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lunes, 7 de enero de 2013

50 años de entrega

Nuestra ciudad buscando así las imágenes de su propia visión del mundo. Nuestra ciudad intentando encontrarse así  en medio de la calle, con la grandeza material y espiritual de la vida. Nuestra ciudad inventando así un universo donde instalar el Rostro del Hijo del Hombre hecho a la medida de nuestra forma de sentir, la imagen de Cristo a semejanza nuestra. Nuestra ciudad, entre la plegaria que huye como columna de aire, y el acontecimiento poético que provocan, paso a paso, día a día  miles de pares de ojos asombrados por descargas de gracia y pasmos de maravilla.
Entonces se ilumina de verdad esa emoción sin nombre escondida en cada cofrade, y el espacio y el tiempo se llenan de signos, de señales, de mensajes, y no existe el vacío  y por el quinto agujero de la multitud a la salida de la universidad, apenas entrevista la candeleria, uno comprende para siempre la dimensión mas honda de la parábola estelar de la ciudad, Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre.
Ciudad Real impone así, sin lógica posible, ese ritual de fiesta inolvidable, de cincuenta años de esa liturgia liberadora del Hijo de Dios vivo, Hijo del Hombre, Hijo de Ciudad Real, entregado a su pueblo.

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