, y como el mejor escondrijo de nuestra infancia, pocos pueden penetrar en el a menos que un fanal de confianza rompa la oscuridad del tiempo.
Cada uno lo ordena, lo adereza, lo hermosea como buenamente puede, o como buenamente quiere.
Si me acompañáis a mi escondite, os pediría que lo hicierais con la luz tenue de la tarde; al fondo, tras el altar de su casa, casi en la última ventana en el centro iluminada podréis ver, amarrado a una campanilla plateada, el nombre de una de las devociones que cobijan mis miedos, mis añoranzas y mis mas intimas suplicas y peticiones.
En estos días me vais a permitir que os hable de ella…
No hay comentarios:
Publicar un comentario