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jueves, 22 de julio de 2010

Barrio de Santiago...

No es Jueves Santo, no son las horas de escuchar un tintineo de repiqueteo de flecos sobre varales al compás de una marcha, son las horas, los días de otra de nuestras más rancias glorias. Entrando a su plaza por calle Norte, donde siempre ha estado y estará la carpintería del maestro Palencia, encontramos abierta la puerta hacia el cielo, al acercarnos a su zaguán nos invade un olor a gloria, ¿que cual es ese olor?, el que desprende cada hermanita de la Cruz en su divino y sufriente vivir de cada día. Desde la Catedral llega el sonido de la hora en esta mañana de verano. Del frescor antiguo de velas y pilistras en patios recién jarbegados poco o nada queda, solo algún que otro corro de sillas a la puerta de alguna vieja casa en noche calurosa de verano, en la que las vecinas refrescaban sus avatares del día vivido. Me invade un silencio diferente a aquel que atraviesa tus calles en madrugada de Jueves Santo, arropado por túnicas franciscanas, el silencio de las tiendecitas de barrio, que el tiempo y otras cosas se las han llevado para siempre y con ellas la reunión y autentica unión entre las gentes de la calle y el tendero de turno. Hoy empieza tu fiesta, tus cultos y con ellos otra de las glorias con más arraigo y fervor de la ciudad.

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