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jueves, 17 de junio de 2010

Sevilla...

Mis visitas a la tierra de María Santisíma siempre me han evocado reflexiones, meditaciones que casi siempre se han perdido en  mi interior sabedor que el exponerlas en esta tierra de todopoderosos mandamases que rinden culto a un jefe amenazante y dictador no valdrían sino para agudizar sus maltrechas y nulas personalidades, pero esta vez es diferente, contemplando el azulejo de la foto he comprendido lo que su gente, la gente de la Semana Santa supone para todos y cada uno de los sevillanos amantes de este loco y apasionante mundo de las cofradias. Ya se que aquí los únicos que se autogalardonan y se autoalaban son los mandamases y sus jefes, dandose besos de Judas en actos sin sentido donde corren las metopas, pergaminos y estatuillas como si de cromos de Heidi adquiridos a euro el montón se tratasen, también algunos que se dan en llamar cofrades montan pseudotertulias en las que entregan trofeos en unas olimpiadas del peloteo a los que tienen la sarten por el mango buscando algún que otro trato de favor en detrimento siempre de alguna cofradia que para mal o para bien nos molesta en nuestra meteorica carrera de las cofradias. Los que de una manera u otra se han dejado media vida bajo los pasos, han hipotecado sus vidas en el más amplio sentido de la expresión en favor de algún proyecto ilusionante, han derramado sangre, sudor y lagrimas para que gracias a  ellos hoy podamos disfrutar todos del costal, la trabajadera y el martillo tal y como lo conocemos hoy, todos ellos se encuentran olvidados en el mejor de los casos o calumniados sin piedad por aquellos que se creen en posesión de la verdad solo por vestir elegantes una vez al año y reirle las gracias al politico de turno que no sabe ni que imagén preside la procesión que tiene la desgracia de aguantar durante 4 horas.
Por eso bendita Tú Sevilla que enalteces y recuerdas a los que dieron su vida por tu Semana Santa y  dichosa Tú,  que mantendrás siempre esa personalidad única y a imitar.

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