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viernes, 25 de septiembre de 2009

La primera cruz de guia.....(a mis dos retoños cofrades)



Como una marea creciente, como una riada que empujase hasta nosotros, en aluvión, los menudos nazarenos, nos dispusimos tu y yo a compartir ( ya era Viernes Santo) el privilegio insólito de la primera cruz de guía de tu vida.
Tus ojos (solo tenias unos meses) intentaban abarcar todo el jubilo desbordado que provenía de los Remedios y que acrecentaba el tuyo. Sobre la escasa altura de aquella algarabía de los primeros nazarenos se podía divisar, difusamente, la Cruz con su blanco Sudario que los apremiaba.
Para buscarte, solo para buscarte, el Paso cruzo la plaza del Santísimo Cristo del Amor, en cuyo final nos encontrábamos. Tan increíblemente fugaz, que apenas lo tocaron, entre las sombras de las fachadas, las espadas de sol que asomaban por las bocacalles…
Tu naricilla espeso en medio de un botín de caramelos, el humo dulzón de las dalmáticas. Neblina de incienso que fue la ultima barrera vencida por aquella mole de oro y suaves acuarelas rojas y moradas, antes de que te apropiaras de ellas… Así llego el Misterio hasta nosotros, cobijándonos bajo el oasis de Amor de su Titular.
Diré que no te asusto el vigoroso embate al aire de las cornetas y tambores, cólera batiente que parecía desprenderse a jirones del soberbio canasto. Pero preferiste entregarte (amorosamente) a los humildes sonidos que circulaban entre los faroles, al clamor de Amor tallado en los labios quietos de las imágenes, a la sonrisa de los niños nazarenos al verte brazos en alto con tu vara rematada con su cruz de madera y su blanco sudario.
Diré que no fue extraño que tus ojos alucinados se quisieran desasir de mi, increíblemente abiertos, perdidos en ese panorama de infantiles sorpresas, era tu prematura iniciación a esta fiesta. Ignorabas ¡ claro, nunca las habías vivido, que pudieran hacerse tan reales aquellas imágenes que ya te habían hipnotizado en los videos de casa, que pudieran tocarse con las manos, sumergirte en su colorido.
Y en ese descubrimiento tuyo comprendí que también ha de ser así, la misma reacción de asombro, lo que sintamos nosotros cuando como tu, Andrea, Jose Carlos, comprobemos, pero ya al terminar nuestras vidas, que tampoco era una ficción soñada nuestra Semana Santa. Que este Evangelio hermosamente proclamado cada año es el anuncio cierto de una futura realidad tangible que ya conocen quienes nos precedieron.
Lo proclama esta parábola de fe, esta plenitud de gozo, este mensaje que nos alumbra, este Amor sin trabas que quiere abrazarnos durante siete días para traer su Gloria a nuestras manos. La fiesta de una promesa. La esperanza de una eternidad. Me lo desvelaron tus ojos ante el primer Paso de tu vida.
Cuanta grandiosidad en idioma tan sencillo. Esta es la confesión que pretendo repetir hoy públicamente. La que repetimos en nuestra intimidad, impacientes, tantos manchegos, tu también muy pronto, llegado el final de este tiempo, dentro de unos meses… cuando esa Cruz, ese Sudario, esos niños de primer tramo, y esas dulces lágrimas de Quinta Angustia nos vuelvan a hacer verdad, ¡ en el único pregón que importa, el que cada uno se escucha dentro de si mismo al rezar!

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