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domingo, 31 de enero de 2010

Cuaresma de Misericordia...


Ha comenzado oficialmente la cuaresma, si ya sé que quedan más o menos 15 días para que en el íntimo acto de imposición de la ceniza nos marquen  en la frente esa cruz tan odiada y repudiada por algunos y que es el símbolo de nuestra fe, pero para los cofrades, el acto de exaltación de los XXV años de la Misericordia fue el  martillazo para que se levante una nueva cuaresma. Acordes de bandas en las calles, olor a incienso en los aledaños del teatro, medios de comunicación y los cofrades en masa, deseosos de oír lo que nos gusta, la palabra hecha verso, nuestras imágenes sagradas exaltadas como debe de ser, por la gente que se ha dejado en ellas media vida, quien puede expresar mejor los sentimientos hacia una cofradía que quien la ha sentido, llorado y vivido desde dentro, desde debajo de ese manto de amor que cobija a todos los que día tras día nos levantamos y decimos: “gracias Madre Mía, gracias Padre Mío por regalarme un nuevo día”. A partir de hoy comienzan las ilusiones de los niños que con un cartel  juegan y montan su particular y entrañable estación de penitencia, hoy por lo menos para mí y para mi hogar, la hermandad de la Santísima Virgen de la Misericordia, esa niña guapa de San Pedro, esa carita que recuerda tímidamente a la que tras un arco y escoltada por una centuria es la Madre de los sevillanos y de los que no lo son, ha traído la nueva y esperanzadora cuaresma de 2010.

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