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martes, 6 de mayo de 2014

Toda una eternidad

Porque nuestra Semana Santa no es un relato de gradas deslucidas, cortejos calamitosos, tiempos de paso, nazarenos capturados en teléfonos móviles en conductas inconvenientes, discusiones entre hermanos y cofrades, marchas que son sinfonía pura de acordes lanzados al aire de una ciudad azul de Dios, la chicota de un Misterio antes de recogerse... No. Nuestra Semana Santa es esto. Un momento eterno. Como todo lo hondo. Porque la hondura es ir más allá de las cosas. Imponerse a las negruras que llevamos dentro. Rezar en rumor apagado, sin pretender nunca ser oídos, sino solo escucharnos, y cuando la dulzura y el Dolor de la Madre de todo un barrio se filtra por la puerta de la clausura al anochecer de su noche única y se pone al lado de sus gruesos hábitos pardos para dejarse apagar el ascua de luz de su candeleria encendida de fervores y plegarias, con ese hálito de pureza que tienen sus cantos de melodía dulce y celestial… es ahí donde se vive, se siente y se palpa la verdad de la más pura de nuestras devociones, nuestra Semana Santa.

1 comentario:

PEPE LASALA dijo...

Totalmente de acuerdo amigo, así siente un cofrade de corazón. Un abrazo.