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martes, 13 de julio de 2010

Somos cofrades


Cuántas veces nos hemos preguntado: ¿Por qué soy cofrade? Seguramente, cada uno de los que estamos por aquí daríamos una respuesta diferente. 
¿Verdad que podemos acordarnos con claridad, como si fuera hoy, de la primera vez que vimos una Cofradía en la calle? ¡Que tendría aquello que se nos metió entre las venas, y nos hizo vibrar con fuerza, y nos llevó a obligar a nuestros padres, porque éramos aún pequeños, a que al día siguiente estuviéramos los primeros para ver la procesión!
¡Qué tendría aquello que nos mantuvo uno y otro día tarareando las marchas procesionales, en Navidad y en Verano, o que nos llevó a dibujar capirotitos en las esquinas de los cuadernos! Qué tendría aquello que nos hizo gritar por dentro: ¡Yo quiero ser uno de esos!
Probablemente, no caímos en la cuenta de lo que significaba aquel cortejo en la calle. Nadie nos había dado una catequesis sobre lo que significaba ser cofrade, pero aquel desfile nos atrajo hacia sí con la fuerza de un imán y así, sin pensarlo demasiado, nos hicimos cofrades y decidimos acompañar a nuestro Santo Patrón en unos casos, a Nuestra Señora María Santísima en otros, al Santísimo Sacramento o, revestirnos nuestra túnica penitencial.
Y ahora, en la mayoría de los casos, vemos cómo nuestra familia siente con nosotros la Cofradía y nos apoya, aunque siempre habrá alguno que diga: “y qué remedio me queda”. Por eso hemos de hermanarnos hoy aquí,  para estar entre cofrades, en Hermandad, viviendo los acontecimientos que se acercan con los nervios de unos novios el día de su boda, preocupados de que nada falle, ni el tiempo, ni las flores, ni los músicos, ni los cofrades.
La verdad es que hay muchos que no sabrían explicar por qué son cofrades. Sin embargo, desean serlo con todas sus fuerzas y emplean en ello un tiempo que jamás hubieran creído que tenían y, menos aún, que lo regalarían tan generosamente a los demás. Así, los que llevan muchos años recorriendo caminos cofrades descubren a lo largo de las décadas que cada vez son más las razones que les empujan a pertenecer a la Cofradía.
Sí, son muchos los que nos acusan a los cofrades de protagonizar un Cristianismo de baja intensidad, exterior y formal, quizá porque creen, erróneamente, que nuestra práctica cristiana se limita a nuestra participación en las procesiones.
En resumen, creo que ser Cofrade Hoy significa mucho. Desde luego, ser cofrade hoy significa hablar con los gestos y los símbolos del Amor de Dios, significa poner las ciudades “patas arriba” y hacer que tantos y tantos que quieren probar a vivir como si Dios no existiera se encuentren conmovidos ante el Dios que nos ama, porque es el Amor mismo.

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