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viernes, 28 de noviembre de 2014

Su continua presencia


Y es que, los que creemos, en Adviento aguardamos esperanzados… en Navidad proclamamos la llegada del mejor de los nacidos… en Cuaresma, llamados a la conversión, nos postramos ante su altar… y en Semana Santa… en Semana Santa nos emocionamos con solo percibir la fragancia que nos llega desde cualquier templo de la ciudad… nos estremecemos ante el rumor de penitencias, que en forma de cadenas se arrastran y cumplen promesas… nos conmovemos ante una vuelta perfecta, palio repleto de soledades a los sones de marchas rancias, conjunción perfecta… nos apenamos porque Jesús siempre muere, cada Viernes Santo, camino de su Catedral esperando una piedad que nunca le entregamos … nos apasionamos con el rachear de un compás que nos lleva a la gloria, bendita forma de rezar… nos embriagamos del olor a santidad que inunda la escena, un manojo de paños de pureza, frescas flores de azahar, rezando, portezuelas abiertas de par en par a una plaza repleta de la gracia de una Madre, perchelera, no digo más… palpitamos como un solo corazón, penando por no ser cireneo que lleve su pesada cruz, camino del convento que lo recibe en soñada clausura que se resiste a abandonar… en definitiva, sentimos, tocamos, respiramos, aspiramos hasta lo más hondo de nuestro ser las creencias que durante todo un año flotan en nuestro aire, en nuestro ambiente… nos alimentamos con la raíces que desde tiempos inmemoriales nos demuestran que Dios existe y que cada año por primavera se pasea por nuestras calles acompañado de su Madre.

1 comentario:

PEPE LASALA dijo...

El texto es un lujo Mada, pero esa foto es espectacular, digna de un gran cartel. Enhorabuena. Un fuerte abrazo y buen fin de semana amigo.
@Pepe_Lasala