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viernes, 3 de febrero de 2012

Sentidas tradiciones...

Desde los ojos de la tradición, de nuestras raíces, la visión del mundo produce un extraño aturdimiento, como un agolparse dentro del ciudadrealeño imágenes vividas en otras muchas celebraciones y tradiciones de su historia; se acumulan dentro, iluminando con su abundancia sentimental los vacíos de la existencia, llenando de verdad y de verdades el instante que parece detenerse en aquel gesto de infancia tal vez, o en aquel otro recordando de pronto, hombre ya,  con la ausencia forzosa  de los seres que amamos, el padre y la madre que lo llevaron a uno de la mano en aquel primer año de salida, la vida misma recortándose a contraluz en el Santo de nuestras más enraizadas creencias, San Blas, que abre su sombra en piedras de iglesia grandiosa abrazándolo todo, asumiendo todas las caras inocentes e infantiles reflejadas en su rostro. Allí, en la mirada perdida de sus ojos van perdiéndose también sombras amadas y recuerdos, sentimientos, emociones que volverán a encontrarse definitivamente (así lo confesamos y así lo deseamos) en la Casa del Padre, Casa de todos, eternidad de eternidades que en esa imagen de Santo de tierna y querida tradición parece culminar, para siempre, nuestra historia y nuestro cielo.

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