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sábado, 10 de octubre de 2009

La Madre



Cobijarse en la Madre de Dios, que es también dulce Madre nuestra, es un recurso infalible de Esperanza. Ella, que acompañó a Jesucristo desde su nacimiento en Belén hasta su calvario en Jesusalem, supo estar erguida a los pies de la cruz cuando los discípulos huyeron. También sabrá acompañarnos durante toda nuestra vida si pedimos su intercesión. La Virgen siempre ha sido paciente mediadora, y algún día espero reunirme con Ella. Cuando la encuentre, allí estarán mis dos Madres. Así lo imaginaba el niño que fui con seis años. Ahora, casi cuarenta años después, pienso exactamente lo mismo.

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