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jueves, 25 de septiembre de 2014

Imaginando

Constantemente he ansiado vislumbrar como seria este mismo día en el umbral del inicio de los años 70, hace 46 años ya. Nadie puede hacérmelo revivir ya; continuamente echo de menos el no haber tenido más confidencias con ella al calor de un brasero y resguardados por unas faldillas que cada invierno se estrenaban para vestir la añeja mesa camilla. Monólogos con recuerdos a barrio, a casa de portal alicatado, patio fresco abarrotado de macetas y corral de juegos infantiles donde se amontonaban bicicletas, balones, monopatines…memorias empapadas de un intenso efluvio a cariño y nostalgia por lo vivido, y en las que se dejaba presentir que cualquier tiempo pasado fue mejor, siempre a su celoso y cariñoso cuidado.
Se me antoja aquel día como una jornada en la que todo transcurría como era su costumbre, las primeras atenciones siempre para Ella, retengo en mi memoria como si fuera hoy una imagen de la Virgen del Carmen ocupando un lugar preferente sobre la “cómoda” de su dormitorio, oratorio domestico y diario de una ferviente y abnegada devota de María. Puedo imaginar hacia quienes irían dirigidas sus peticiones, siempre los demás en primer lugar y después si había tiempo ella. Mientras sus rodillas se despegaban de la particular y humilde capilla el olor a café recién molido, comprado semanalmente “en ca Barrenengoa” colmaba toda la casa, aun hoy el aroma al paso por su tienda que resiste a los tiempos me transporta a mi niñez, y con un vaso de cristal en una mano dándole de vez en cuando un sorbo, y una regadera de un descolorido y gastado ya plástico verde en la otra refrescaba los cientos de macetas que llenaban de alegría y color su precioso y cuidado patio, a estas alturas del día yo ya empezaba a acelerar su tranquilo y sosegado  pulso.
Aun así no tuvo prisa, ni mis repentinas impaciencias por venir a este valle de lágrimas le impidieron terminar sus diarias y ya medidas y acostumbradas  tareas, ya era el sexto alumbramiento al que se enfrentaba y como siempre solía decir: “que sea lo que Dios quiera”, y fue lo que Él quiso. Un último beso al Santo Escapulario del Carmen, su rosario, que aun conservo, entre las manos, un último vistazo comprobando que todo estaba dispuesto para su marcha y a las pocas horas… Y aquí estoy imaginando como seria aquel veinticinco de septiembre de 1968.
Nunca sabré si realmente fue así o de otra manera, lo único que puedo asegurar es que en el poco tiempo que me acuno  dejo envuelto mi corazón de amor, cariño, recuerdos y fervor. Me enseño que la vida es otra cosa diferente a lo que hoy veo… ayuda al vecino de al lado desterrando envidias y malos actos, respeto por el mayor, amor y querer de verdad, no por imposición, querer a la Virgen sea cual sea su advocación.
 Me enseñó, nos enseñó, que a Dios no se le ve: a Dios se le vive. Se le vive en cosas tan simples como puede ser montar con esmero el Belén el día de la Inmaculada, en cosas tan necesarias como agradecer a Dios la comida diaria.
Por eso hoy te siento junto a mí y reconozco tu voz y huelo tu olor de rosas. Percibo que me acarician tus delicadas manos, al igual que  cuando sólo era un chiquillo, colocándome el roquete, vistiéndome para el Carmen  de monaguillo. Te recuerdo como eras, pero ahora te echo en falta. Echo en falta tus caricias, echo de menos tus besos, echo en falta tu sonrisa y acurrucarme en tu pecho. Me falta tu compañía y me faltan tus consejos. Hoy te extraño especialmente, tu presencia madre hoy anhelo.

1 comentario:

PEPE LASALA dijo...

Hoy me has puesto el nudo en la garganta amigo, hoy me has hecho vibrar, hoy me has provocado un sentimiento especial de hijo. Un abrazo enorme.