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lunes, 7 de febrero de 2011

Amor, pero de verdad...

Con el respeto debido, no quisiera que esta entrada se tome por otra de las muchas que hay por ahí congratulándose por lo que supone para el colectivo de costaleros en particular y para la Semana Santa en general, volver a sentir esa brisa de calor humano que la parihuela del Descendimiento ha esparcido por la ciudad este fin de semana pasado; es más, no me gustaría se le diera el apelativo de oportunista, porque me engancho al carro de la euforia aprovechando que un paso que jamas debería haber aplastado sus trabajaderas contra unas frías ruedas, ha conseguido vencer ese indeseable fantasma de la tracción mecánica e inhumana.
Mi entrada va por ustedes, los cofrades de verdad, los que con el corazón habéis luchado por este proyecto, los que habéis hecho realidad vuestro sueño, el sueño de muchos, ¡pero ojo! no os dejéis engañar, porque muchos de los que os darán estos días palmaditas se volverán maldiciendo que ese Misterio, el Misterio de Ciudad Real vuelva a pasearse a golpe de corazón costalero. Yo, a pesar de los pesares, hoy se me desclavado otra de las espinitas que esa hermandad dejó clavadas en mi corazón, aun me quedan muchas, pero confío que con el tiempo y la buena voluntad de la gente se irán desclavando poco a poco, como esos costeros a tierra que en ningún lugar resuenan igual como en la embocadura de las puertas de la Capilla de los Remedios.

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