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miércoles, 30 de enero de 2013

Esencias de un Viernes en sus Dolores

En el ocaso de la tarde de un Viernes en sus Dolores, cuando ya los pajarillos se han empezado a cobijar en los arboles de calle Ángel y en los de la plaza donde Madre Ángelita vigila y cuida nuestros quehaceres diarios, el sosegado y colorista cortejo de nazarenos añil y albo de la Dolorosa de Santiago pasa por la sede del Instituto de la Cruz, las hermanas contemplan el altar de ensueño de la Dolorosa y le cantan su particular oración  en forma de voces angelicales y entonando las notas como verdaderas y sentidas oraciones que sin duda la Señora debe oír  o ¿no habéis notado como sus escondidos ojos se entreabren aun mas cuando oye las oraciones de las hermanas desde su zaguán? Este Viernes de Dolores fijaros como lo que os digo es verdad. Ellas que son mujeres de obras y acciones creen firmemente en el Dolor del alma, que forma parte consustancial con el espíritu y la esencia del hombre. Después cuando la presencia encantadora de Nuestra Señora de los Dolores que es luminoso faro y camino llano para que sus hijas puedan llegar a la altura de Cristo, y consoladora de esas mujeres que encerradas en las clausuras, reciben cada año la visita del rayo de sol de su gracia y la suave caricia de su Dolor... Y nosotros nos despedimos melancólicamente de un Viernes de Dolores más en la incomparable plaza de Santiago numero 2, allí en una reluciente noche de Cuaresma aun,cuando ha pasado el ultimo músico y resistiéndonos al ver la cruda realidad del final, recordamos el epitafio que hace ya muchos años leímos:

Cuanto he ganado
otro tanto he perdido.
Cuanto poseía
otros lo poseen ahora.
Lo que en caridad he gastado
es lo único que me pertenece...
todavía.

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